Jesús García Leoz: ¡Bienvenido, Míster Marshall!.

Estamos aquí ante una de las grandes obras maestras del cine español. Dirigida en 1953 por el valenciano Luis García Berlanga, que firmaba también el guión, conjuntamente con Juan Antonio Bardem y Miguel Mihura. Con semejantes nombres de tan hondo calado dentro de nuestra cinematografía no podía más que salir algo realmente genial, que fue lo que pasó. Si encima le unes nombres en su reparto como el del gran Pepe Isbert, Manolo Morán y, entre muchos otros, la voz del narrador, que no es otro que Fernando Rey, la cinta sube todavía más si cabe en calidad. Como digo, está tremendamente bien dirigida y cuenta con un guión que retrata, a modo de comedia, los pesares de la vida, en aquellos pequeños pueblos de la geografía nacional de los años 50. Todo ello aderezado por un toque cómico soberbio que aún a día de hoy nos encandila y deja fascinados. Escenas memorables que han quedado grabadas en nuestro cerebro, como las del discurso del alcalde o la magnífica escena de los sueños.

La película cuenta la historia de la vida en un pueblo llamado Villar del Río, que en realidad no existe, y el cambio que sufre ante la llegada de una delegación americana, que se supone va a traer prosperidad al pueblo y a toda España, con el llamado plan Marshall (ideado para ayudar a los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial). Reflejando con detalle la personalidad de algunos de sus vecinos, como el alcalde.

El film incrementa su calidad gracias a su música, ya sea por las canciones, quien no recuerda la de “Americanos”, o por la impresionante partitura escrita por el maestro Jesús García Leoz.

Empecemos hablando de las canciones. Como digo sin duda la más recordada es la que componen  los lugareños para la llegada de los americanos y su recibimiento. Una canción que van escribiendo poco a poco y añadiéndole letra a medida que avanza la historia, encontrando su punto culminante con la interpretación de la misma por parte del todo el pueblo, cuando creen que llegan los esperados visitantes. Esta fue compuesta originalmente por Ochaita, Valerio y el maestro Solano, además de escribir las que canta Lolita Sevilla en el café del pueblo.

Pero sin duda lo que mejor ayudó a la narración de la cinta fue la música de García Leoz. Nacido en Olite, en 1904 y fallecido en Madrid en 1953, Leoz fue uno de los mejores compositores de nuestro país. Se marchó a estudiar música a Argentina, regresando en 1925. A partir de entonces siguió sus estudios con Joaquín Turina, siendo uno de sus alumnos preferidos. Realizó infinidad de destacadas obras, tanto para el cine como para las salas de concierto. Óperas, zarzuelas, obras de cámara etc etc. Dentro de sus partituras  cinematográficas hay que destacar las que compuso para Surcos (1951), Niebla y sol (1951), Balarrasa (1950) o Cuentos de la Alhambra (1950), dentro de una extensa filmografía que comenzó en 1933, acabando en el final de sus días.

Para esta cinta el maestro realizó una auténtica obra maestra de la composición para el cine, que voy a intentar desglosar en profundidad a través de sus mejores temas.

La obra se abre con un Scherzo de esplendidos resultados para los títulos de crédito, que siguen también al autobús que se dirige a Villar del Río. Una auténtica maravilla, digna de los mejores compositores europeos afincados en Hollywood, donde un redoble de tambor da paso a una simpática y divertida melodía, donde la  cuerda y los vientos se erigen como protagonista de la misma. A continuación, dentro de este mismo tema, cuando entra la voz del narrador para hablar del pueblo, oímos el motivo del comienzo de tema, variado mediante un original toque de xilófono y unas cuerdas estridentes, utilizadas para la escena en la que desaparece todo lo que había en la plaza del pueblo a petición del narrador.

Cuando la voz en off hace volver de nuevo el autobús, suena otra vez las cuerdas estridentes y un leve motivo de arpa.

Después asistimos a la presentación del alcalde y demás gentes del pueblo, mediante la incursión de una variación del tema central, cuyas variantes son la inserción del xilófono y piano, una descripción minuciosa de cada personaje de auténtico genio musical.

Un tema marcial de redobles de tambor, flautín y trompetas, acompaña la visita del delegado del gobierno, que viene a anunciar la llegada de los americanos. Este se vuelve más nervioso sobre todo por la irrupción de la cuerda, en tono enérgico, advirtiendo al pueblo de dicha llegada y poniéndolo patas arriba en la búsqueda del alcalde.

Un gran tema sinfónico suena en el cine, mientras se proyecta un documental acerca de las mejoras realizadas en otros países por los norteamericanos, para dar paso acto seguido a un corte tranquilo y reposado, dedicado a la hora de dormir del pueblo, donde el oboe, la flauta y sobre todo el clarinete llevan el peso de la composición.

En la reunión de la plaza del pueblo, para el discurso, Leoz compuso un motivo de aire flamenco, donde las castañuelas y el piano dan colorido a esta melodía, destacando la alegría de las gentes, que se han vestido de andaluces para recibir a los americanos, aun siendo un pueblo de la España castellana.

Otro tema de aire flamenco, pero de gran orquestación, acompaña la construcción de las calles de estilo andaluz, con adecuada inserción de guitarras, y unas cuerdas que suenan magníficamente bien.

Un tema evocador es introducido, cuando los habitantes piensan en los regalos que han pedido a los visitantes, como si en realidad creyeran que los van a recibir.

Sin duda una de las mejores escenas es la del sueño. Primeramente, Don Cosme el cura sueña con una especie de inquisición que lo lleva preso. Se escucha primero redobles de tambor y más tarde, cuando huye, suena una melodía jazzística en referencia a los extranjeros.

El sueño de Don Luis, el aristócrata, es acompañado por una fanfarria colonial de referencia a su partida en un barco hacia las américas. Cuando va en barca por el río una agradable melodía de aire dignificante asociado a su personaje, da paso a un motivo de tambor dedicado a los indios, que tanta obsesión causan en el hombre.

Sin duda el mejor sueño es el del alcalde. Tanto le gustan las películas del oeste que aparece en una de ellas mientras sueña. García Leoz aplicó un motivo de pianola, dado que se desarrolla dentro de una cantina del oeste de divertidas sonoridades; a continuación seguido de un motivo de violín de estilo country muy adecuado y terminando en una música alocada para la pelea.

El sueño del vecino Juan, donde desde un avión le lanzan un tractor, es sugerido por el maestro mediante un corte de humilde y amable melodía que nos narra lo bueno de la personalidad de este personaje.

En cuanto pasan los americanos sin detenerse, escuchamos el único tema de corte más dramático, para la despedida de la cantante y su representante, y que resalta que, al final, el despilfarro causado por el alcalde lo tienen que pagar ellos mediante alguna clase de tributo, sin haber recibido nada a cambio.

Ya para finalizar se vuelve a introducir una variación del Scherzo que nos muestra que, a pesar de lo ocurrido, todos en el pueblo son felices.

Una excelente obra musical por parte de Leoz que nos narra a modo de cuento esta estupenda historia. Esta composición no se encuentra disponible íntegramente en disco, por desgracia, pero sí podemos disfrutar de ella a través de la escucha de dos suites, conteniendo la misma música: seis temas. Una grabada por José Nieto dentro del cd dedicado al maestro, con Nieto al frente de la Orquesta Sinfónica de Radio Bratislava, editada por Decca y más tarde reeditada por Iberoautor. La otra, sacada a la venta en 2007 por el sello de RTVE, dentro de el doble cd dedicado a la música de cine que grabó Adrian Leaper dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de RTVE. Este fue el primer volumen de “Fantasía Cinematográfica”, anunciando el sello el volumen dos, que a día de hoy todavía estamos esperando.

Espero haber hecho justicia a la figura de García Leoz, un compositor sobresaliente del que no podemos disfrutar en plena condición de su espectacular legado musical, al no existir apenas grabaciones de sus obras, siendo la única oportunidad de apreciar sus composiciones en interpretaciones en salas de conciertos, que tampoco se prodigan, o viendo de nuevo las películas con música firmadas por él. Un olvido cultural que por desgracia siguen sufriendo la inmensa mayoría de nuestros compositores clásicos y no tan clásicos.

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