El árbol del ahorcado de Max Steiner.

Desde que Dimitri Tiomkin instaurara en el cine del Oeste la utilización de una canción en los títulos de crédito a modo de tema central en Solo ante el peligro (1952), obra maestra de Fred Zinnemann, los realizadores de films posteriores no dudaron en repetir la fórmula que tan buenos resultados le había reportado al compositor ucraniano. Una de esas cintas fue El árbol del ahorcado (1959) de Delmer Daves, una película mítica, que contó con unas actuaciones de rayado perfeccionismo. Nada más que tenemos que observar a Gary Cooper en acción, realizando una interpretación de un médico pacífico que tendrá que recurrir a la violencia para salvaguardar el honor de una emigrante suiza a la que ha salvado la vida, con el rostro de Maria Schell. Destacar dentro de sus papeles protagonistas al personaje interpretado por Karl Malden, lleno de una fuerza y un dinamismo que contrastan con la serenidad del de Cooper. En el reparto también encontramos a George C. Scott y Ben Piazza, que no desmerecen en su actuación respecto a la de los principales protagonistas. El guión, obra de Wendell Mayes & Halsted Welles, está basado en una novela que tuvo bastante fama en su época, escrita por Dorothy M. Johnson. Ésta es una producción del año 1959, de los estudios Warner Bros, con muy buenos acabados, que fue nominada al Oscar a la mejor canción original.

Steiner, como casi todo el mundo sabe, fue uno de los padres del sinfonismo clásico en Hollywood. De origen austriaco, este autor que tantos y tan buenos momentos ofreció a la música de cine, recibió clases de música en su Austria natal del mismísimo Gustav Mahler, un privilegio que el joven Max supo aprovechar al máximo en su obra posterior. Cuando estalló la primera guerra mundial tuvo que viajar hasta Estados Unidos, donde pronto triunfaría en Broadway. Posteriormente entraría en plantilla de la RKO, proporcionándonos en 1933 una de sus primeras joyas musicales, me refiero a la extraordinaria King Kong de Merian C.Cooper. Desde entonces hasta finales de los 60, Steiner nos deleitó con melodías sublimes, como las de Lo que el viento se llevo (1939), quintaesencia del drama romántico, La extraña pasajera (1942), o el Western de John Ford Centauros del desierto (1956). Steiner sobresalió en todos los géneros, pero precisamente tanto la anteriormente mencionada, como El árbol del ahorcado, son dos muestras de su gran versatilidad compositiva, las dos para los estudios Warner, de los que el autor llegó a formar parte de su plantilla, tras abandonar la RKO, quizás llegando a ser su compositor más representativo.

Ésta fue la segunda colaboración de Steiner con el director Delmer Daves, de un total de siete películas en común. Daves supo rodearse de compositores de gran talante para sus obras, desde Waxman, Young, Friedhofer, Kaplan, Raksin, hasta llegar a esta relación tan fructífera que, curiosamente, coincidió con los ocasos de las carreras tanto de Delmer como de Steiner, con títulos totalmente imprescindibles, como el que nos ocupa.  Para El árbol del ahorcado el austriaco siguió las pautas del Tiomkin de Solo ante el peligro, creando una partitura que principalmente se basó en la canción creada para los títulos de crédito, un tema que a lo largo del film será utilizado como leitmotiv principal. La música de esta canción fue compuesta por Jerry Livingston, con letra de Mack David e interpretada genialmente por Marty Robbins.  Steiner sacó el máximo partido a este tema, dándole su toque tan especial.

Otro de los ejes que dominan el score es el tema dedicado al personaje de Cooper, un motivo apacible y dignificante que, valga la redundancia, dignifica a su persona. Éste es un hombre con grandes valores, totalmente alejado de la rudeza del resto de los habitantes del asentamiento en las montañas donde intentan encontrar oro. Oímos el tema por vez primera cuando el médico llega a caballo, y acto seguido cuando el personaje de Ben Piazza huye de los disparos efectuados por el ambicioso personaje encarnado por Malden. También será utilizado por Steiner en cada ocasión que los habitantes de esta comunidad van a su consulta, comprobando de buena mano la bondad del galeno, que queda reflejada en la música. Pero no sólo lo emplearía para este propósito, sino que más tarde, tras la aparición del personaje de Maria Schell en escena, se reconvertirá en el tema de amor de la pareja. Para ello el autor dulcificará todavía más si cabe este tema, con una orquestación en la que la cuerda aumenta en presencia y emotividad, violines, violas, chelos y un breve motivo de arpa, certifican lo dicho.

El personaje de Malden también tiene su propio motivo musical, amenazador, inquietante y en ocasiones misterioso, como por ejemplo en los momentos que espía a la chica. Está obsesionado con ella, y llegará en su locura hasta intentar violarla, precisamente en esta escena el tema adquiere su mayor expresión de violencia y fiereza. La utilización magistral de los metales, la percusión y unos golpes de gong, unidos a una interpretación de la cuerda muy violenta, son la seña de identidad de este personaje despreciable.

Hay en el score otro leitmotiv de importancia suprema, es el utilizado en los momentos en que se trabaja en la construcción del acueducto, y la extracción del codicioso metal dorado. Steiner creó una especie de marcha dinámica y colorista para estas escenas que subrayan las ganas y apasionamiento del trabajo en conjunto, y que alcanza su máxima expresión cuando encuentran un filón.

Por último, también hay que destacar los diferentes temas de acción que aparecen a lo largo del metraje, como por ejemplo la pelea de Cooper con Malden a mitad de la historia, el tiroteo final entre ambos, o el más significativo, en las escenas finales, cuando el pueblo encolerizado intenta ahorcar a Cooper, con una orquestación dura de metales y percusión que se intercala con la melodía de la canción principal.

Una obra ejemplar que acaba con la irrupción de nuevo de la canción interpretada por Marty Robbins en la escena final.

Esta es otra de las joyas que compuso el maestro Steiner, donde además del leitmotiv de la canción, destaca sobremanera el utilizado primeramente para el personaje de Cooper y más tarde para la relación amorosa, realmente bello y emotivo. Por desgracia, a día de hoy no podemos disfrutar de esta partitura en versión discográfica al no existir ninguna edición al respecto, solamente se puede apreciar mediante el visionado del film. Espero que alguno de los grandes sellos que editan con asiduidad bandas sonoras se haga cargo de recuperar esta obra maestra, de un autor que nos proporcionó unas cuantas a lo largo de su meritoria carrera.

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