Nightcrawler de James Newton Howard. Por Christian Aguilera.

NIGHTCRAWLER (2014)                                                        
James Newton Howard

Lakeshore Records LKS 344222, 2014.
Duración: 51: 04.
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Ante la disyuntiva de utilizar canciones para alfombrar la banda sonora de Nightcrawler (2014) o emplear música creada ex profeso para las imágenes, el debutante en la dirección Dan Gilroy optaría por la segunda opción, guiado presumiblemente por los consejos de su hermano Tony Gilroy, a la sazón productor del film. El mayor de los Gilroy ya había colaborado con James Newton Howard en Michael Clayton (2007) y Duplicity (2009), y tuvo plena confianza que el músico angelino resolvería con maestría una composición como la de Nightcrawler, fijada sobre su propio territorio. A las primeras de cambio, Newton Howard trataría de conferir al score una especie de noción de “tiempo suspendido” en ese Los Angeles con el traje de noche, de viaje en espiral de un personaje, Lou Bloom (Jake Gyllenhaal), parapetado en un universo donde da rienda suelta a sus fantasías, las que guardan estrecha relación con el carácter propio de un sociópata dispuesto a progresar en su empresa sin reparar en “daños colaterales”, inclusive los que atañen a la muerte de su “socio”, Rick (Riz Ahmed). Así, Nightcrawler toma distancia frente a Drive (2011) —un título con el que se le ha comparado desde su estreno en la cartelera USA en el otoño de 2014— en virtud de ir tejiendo una banda sonora que gana en matices, por momentos equivalentes a algunas resoluciones que hubiera podido adoptar Thomas Newman, en concreto el empleo de las maderas y de los instrumentos de viento se aúnan para crear una pequeña sinfonía que ahonda en la vertiente inocente de Lou, ofreciendo de esta forma una dimensión más humana del personaje. Similar a la que Newton Howard quiere repercutir sobre Rick una vez ha sido acribillado a balazos por un malhechor malherido, que sale por su propio pie de un vehículo volcado en medio del arcén y camina sin una dirección concreta cuál zombie. Entonces, la música alcanza un tono celestial a través de unos coros que nos hablan de la bondad y el carácter inocente de un personaje, el de Rick, que en realidad ha caído en la “trampa” tendida por su partner Lou, transfigurado en un auténtico sociópata.
Conociendo de antemano la forma de operar de Tony Gilroy y de otro de los hermanos del “clan”, el montador John Gilroy, a buen seguro James Newton Howard se sentiría cómodo en el desarrollo creativo de una partitura que se mueve por los raíles de un sonido electroacústico con pinceladas de guitarra eléctrica para la construcción de esos temas que remiten a horarios nocturnos y a la soledad que imprime carácter en la ciudad de Los Angeles. En ese rastreo por sonoridades electroacústicas podemos captar de manera intermitente un leitmotiv con construcciones melódicas llamadas a dar relieve humano a un “depredador” de la noche, que con la cámara de vídeo registrando imágenes impactantes parece sentirse un Dios. La exquisita técnica aplicada por Newton Howard a ese andamiaje confeccionado al sintetizador refuerza si cabe aún más su capacidad para sortear ciertos clichés, a la búsqueda y captura de un sonido propio, desnudado de la magnificencia y del sesgo épico que había mostrado en otro de sus scores, Grand Canyon (el alma de la ciudad) (1991), con un relato igualmente ubicado en la ciudad más poblada de California y sostenido sobre personajes ahogados por un sentimiento de soledad y desamparo.•

Christian Aguilera

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