Mujer sin pasado.

En 1964 Ronald Neame dirigió a Deborah Kerr en esta cinta británica, que resultó ser una de las más ricas, y una pequeña joya, dentro de la irregular trayectoria profesional de este director. Entre su filmografía destacaremos  La aventura del Poseidón (1972) y Odessa (1974). Como digo, la película fue interpretada por Deborah Kerr, realizando uno de sus mejores papeles para el cine, acompañada de Hayley Mills (Tú a Boston y yo a California 1961) y sobre todo por Edith Evans, la cual bordó su papel, incluso recibiendo una nominación  al Oscar como actriz secundaria. Con un guión bien construido por parte de John Michael Hayes, basado en una obra de Enid Bagnold y una puesta en escena admirable. El film cuenta la historia de una joven rebelde, cuya abuela intentar encauzar sus pasos, intentando contratar a una institutriz que la lleve por buen camino. Ninguna dura más de unos días, hasta que dan con el personaje interpretado por Keer. Esta encarrilará la vida de la joven a costa de que salga a la luz su oscuro pasado. Sin duda uno de los aspectos que influyen de manera positiva en el devenir de la historia es el musical, obra de Sir Malcolm Arnold.

Nacido en 1921 y fallecido en 2006, Arnold es uno de los compositores británicos más influyentes e importantes del siglo XX. En sus comienzos se dedicó a la interpretación de la trompeta, para a posteriori volcar todos sus esfuerzos en la composición musical, ya fuera para el cine o para las salas de concierto. Entre sus más de 500 obras destacaremos en el cine, El déspota (1953) , El albergue de la sexta felicidad (1958) o sobre todo  El puente sobre el Río Kwai (1957), por la cual ganó el Oscar en 1957. Dentro de su importante carrera concertista hay que alabar sus nueve sinfonías al igual que sus numerosas obras de cámara.

Para esa ocasión el compositor creó una partitura bellísima donde sobresale un tema elegante y delicado, para el personaje de la institutriz, que se utilizará a lo largo del film como leitmotiv. Un tema este, de bellas hechuras al más puro estilo clásico.

Arnold compuso otros temas de contenido más dramático y a veces de intriga, que hacen referencia al sospechoso pasado que esconde la mujer, todos ellos magníficamente orquestados y que ayudan a la narración sobremanera. Otros de corte más alegres que reflejan el cambio tan positivo que causa en la adolescente la influencia de esta misteriosa mujer. Pero sobre todo, lo que más destaca es su impresionante tema central, dedicado a la personalidad de enorme clase y elegancia que desprende el personaje de Keer, un tema muy logrado por el compositor que hace de su escucha una delicia, dignificando el personaje de la institutriz y ayudando a mejorar la cinta aun más si cabe.

Una obra mayúscula de este autor británico que por desgracia se mantiene en el olvido aun siendo una auténtica joya musical. Digo que se mantiene en el olvido porque es una partitura que ha pasado desapercibida por parte de la crítica, que no la ha sabido apreciar como debía, y también porque a día de hoy tampoco existe una edición discográfica que la saque del injusto olvido en la que se encuentra inmersa.

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