Centauros del desierto. Max Steiner.

Aprovechando la nueva edición en cd de la partitura de Max Steiner para The Seachers, me dispongo a hacer un comentario sobre este clásico de la música de cine. Es una suerte que en Estados Unidos cuiden su patrimonio musical cinematográfico tan bien, y un lujo que se vuelvan a reeditar bso de  la talla de la que nos ocupa. BYU ha sido la encargada de volver a poner en el mercado discográfico esta joya, que ya sacó en 1996. Ahora el disco cuenta con un tema más que el anterior y un sonido mejorado.

En cuanto a la película, estamos ante una obra maestra dirigida por John Ford, en palabras de Spielberg, la mejor de la historia. Y no le falta razón. Ford imprime a la historia un ritmo a veces trepidante y otras sosegado. Planos magistrales, y sin duda, la mejor interpretación de un John Wayne que borda su papel de “Ethan”, un tipo huraño y racista que vuelve a casa de su hermano años después de haber terminado la guerra. El guión lo firma un habitual colaborador de Ford, Frank S. Nugent, realizando una magnífica adaptación de la novela escrita por Alan Le May. Parte del elenco actoral de la cinta era tan habitual que a veces parecía que estaban esperando con el pañuelo al cuello la llamada del director para un próximo Western. Pero este no es el típico producto del Oeste que se había hecho hasta la fecha. Tiene un calado emocional y humano más hondo del que se podía esperar de una obra por el estilo, resultando ser uno de los mayores logros dentro de la filmografía de su autor. Destaca dentro de sus aspectos técnicos, un genial trabajo de fotografía a cargo de  Winton C. Hoch, a veces de tonos rojizos espectaculares, y que hace que los paisajes naturales de Monument Valley aparezcan todavía más solemnes. Siguiendo el comentario del reparto, Ford contó con Jeffrey Hunter, un joven actor que aquí esta muy bien como sobrino político de Ethan, y que ayuda en cierta manera a que el personaje de Wayne no pierda la cabeza y acabe matando a Debbie, su sobrina, interpretada por Natalie Wood, en unos de sus primeros escarceos en la industria de Hollywood tras su anterior Rebelde sin causa (1955). Encontramos también a Ward Bond, Vera Miles, John Qualen, Olive Carey, Henry Brandon, Ken Curtis, Harry Carey Jr., Hank Worden y Walter Coy, todos ellos son los habituales que he mencionado con anterioridad, y que hacen mejorar la cinta con sus actuaciones. Incomprensiblemente el film no obtuvo ninguna nominación a los Oscar en 1956, un hecho extraño después de ver sus inmejorables acabados, pero así es la industria, a veces injusta con ciertas películas.

Steiner está aquí a la altura de las circunstancias como era de esperar, y firma una partitura maravillosa cargada de temas memorables. Ford insistió a Steiner para que utilizara temas populares, como ya hiciera con otros compositores, a los que casi obligaba a poner en sus obras temas, por ejemplo irlandeses. No podemos decir que el director fuera un gran entendido en estas lindes, y recordamos un comentario en el que decía que no le gustaba ver a un tipo muriéndose de sed en el desierto de Arizona con la Sinfónica de Filadelfia de acompañamiento. Pero con el tiempo se dio cuenta de la importancia de la labor de la música en un film, y por ello se rodeó de los mejores compositores de la época, como Steiner, Victor Young o Alfred Newman.

Siguiendo con The Seachers, dos grandes ejes son los que sustentan esta obra: por una lado el tema central, utilizado como leitmotiv a lo largo del film. Será usado primero como tema de Ethan, y más tarde para los buscadores. El otro eje son los temas dedicados al amenazante jefe Cicatriz y su tribu de indios, sustentado sobre todo en una percusión a veces obsesiva. Estos son los dos grandes ejes, pero hay mucho más que contar dentro de esta banda sonora, voy a hacerlo a través del comentario de algunos de sus mejores momentos musicales.

El score es comenzado por el tema de los créditos iniciales, de fuerte orquestación en su principio. Introduce a continuación el citado leitmotiv de la cinta, cantado por “The Son Of Pioneers”, encabezados por Stan Jones., un tema nostálgico muy bonito.

Igual de nostálgicos suenan los violines que acompañan a Ethan al llegar a casa de su hermano, secundados por leves toques de guitarra. Un motivo musical nos narra de manera impecable los sentimientos de melancolía que invaden al personaje, y no precisamente por haber luchado en la guerra. Es evidente que está enamorado de Martha, la mujer de su hermano.

La primera aparición de Martin (Hunter) en pantalla, es tratada por Steiner con un motivo brioso, cuando el muchacho llega a caballo. Al igual que él, un mestizo medio comanche, es dinámico y desenfadado. La cuerda es la dominante, sólo volviéndose más dramático cuando entra a cenar en casa y se encuentra con la mirada racista de Ethan clavada.

Escuchamos un solo de violín muy bello, cuando Ethan ve cerrarse la puerta de la habitación de su hermano con Martha dentro, dramático y nostálgico. Un solo de clarinete es el preludio del tema central del film, esta vez en solo de violín.

A continuación el compositor introduce un motivo cariñoso a pianola, cuando Martha prepara la ropa de Ethan para la partida junto a un grupo de castigo contra los indios.

Cuando la cuadrilla de castigadores cabalga al aire libre por los parajes, suena de nuevo el leitmotiv central versionado. Al divisar a la tribu con Cicatriz a la cabeza, aparece por primera vez la música dedicada a los comanches. Percusión que se va moviendo al compás del grupo a modo de coreografía.

En el rancho, antes del ataque, se siguen oyendo tambores, que son interrumpidos por un solo de violín trágico, que nos cuenta de antemano en desastroso final que espera a Martha y su familia. Un toque de arpa y, acto seguido, acordes de piano y cuerdas desafiantes que acaban con Cicatriz apareciendo ante Debbie.

Uno de los mejores momentos, de Wayne y de la película, es magnificado a través de la música: Metales estridentes acompañan a Ethan y Martin hacia el rancho, encontrándoselo incendiado. Es ahora cuando Steiner aprovecha su gran oficio para narrarnos dramáticamente lo que ocurre, introduciendo un golpe orquestal percusivo, en el momento que Ethan divisa la casa en llamas, seguido de las cuerdas que suenan compasivas, y finalizando la escena con un lánguido solo de violín. La música dedicada a Ethan pasa de nostálgica a ser agresiva, y aparece el tema central, que a partir de ahora será el de los buscadores.

La escena de la persecución, que acaba con el tiroteo en el río, es secundada por guitarra, cuerdas y metales, y se torna en un tono misterioso, dando entrada a la percusión. Entonces el compositor da entrada al tema de los comanches, más desarrollado, donde la percusión y metales se vuelven amenazadores, subiendo en intensidad hasta estallar orquestalmente en un tema frenético de tambores. Estos, junto a los metales, no dejan de sonar hasta el fin de la escena.

Un solo de violín suena cuando muere Brad (Carey Jr), que al conocer la muerte de su novia, la sobrina mayor de Ethan, enloquece dirigiéndose sin control hasta el campamento indio. La música se vuelve histérica, igual que él. Se corta en un silencio muy bien adecuado que se rompe con un primer disparo hecho por el joven, y a continuación un segundo. Steiner reaparece en ese momento con un golpe orquestal, con el que ya sabemos que Brad ha muerto, magistral.

Max aplica un motivo alegre, de los pocos que hay en la partitura, para el personaje de Laurie (Miles). Será usado como tema romántico para la pareja formada por ella y Martin, y es acabado en solo de violín muy conseguido. También escribe temas cómicos, al estilo Mickey Mousing, como por ejemplo cuando ella juega con Martin y le echa agua por encima, estos momentos pausan muy acertadamente los momentos duros, dando un descanso al espectador-oyente.

De nuevo Ethan vuelve a recibir noticias de Debbie, cautiva por Cicatriz. En un cambio de tono muy oscuro Steiner nos narra el odio interno del personaje al saber que su sobrina se ha podido convertir en uno de ellos.

El compositor escribe el tema de “Look”, una india que por circunstancias ajenas a Martin, le es vendida por los indios como esposa. Campanillas y flauta llevan el peso de esta composición, dulce como la inocencia de la joven, con toques de violín y clarinete que dan paso a la orquesta completa, que se encarga ahora del fraseado central. Este motivo se vuelve a escuchar cuando la joven escapa y deja una señal, indicando la dirección en la que deben ir para encontrar a Cicatriz, y, por último, en la escena de castigo por parte del ejército, en el momento en el que Martin entra en una de las tiendas encontrando a Look muerta.

Encontramos otros cortes de descarga del drama, como el dedicado al viejo Mose (Worden). Se trata del mismo tema que el moscardón que corteja a Laurie toca a guitarra en la escena anterior, una canción popular que Steiner versionó.

El tema de Cicatriz aparece en el momento en que los dos buscadores llegan a su poblado, dominado por tambores intrigantes. Oímos un motivo esperanzador de cuerda y arpa, cuando Debbie se acerca a Martin, en el que Steiner vuelve a introducir el leitmotiv principal, y acto seguido es cortado por el flechazo en el hombro de Ethan, mediante un golpe de metales. Un tema de acción lleva las riendas en la huida de los dos hombres, de potente orquestación de metales y percusión.

Sonoridades misteriosas acompañan la incursión de Martin en el poblado Indio. Suena un arpa al deslizarse por la montaña, seguida de la cuerda en tono intrigante.

Trompeta y redobles de tambor en la escena del ataque al campamento por parte de los soldados, triunfalista y dinámico. Ethan encuentra a Debbie, y suena el tema central, a guitarra y trompeta al principio. Acto seguido la cuerda retoma la melodía, creciendo en intensidad cuando su tío la toma en brazos. Finalizando la obra con la incursión de nuevo del tema central cantado por “The Son Of Pioneers”, para la mítica escena de Wayne al fondo de la puerta.

Los aficionados van a poder disfrutar de nuevo en versión discográfica de una obra maestra indiscutible de la música de cine, a través de esta estupenda edición del todo recomendable, ya que la anterior estaba casi descatalogada, y sólo se podía encontrar a precios desorbitados. Un disco que hace justicia a un clásico imperecedero, de un compositor que marcó una época dorada dentro de la música para el cine, un pionero gracias al cual podemos disfrutar a día de hoy de partituras realmente memorables. No hay que olvidar la labor de uno de los orquestadores habituales de Steiner: me refiero a Murray Cutter, al que hay que reconocerle sus méritos en esta y otras partituras del austriaco.

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Henry Mancini. Su juego favorito.

Entretenida, divertida e infravalorada comedia dirigida por Howard Hawks en 1964. Con guión de John Fenton Murray & Steve McNeil, y una fotografía en color muy destacada, obra de Rusell Harlam, magnífico su trabajo para Rio Bravo (1959) también de Hawks. Cuenta los avatares de un vendedor de artículos de pesca de un gran almacén, y ocasional escritor sobre el tema, que es invitado a participar en uno de los mejores torneos del país, donde pasará lo indecible, al no haber pescado en toda su vida, pero no quiere que se descubra y así arruinar su reputación. Como digo, un film divertidísimo de principio a fin, muy bien dirigido por Hawks, y con actuaciones destacadas de Rock Hudson, que hace olvidar a Cary Grant, primer seleccionado para este papel, y una Paula Prentiss que, aunque después no se prodigó mucho en el género, ni en el cine en general a excepción de la maravillosa Aquí un amigo (1981) de Billy Wilder, o ¿Qué tal, Pussycat? (1965), nos deleita con una interpretación acorde con la de Hudson, siendo junto a él, uno de los pilares más sólidos de la cinta. Tenemos también a Maria Perschy, sustituta de Ursula Andress, en el papel de Isolda Muller, en el que está realmente estupenda. Todos estos ingredientes fueron cocinados bajo la cuchara mágica de un director que supo moverse en todos los géneros, realizando obras muy acertadas en todos ellos.

También acertó en la elección del compositor, al escoger a Henry Mancini, reciente era su colaboración en Hatari! (1962). Aquí el maestro nos ofrece otra de sus extraordinarias partituras, cargada de energía positiva y temas cómicos excelentes, que, incomprensiblemente, ha pasado un poco desapercibida dentro de su extensa filmografía.

 

Nos demuestra el autor lo dicho ya desde el principio con el tema de los títulos de crédito, una canción muy dicharachera y alegre, con letra de Johnny Mercer. Empieza con una introducción de trompetas y batería, en un tema con ritmos de jazz, muy movido y auténticamente maestro. Lo usará Mancini como motivo central de la obra y leitmotiv.

Tres ejes centrales son la columna vertebral de este score: por un lado el citado tema principal, que será usado también como tema de amor. Voy a citar ejemplos de su uso:

– En la escena en la que, ya en el restaurante del lago, están cenando el personaje de Hudson con las dos mujeres, y cae una oruga a la ensalada que él come. Lo que podemos escuchar aquí es una variación del mismo, un motivo diegético que viene del interior del establecimiento, es de formas ligeras y agradables.

– Cuando Roger (Hudson) cae al agua, al intentar arrancar la lancha, oímos un dinámico motivo de corta duración que subraya la acción. A continuación Mancini introduce otra variación del tema principal, cuando es remolcado a tierra por el personaje interpretado por Prentiss.

– Como he dicho antes, este tema será usado a su vez como tema de amor. Suena por vez primera diegéticamente, a través de una radio, cuando la chica deambula por su habitación pensando en Roger, está surgiendo el amor.

– Lo podemos escuchar de nuevo en el paseo que da la pareja hacia la cabaña, esta vez una trompeta con sordina lleva la melodía central, en una escena que acabará en su primer beso.

– Y ya por último, en la escena en la que duermen en una cama hinchable en medio del bosque y la lluvia los desplaza hacia el lago, se escucha de nuevo el tema de amor, esta vez más desarrollado y exaltado hasta terminar en un efusivo beso de la pareja.

El segundo eje son los temas cómicos dedicados a enseñar a Roger a cómo desenvolverse en el campamento, pero sobre todo a pescar y a las escenas del concurso de pesca más tarde.

– Primeramente se oye en la escena en la que un patoso y torpe Roger intenta armar la tienda de campaña. Un tema simpático donde la guitarra y la flauta dominan la melodía, y acompaña de manera eficiente el devenir del protagonista.

– En su primer día de clase de pesca volvemos a escuchar este divertido y armonioso motivo, que cambia hacia un tono más movido cuando Roger, casi sin querer, atrapa un pez.

– Cuando ya comienza el concurso, en esas escenas dedicadas a Roger, se introduce de nuevo este tema, que sólo es interrumpido cuando, por circunstancias ajenas al protagonista, logra pescar alguna pieza, es entonces cuando de nuevo oímos ese corto motivo brioso, para dar sensación de prestancia.

El tercer eje no es un tema sino varios, me refiero a los que siempre aparecen de forma diegética. Ejemplos:

– Música a piano ligera en el almuerzo.

– En el museo de pianos, donde van para aprovechar el ruido, y así poder decirles a las chicas por qué no quiere pescar. Como era de esperar, sonarán diferentes piezas a la vez, a pianola.

– En el bar del lago, en una de las escenas en la que están bebiendo en la barra, oiremos un motivo de saxofón auténticamente jazzístico acompañando la velada.

– Al igual suenan muchos más temas diegéticos para las sucesivas escenas desarrolladas en el bar.

Estos tres ejes sustentan la partitura, pero también cabe destacar temas como:

– Un motivo cómico de trompeta con sordina y piano, en la escena en la que Roger intenta colarse en el coche de la chica.

– Otro tema cómico a trompeta y acompañamiento de bajo, para el viaje en moto de Roger. Al protagonista se le nubla la vista al salpicarle barro en los ojos y cae de ella, es entonces cuando el vehículo se dirige solo hacía un oso que deambula por allí, acabando el animal montado en la moto.

– Un tema a piano suave se escucha en la escena de la habitación de Roger. Él se desviste para acostarse y cuál es su sorpresa al encontrarse a la chica en su cama.

– Redoble de tambor que antecede a la salida del personaje de Prentiss del dormitorio de Roger, justo en el momento en el que la novia de este hace acto de presencia.

En resumidas cuentas, un score muy agradable y divertido, que por desgracia a día de hoy no conoce edición discográfica. Una obra que, pese a tener acabados muy buenos, no ha tenido la misma repercusión que otras partituras del autor, no siendo muy conocida y manteniéndose en un injusto olvido. Espero que con este artículo se haga justicia y pueda ser recuperada por los aficionados a las bandas sonoras.

 

 

Henry Mancini, Dos en la carretera.

 


He de reconocer que el cine realizado por Stanley Donen siempre me ha maravillado, desde Cantando bajo la lluvia (1952), pasando por Siete novias para siete hermanos (1954), hasta, por ejemplo, su estupenda Charada (1963). Pero para este film que nos ocupa, Donen rozó la perfección absoluta. Como siempre, que la cinta nos resulte tan atractiva radica en una dirección de actores soberbia y una colocación de la cámara siempre acertada, el director era un maestro en eso. Aquí se topó también con un muy atractivo guión escrito por Frederic Raphael, en el que un matrimonio, de viaje hacia la Riviera Francesa, rememora sus años juntos desde que se conocieron, en un viaje al mismo lugar, pasando por las infidelidades de ambos y la vuelta a la convivencia. Todo ello tratado genialmente por Stanley, mediante flashes que llevan a la pareja desde la actualidad, a rincones alejados de su vida en común. Por supuesto si uno tiene como interpretes a Audrey Hepburn y Albert Finney en sus papeles principales, todo se hace un poco más fácil, al ser actores de tremenda calidad. La película tuvo mucho éxito en su época, recibiendo una nominación al Oscar al mejor guión original en 1967, al igual que dos nominaciones a los Globos de Oro, mejor actriz de comedia/musical (Hepburn) y música original. A día de hoy se ha sabido mantener muy bien, llegando a las nuevas generaciones de cinéfilos, y provocando en ellos la misma admiración que provocó en el público de entonces.

Como he indicado antes, la banda sonora fue nominada al Globo de Oro, un hecho que no nos pilla por sorpresa después de escuchar la maravillosa composición romántica y de toques afrancesados totalmente maestros. Como no podía ser de otra manera, el encargado de dicha obra fue Henry Mancini, un Mancini que parecía sacar todo lo mejor de su repertorio cada vez que trabajaba junto a Audrey (en realidad entablaron una amistad muy profunda desde Desayuno con diamantes en 1961). A la vista está después de escuchar obras como la anteriormente mencionada, Charada o Sola en la oscuridad (1967). En mi opinión el maestro de la melodía en Hollywood, creó aquí el mejor y más bonito tema de toda su carrera, me refiero al tema central de la película y leitmotiv utilizado para la relación de la pareja protagonista.

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Pongámonos a analizar la composición, a través del comentario de alguno de sus temas.

El motivo principal es introducido por el compositor en los títulos de crédito, una delicia compositiva, en la que se queda corto cualquier calificativo que se le pueda dar, una joya de melodía pegadiza que es comenzada por una leve aparición del xilófono, para a continuación dar entrada a la cuerda, que nos deleita con una interpretación deliciosa, para acto seguido los metales llevar el peso de la melodía. No nos deja de sorprender, y nos deja boquiabiertos con un solo de violín de bellísima factura, seguido de un solo de acordeón, que hace referencia a la situación geográfica, y ya acabando el tema con la orquesta al unísono interpretando la frase central.

Como he dicho anteriormente, este tema se usará como leitmotiv de la pareja, apareciendo en infinidad de ocasiones, en variaciones extraordinarias, como en la de su versión para coros por ejemplo, con letra de Leslie Bricusse.

Otros de los temas destacados es “Something for Audrey”, otra genialidad sacada de la chistera del autor, de registro jazzisticos. Comienza con una presentación en la que la orquesta, sobre todo las cuerdas interpretan un motivo de contenida elegancia, al igual que el resto del tema, que es continuado por la incursión de un solo de saxo fabuloso y la irrupción de un motivo de piano de descomunal belleza, acompañado de toques de xilófono, un instrumento muy utilizado en la obra. Este tema dignifica y nos muestra la elegancia de su protagonista femenina.

Como se sabe, parte de la acción se desarrolla en Francia, de ahí que se escuchen temas con acordeón y acompañamiento de cuerdas, e incluso bongos, que sirven para arropar las escenas que discurren en la carretera.

Hay cabida también en esta composición para cortes auténticamente de jazz, como el titulado en el disco “The Chaser”, donde la batería y cuerdas en suspensión, anteceden a la frase principal del tema, interpretada por el saxo, de ritmo trepidante, y donde se vuelve a acompañar del xilófono y piano, y acaba con un fraseado de saxofón de genialidad desbordada.

Igualmente rítmico y alegre resulta “Something Loose”, donde Mancini borda un tema maestro, dando el peso de la melodía al saxo, y acompañado de manera eficiente por cuerdas y trompeta.

Lo cierto es que cada uno de los temas escritos por Henry para este film son maestros, se podrían destacar todos, como el tema cómico-bufonesco, “Happy Barefoot Boy”, interpretado por instrumento electrónico y el saxo como acompañante.

Muestra de esta maestría encontramos “French Provincial”, corte de elegante melodía, donde el peso recae en el acordeón, y la cuerda realiza un fraseado de exquisita sonoridad, y nos transportan de manera inmediata a los pueblecitos tan bellos de la campiña francesa, solamente a través de su escucha. Este es un tema precursor de su posterior motivo principal para el film Victor o Victoria (1982), me refiero a la música que escuchamos en la escena que abre la cinta.

“Domain ST. Juste” es otro corte de tremenda elegancia en sus formas, en el que el violín interpreta una melodía lenta en forma de minueto, con acompañamiento de piano, un corte de refinado y depurado estilo.

Pero lo que realmente domina esta composición es el leitmotiv romántico, que nos narra de manera muy explícita la relación amorosa de la pareja protagonista, y que a su vez tiene un cierto tono triste, que hace referencia a la etapa mala por la que pasan los matrimonios, pero que en realidad lo que cuenta para Mancini es el amor que ambos se profesan, narrando los diferentes conflictos de manera muy acertada. La obra acaba con una variación de dicho tema, esta vez comenzada por un solo de violín, que da paso al resto de cuerdas, para que recojan el testigo de llevar la melodía. La flauta, acto seguido, se hace con las riendas, para dar paso de nuevo a las cuerdas, y estas, a través de un recurrente motivo de xilófono, vuelven a retomar el testigo, pero esta vez incrementando la intensidad de su tono.

Maravillosa banda sonora, que por suerte podemos disfrutar en formato compacto. El disco fue realizado por RCA records en 1967 originalmente, reeditado en 1998. Un disco que recomiendo de lleno, y que todo aficionado a la música de cine debería tener, al ser a mi juicio una de las más altas joyas compositivas de un autor que llenó la pantalla de melodías imperecederas, que forman parte ya del colectivo inconsciente del aficionado a las bandas sonoras y a la buena música en general.

Henry Mancini. Sed de mal.

Obra maestra del cine dirigida por Orson Welles, en un alarde de técnica inconmensurable. Welles firma a su vez el guión, basado en una novela de Whit Masterson, e incluso se reserva uno de los papeles principales de la trama. Como digo, todo es destacable en esta cinta, su fotografía en blanco y negro, a cargo de Russell Metty, resulta maravillosa para retratar ese ambiente malsano y decadente callejero. La película cuenta con actuaciones todas ellas perfectas, como la del propio director, interpretando a un policía corrupto que opera en el borde de la frontera mexicana, un Charlton Heston genial como agente mexicano totalmente opuesto al personaje de Welles y, cómo no, Janet Leight, fabulosa también dando vida a la esposa de Heston. Akim Tamiroff y Marlene Dietrich bordan sus pequeños papeles. Hay que destacar también la incursión de Joseph Calleia, Mercedes McCambridge, Joseph Cotten y Zsa Zsa Gabor, conformando un elenco actoral del que muchos directores de la época les hubiera gustado disfrutar. Curiosamente, aunque se trata de una joya del séptimo arte imperecedera, no recibió ninguna nominación a los premios Oscar, injustamente por supuesto.

Sinopsis:

Un agente mexicano de narcóticos llega a la frontera con USA junto a su mujer, justo en el momento en el que hace explosión una bomba en un coche. Pronto intentará dilucidar quién es el responsable, a pesar de la obstaculización del jefe de policía local.

Henry Mancini compuso la banda sonora de esta cinta de 1958, en una de sus primeras incursiones en el cine como compositor en solitario. Hasta entonces había compuesto varias cintas junto a otros autores, o incluso sin acreditar en pantalla. Welles le dio la oportunidad a un joven Henry, el cual no desaprovechó la ocasión, firmando una de las numerosas obras maestras que realizó para el cine.

Comienza la partitura con un tema maestro para una escena maestra, se trata del inicio del film, donde vemos el movimiento de un coche, seguido en todo momento por el “detective” Mancini, una joya comenzada con ritmos de mambo, a través de una percusión propia de este estilo, en la que se la van uniendo instrumentos y formas jazzisticas, como el saxofón y demás, se trata de un tema sincopado con el devenir del coche, que en unos instantes va a explosionar, mediante la utilización de la música como si de una cuenta atrás del reloj de la bomba se tratara.

Al desarrollarse la acción en la frontera con México, éste tono latino acompañará el desarrollo del score hasta su final. Encontramos en la obra temas de blues, con utilización de guitarras y sobre todo saxofón muy movidos y desenfadados, que el compositor asocia con los jóvenes rebeldes y descerebrados que salen en pantalla.

Otro motivo más relajado, con piano, trompeta y saxofón dedicado al personaje interpretado por Zsa Zsa Gabor, cuando es visitada por el comisario corrupto, Welles, un tema de jazz cien por cien.

Hay un tema dedicado al personaje de la gitana interpretado por la Dietrich; suena a través de una pianola, un corte recurrente y cargado de añoranza, por lo que esa mujer fue de joven y ha perdido. Este motivo asociado a su personaje reaparece en pantalla cada vez que vuelve a aparecer la actriz alemana.

Mancini también escribe temas de corte misterioso, dedicados a las indagaciones y pesquisas del personaje de Heston, con violines e instrumentos tradicionales de la orquesta, que suenan transmitiéndonos dicha sensación, a veces mezclados con esa percusión latina, como el de nombre “Flahsing Nuisance”.

La música diegetica tiene un papel muy importante en este score, hay infinidad de cortes que son escuchados en el film a través de radios, pianos etc, que a su vez sirven como desarrollo narrativo de la cinta, ayudando a su funcionamiento considerablemente, el compositor era un maestro en eso.

Hay un tema al saxofón dulce y delicado que es dedicado al personaje de Leight, bonito y de escucha agradable, al igual que esa percusión latina fusionada con motivos jazzisticos, de auténtica destreza compositiva digna de un autor más experimentado en la asociación de la música con la imagen, digamos más veterano, pero es que Henry era ya desde sus comienzos un veterano, curtido en musicalizar infinidad de películas de serie B para los Estudios Universal.

Escuchamos de igual manera temas de rock, insertados en el desarrollo evolutivo del score, seguidos de otros cortes jazzisticos que hacen de esta obra una maravilla, de escucha muy satisfactoria para el oyente o visualizador del film.

Hay que destacar el tema en el que se presagia la muerte del comisario local, en la que el maestro vuelve a incluir una variación portentosa del tema principal, con la percusión latina, un toque recurrente y esplendoroso de xilófono, todo ello acompañado de un motivo de saxofón que se va adentrando poco a poco entre la percusión, que suena ya casi obsesiva. También se insertan leves toques de guitarra y una trompeta con sordina que suena genialmente bien. Una joya de siete minutos de duración, en la que la percusión se va volviendo cada vez más obsesiva y rítmica si cabe, a la vez que el personaje de Welles es acorralado en las apestosas y sucias riveras del río, unas escenas magistralmente rodadas por el director, que nos da otra lección de cómo filmar una película, todo ello magnificado por otro genio llamado Henry Mancini.

El score está interpretado de manera eficiente por la The Universal-International Orchestra, bajo la batuta del entonces director musical habitual, Joseph Gershenson, con los arreglos del propio Mancini y de Rusell Garcia, compositor de la impresionante El tiempo en sus manos (1960) para el productor-director George Pal, entre otras sobresalientes obras, aunque no se prodigó mucho en el cine. Cuenta con los solos extraordinarios de Pete Candoli a la trompeta, Plas Johnson (saxo tenor), Dave Pell (saxo barítono), Ray Sherman al piano, y sobre todo destacar a todos sus músicos en la sección percusiva: Ralph Collier en la batería, Jack Costanzo (bongos) y Mike Pacheco (Conga).

En definitiva, una de las grandes obras maestras del cine, y una de las grandes joyas musicales de la música aplicada a las imágenes, que todo aficionado debería escuchar y tener en su colección discográfica. Una cosa realmente fácil, porque se pueden adquirir las diferentes versiones que existen de ella. Por ejemplo:

– Del año 1998 tenemos la edición del sello español Blue Moon que contenía 19 temas y que fue reeditada en 2004 por el mismo sello ahora con el nombre de Fresh Sound Records.

– En 2008 Él Records lanzó al mercado discográfico una edición con 20 temas de sonido aceptable.

– El sello suizo Movie Sound Records en el 93, sacó a la venta un cd conteniendo los mismos 19 temas que el de Blue Moon.

– Y ya para acabar, el sello norteamericano Varése Sarabande, produjo su edición, que contenía 20 temas de la partitura original.

Todos estos cds son del todo recomendables, pudiendo uno hacerse con ellos muy fácilmente y disfrutar de la extraordinaria música de Mancini.

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Dario Marianelli: Orgullo y Prejuicio.

Basado en la novela de Jane Austen, es éste uno de los numerosos films que se han realizado sobre ella. Su director, el joven Joe Wright, supo dar un enfoque actual y novedoso, sin perder por ello ni un ápice de su esencia Victoriana. Para ello se sustentó en un magnífico guión cargado de sensibilidad, escrito por Deborah Moggach, en el que se captaba de manera soberbia la vida de ésta familia y sus vicisitudes cotidianas, anhelos, etc. La cinta es una obra redonda en todos sus aspectos, empezando por un diseño de producción magnífico, no menos logrado es su vestuario, donde la productora volcó parte de sus esfuerzos en recrear la época lo más exactamente posible, y vaya si lo consiguió. Otro de esos aspectos es el de la fotografía de Roman Osin, un excelente trabajo en el que la luz tiene un papel muy destacado, al igual que los tonos apastelados de algunas de sus escenas. Lo realizado por Wright no tiene desperdicio, planos y escenas realmente geniales y poéticas, que nos trasladan casi sin quererlo hacia un apacible devenir, entre las campiñas y casas de Inglaterra. Dentro de su apartado actoral, todos, absolutamente todos los participantes en esta obra, realizan actuaciones excepcionales, empezando por una interpretación muy sutil y contenida de Keira Knightley, merecedora de una nominación al Oscar por su papel de la bella y adelantada a su tiempo Lizzie. Donald Sutherland borda su papel de padre de las cinco hermanas Bennet; una madre obsesionada en encontrar maridos a sus hijas, de la que Brenda Blethyn sacó máximo partido a su actuación. Matthew Macfadyen es el partenaire masculino de Keira, en uno de sus mejores papeles hasta la fecha, apartado de presuntuosidad y lejos de hacer de su presencia sólo un mero hecho decorativo, que es lo que a veces en muchos de estos papeles, llamémosles de galán, suelen hacer otros actores. El personaje del señor Darcy fue interpretado, entre otros, por el gran Peter Cushing, para una serie de cinco capitulos de 30 minutos de duración, producida por la cadena de televisión BBC en 1952. Destacar también, cómo no, a la extraordinaria Judi Dench, en otra de sus aquilatadas apariciones,  Tom Hollander, actor de no mucha estatura, que es compensada con un talento interpretativo enorme, aquí esta magistral, al igual que por ejemplo en el film de 2006 Piratas del Mar Caribe: El cofre del hombre muerto de Gore Verbinski. Entre las jóvenes que se hacen cargo de los papeles de las hermanas de Lizzie, todas estupendas, destacaré el de Rosamund Pike, aquí interpretando a una dulce y apaciguada joven, que contrasta con su maravillosa actuación para el film de David Fincher Perdida (2014), junto a Ben Affleck, en la que nos mostró una faceta de lo más agresiva, totalmente alejada de este personaje de Orgullo y Prejuicio, y que nos muestra la calidad y registros interpretativos de la joven actriz. Entre las nominaciones al Oscar que recibió la cinta se encuentran dirección artística, vestuario, la citada a la mejor actriz principal para Keira y una muy merecida nominación para su música original.

Dario Marianelli fue el encargado de componer esta magistral partitura sinfónica y romántica, llena de momentos inolvidables e inigualables. Marianelli nació en Pisa el 21 de junio de 1963, estudió música en la Guildhall School of Music and Drama , especializándose en piano y composición. Trabaja habitualmente para el cine, pero también escribe de manera paralela obras para las salas de conciertos, ya sean orquestales o corales, al igual que escribe música incidental para la compañía de teatro Royal Shakespeare Company. En el cine, se ha especializado en películas de aflorado romanticismo y de refinadas y elegantes historias, pero también escuchamos su música en infinidad de buenas cintas de otras índoles como, por ejemplo, en V de Vendetta (2006), El secreto de los hermanos Grimm (2005) o Ágora (2009). Ha establecido una simbiosis casi perfecta con Joe Wright, en títulos como éste que nos ocupa, Expiación (2006), esta última le supuso su único Oscar hasta la fecha, o Anna Karenina (2012).

Ésta partitura es una auténtica obra maestra musical, comenzando con un tema principal totalmente exquisito, donde una escritura elegante y dulce del piano es su principal valedora, un tema que transmite mucha tranquilidad y paz interior, al igual que el personaje interpretado por Keira, éste se vuelve un poco más acentuado y dinámico hacia su mitad, también en referencia a la propia personalidad de la dama.

Encontramos temas delicados y muy bellos, como el que suena cuando las jovenes hermanas fijan sus miradas hacia el cielo para contemplar las estrellas, aquí Marianelli, nos ofrece una suave orquestación de cuerdas, en la cual un leve y bonito solo de oboe nos vuelve a introducir el motivo central anteriormente mencionado al piano.

Excepcional resulta a su vez el corte musical dedicado a la visita y contemplación de las esculturas en la casa del señor Darcy; un motivo mágico al piano nos mete de lleno en la magnificencia de esas obras tan delicadas y del refinamiento y sensibilidad de su propietario, el cual tiene una figura con su rostro pulido en piedra, que provocará la inmersión de Lizzie en cada uno de sus rasgos faciales, todo ello aderezado por un tono realmente muy conseguido por parte del compositor, mediante cuerdas deslizadas de manera muy suave, e instrumentos de viento poéticamente interpretados, sin dejar de ser acompañados, esta vez en un segundo plano, por el piano.

Dario nos ofrece otros temas más ligeros dedicados a los bailes de las numerosas fiestas a las que acuden las hermanas, donde emplea un tono más jovial y desenfadado a través de una orquestación de época, tal como hiciera Philippe Sarde en el baile de la escena principal de Tess (1981), de Roman Polanski. De hecho, uno de estos temas tiene un cierto parecido con el que escribiera Sarde, para el film de Roman. De estos temas desenfadados, es muy destacable el brioso e impetuoso motivo dedicado a una de las hermanas, Georgiana, en el que el piano, esta vez mucho más activo, nos introduce en la personalidad de esta, más alocada, arropado a continuación por toda la orquesta siguiendo ese mismo tono, en un corte que resulta de sonoridades casi barrocas.

Dentro de los dedicados a la pareja protagonista, y su creciente admiración y amor, descubrimos una joya musical también de aires barrocos, referida a la llegada de ella a Netherfield. O el del baile de los dos enamorados, dentro de una sala abarrotada de gente, una pieza escénica de alto calado poético en la que el director y actores consiguen una perfección absoluta, todo ello engrandecido por la variación de un tema de Henry Purcell, al violín. Una escena en la que de repente desaparecen todos los invitados que bailan alrededor de ellos, y no por que se vayan, sino porque los sentimientos de la pareja, que no deja de mirarse fijamente en ningún instante, hacen que para ellos no haya nadie más en la sala.

Otra de esas escenas mágicas, la encontramos cuando se nos ofrece en pantalla el paso del tiempo, a través de un muy bello movimiento de cámara alrededor de la protagonista, que se balancea en un columpio. Una genialidad de Marianelli acompaña esta escena, en la que se nos muestra de manera inconsciente el enamoramiento de esta mujer por el señor Darcy. Es uno de los más bonitos, y en él, el piano de manera exquisita y elegante, nos da cuenta de la sensibilidad de la chica, con un acompañamiento de cuerdas magistrales, corto pero intenso. O el dedicado a cuándo la joven pasea cerca de un acantilado con sus ilusiones y anhelos, que tienen un tono similar al anterior, con el piano como sustentador principal.

Estos cortes elegantes y románticos siguen aflorando dentro del score, al igual que un leve sentido dramático, cuando por equivocos del destino, ella se siente desfraudada por una actuación involuntaria del señor Darcy. Son presentados por el autor italiano de manera ejemplar, mediante una escritura de cuerdas en las que ahora escuchamos en su tono, un toque más triste y amargo, como el dolor del desamor que cree sentir ella en esos momentos.

Cuando Lizzie lee la carta de Darcy, pudiendo observar que se ha equivocado respecto a él, Marianelli, en una muestra de sutileza, nos deleita con un tema a piano, acompañado de un solo de chelo magistral, en el que la interpretación excepcional de el pianista francés Jean Yves-Tribaudet, nos transporta hacia terrenos de nuestra alma, a veces olvidados y que no dejamos aflorar como deberíamos, una delicia que es secundada de manera excepcional por el chelo de Caroline Dale, amor y romanticismo en estado puro.

Ya termino este comentario, con el tema que acompaña la escena en la que Lizzie sale a pasear a la campiña, a muy tempranas horas y se encuentra con el señor Darcy, sin duda el mejor de todos los temas incluidos en esta banda sonora. Una joya de la música de cine contemporánea. Es comenzada por el chelo susurrante de Dale, para, acto seguido, volverse más enérgica a través de la incursión de toda la orquesta al unísono. Después de una pausa, la música se suaviza de inmediato, y es entonces cuando un precioso motivo de cuerdas da paso al piano, que acompaña como si a modo de coreografía se tratara, la aparición del señor Darcy, en un alarde de melodía que nos deja de manera irremediable en una actitud de apaciguada sensación de indefensión ante tal portento musical. A partir de aquí cuando los dos enamorados se tocan las manos y juntan sus cabezas, cuando todo ha terminado, y saben que se quieren de veras, Marianelli, nos vuelve a deleitar con una escritura de suaves y deliciosas cuerdas, que atestigua lo anteriormente dicho. No hacen falta diálogos, ya nos está narrando el compositor, afectivamente hablando, lo que ocurre por sus corazones.

Una obra muy sobresaliente, que se encuentra entre lo mejor de las últimas composiciones de este siglo, una obra maestra indiscutible, que por suerte podemos disfrutar mediante la escucha del cd editado por Decca Records. Un disco que contiene 17 deliciosos temas, interpretados por la English Chamber Orchestra, que tan bien dirigiera en sus últimos trabajos el británico John Barry, y que aquí vuelve a sonar de manera soberbia, ejecutando las notas de este maestro nacido en Pisa. Y cómo no, destacar de nuevo el gran trabajo de Jean Yves-Tribaudet al piano, con el cual volvería a contar en su oscarizada Expiación, y también los solos de chelo de Caroline Dale, y de violín a cargo de Aidan Broadbridge.  No quisiera olvidarme de mencionar al orquestador y conductor de esta obra: el británico Benjamin Wallfisch, habitual en los scores de Dario, y ahora lanzado en una exitosa carrera compositiva en solitario.

 

The Equalizer. Harry Gregson-Williams.

Film basado en la serie de televisión de los años 80 El Justiciero, que fue emitida por la cadena americana CBS entre 1985 y 1989, teniendo como protagonistas a Edward Woodward, Robert Lansing y Mark Margolis. Se trataba de episodios de 60 minutos de duración creados por Michael Sloan y Richard Lidheim, dirigidos por Donald Petrie, autor de varios capítulos de las míticas series Falcon Crest o Mac Gyver, y que cuenta con algún crédito cinematográfico sin relevancia, como por ejemplo la comedia romántica del 2003 Cómo perder a un chico en diez días, con Kate Hudson y Matthew McConaughey.

En esta nueva versión para la gran pantalla, el encargado de dirigir el proyecto fue Antoine Fuqua. El director tiene a sus espaldas una obra muy interesante como por ejemplo: Training Day (2001), Lágrimas del sol (2003) o El Rey Arturo (2004), y actualmente tiene en proyecto un remake de Los Siete Magníficos (1960). Contó con uno de sus actores habituales, Denzel Washington, que como casi siempre nos ofrece una interpretación muy meritoria, aquí como ex-agente de la CIA que vive retirado y casi escondido, trabajando en una tienda de herramientas. La cinta es un film de acción puro y duro, contando con momentos de apacible tranquilidad, que supuso una sorpresa para mi cuando pude verla. Esta muy bien realizada, contando con encomiables aspectos técnicos como un buen guión de Richard Wenk o una fotografía muy lograda a cargo de Mauro Fiore.

La acción se desarrolla en una ciudad de Estados Unidos, donde un agente retirado de la CIA ayuda a una joven rusa a zafarse de la mafia por la que es explotada sexualmente, viéndose envuelto en una espiral de violencia que no deseaba, pero llegando hasta la resolución final.

Otras de las sorpresas la encontramos en su apartado musical, firmado por Harry Gregson-Williams. Este autor, nacido en Inglaterra en 1961, se interesó por la música desde muy joven, consiguiendo una beca para estudiar en la prestigiosa escuela de música St. Johns College en Cambridge. Sus comienzos en el cine fueron como arreglista y orquestador de Hans Zimmer y Stanley Mayers, digamos que fue unos de los compositores salidos de la productora de Zimmer, Media Ventures. Si en un principio el estilo de Williams era muy parecido al de resto de autores salidos de esta productora, pronto pudo ir desmarcándose y creando unas sonoridades propias. Entre su filmografía encontramos títulos como Las Crónicas de Narnia (2005), Spy Game (2001), El Príncipe de Persia (2010), o sus incursiones en cintas de animación junto a John Powell, es el caso de Shrek (2001), Antz (1998) o Chicken Run (2000). Aunque para mí, su gran obra hasta la fecha sea la dinámica y majestuosa Simbad: La leyenda de los siete Mares (2003), una gran obra sinfónica.

Para este film que nos ocupa Gregson-Williams aplica una banda sonora apacible y sosegada en su principio, como se refleja en el tema “Alone”, un corte en el que un motivo de cuerdas y un sugerente piano, nos expresan esa sensación. Como era de esperar, dado el devenir de la película, la corriente de la música sufre una metamorfosis en cuanto el protagonista sale de su tranquilo anonimato y se van sucediendo las escenas de acción, con acordes más intranquilos y activos.

Pero, siguiendo con estos temas principales de apaciguada sonoridad, destacaré “Change Your World”, donde suena un motivo de piano muy bello y reflexivo, en el que las cuerdas se mantienen en suspensión, en segundo plano, reflejando la soledad buscada del personaje principal.

Cuando se ve obligado a actuar, ayudando a una joven asediada por una banda de delincuentes rusa, el compositor cambia el tono de la música, de repente se escuchan cuerdas misteriosas, e instrumentos electrónicos amenazantes, como la guitarra eléctrica, unida a una percusión vibrante, véase por ejemplo “Mc Call’s Decision” o cortes posteriores como “On a Mission”. En este último el autor inglés ya emplea solamente los acordes amenazadores y de acción, con percusión y un estilo de rock sinfónico, de alto calado explicativo y dramático. Porque eso sí, la música aunque cambiante, no nos deja de narrar el film en ningún momento.

Otro de estos temas mencionados es el dedicado a los policías corruptos, comenzado por cuerdas e instrumentación electrónica de suspense, para continuar más fuerte y nerviosa después y terminando con la incursión, llamémosle así, del tema de Mc Call, cuando el personaje de Washington entra en escena. Este motivo se oye en las primeras pistas, y se incluye en algunos de los temas de acción para dar a entender al espectador que, aunque rudo en aspecto, los sentimientos y valores de este agente retirado de la CIA son muy destacables y positivos.

De aquí al final del film, el autor aplica estos temas de agrestes sonoridades, confluyendo en una partitura amenazante que es apaciguada por el tema anteriormente mencionado atribuido a Denzel. Uno de mis preferidos es el de las escenas finales, de título “Torturing Frank”, una pista de ritmo trepidante, pero también con un acentuado tono de misterio muy adecuado a lo que estamos viendo en pantalla. Y ya para el duelo final, aparece un segundo subtema para el personaje  de Mc Call, heroico, cuando logra vencer con ayuda de un compañero de trabajo a esta banda tan peligrosa. Este es una maravilla porque es conjugado de manera genial con el otro tema de acordes más tranquilos, y nos explica lo potente y letal que resulta nuestro amigo, y a la vez la bondad de su personalidad. Cuando todo se ha solucionado, es incluido definitivamente el motivo tranquilo de McCall, otra vez con notas a piano.

Una obra muy notable que me ha sorprendido gratamente, a cuenta de que veníamos de escuchar obras más flojas del compositor como es el caso del remake de Desafío total (1991), realizado en 2012, comparada con la gran obra maestra que realizó Jerry Goldsmith para la primera de ellas. Sí es cierto que en otras cintas más recientes en las que no ha intervenido como compositor en solitario, sino que ha hecho temas sueltos, estos han resultado ser lo mejor de la obra; me refiero a los temas que escribió para Prometheus (2012), en la que Marc Streitenfeld era el compositor asignado, o Exodus: Dioses y Reyes (2014), con música original del español Alberto Iglesias.

En cuanto a la edición en disco, ha sido el gran sello discográfico de Robert Townson, Varése Sarabande, el encargado de sacar al mercado esta obra. Se trata de un compacto con 11 temas que hará las delicias de los aficionados a la música de cine, pudiendo comprobar la valía de esta composición tan insigne de Gregson-Williams.

El Planeta milagroso.

En 1989 TVE, junto a otras cadenas internacionales como: NHK (Japón), Antenne 2 (Francia), Korean Broadcasting System (Corea del Sur), KCTS Associations (Estados Unidos), TCN Channel 9 Pty. Ltd. (Australia), RAI (Italia), Veronica Omroep Organisatie (Holanda) y TV Ontario (Canadá), crearon esta serie documental dedicada al Planeta Tierra. Originalmente la serie fue producida por la cadena japonesa en el año 87, pero ante el éxito obtenido, y más bien por lo bien realizada que estaba y lo mucho que aporta su visualizado al género humano, estas otras cadenas decidieron involucrarse en el proyecto y exportarlo en 1989 hacia los demás países. Un acierto por parte de estos medios televisivos, porque la serie es una de las mejores jamás realizadas para TV. Originalmente constaba de 12 episodios escritos y dirigidos por Naoji Ono, Hirohiko Sano, Shiro Takenaka, Masaru Ikeo, Takashi Nakazato, Haruo Sakitsu, Nabuo Isobe y Yukio Yamada, contando con la estupenda voz narradora en su emisión para España de José Martínez Blanco. Parte del éxito obtenido se debe a unos efectos especiales en vídeo, obra de Massaki Sato, Toshiaki Watanabe, Massaki Yamada y Yoshihide Okada, una labor documentalista excelente por parte de Akira Yano y Shinichi Murata, y sobre todo un apartado musical maravilloso, tal es su importancia que aparece el nombre del compositor en los títulos de crédito en primer lugar.

Yoichiro Yoshikawa es el nombre del citado músico. Yoshikawa nació en Sakaide-shi, perteneciente a la prefectura de Kagawa el 8 de octubre de 1957, empezó a tomar lecciones de piano a la edad de 3 años, muy pronto se interesó por los instrumentos electrónicos y la gran variedad de sonidos que estos le proporcionaban. Estudió en la universidad de Kagawa, donde enseguida empezaría a componer pequeñas piezas al sintetizador. Más tarde compondría y arreglaría obras de otros autores para programas o series de televisión de la cadena japonesa NHK, donde prácticamente ha desarrollado toda su carrera. La música del compositor la podemos enmarcar dentro de las composiciones New Age, mezclada con una escritura de piano clásico de sonido muy agradable y etéreo.

Comenzó esta partitura con el gran tema de los títulos de crédito, una maravilla donde un motivo de sintetizador, acompaña el movimiento circular de la Tierra, a continuación es la orquesta de cuerdas la que nos lleva por este terreno ensoñador mediante una interpretación portentosa del motivo principal iniciado por el sintetizador, una joya.

Encontramos temas de lo más diversos, como el dedicado al pico del Himalaya K2, un dinámico movimiento, donde domina una batería pop de alegres toques, secundada por una melodía preciosa que interpreta el sintetizador imitando los sonidos de la orquesta. A destacar también dentro de este tema el adelanto musical previo a la introducción del fraseo central, de unas notas interpretadas por el corno inglés muy notorias. No menos logrado es el dedicado a la Aurora Boreal, donde un motivo apacible y sereno de sintetizador desliza una melodía preciosa, que nos hace mantenernos en estado de calmada paz. Con este movimiento en derredor sin evolucionar, casi como si se tratara de una pieza minimalista, consigue Yoshikawa su propósito. Prosigo comentando el tema de la Patagonia, un simpático y divertido motivo en el que el sintetizador parece a veces imitar los chasquidos de dedos y sonoridades acuáticas.

Al tratarse de un autor japonés no podía faltar la utilización de instrumentación oriental, como por ejemplo en el tema de título “Kynpoe”.  En él escuchamos percusión propia de su país, acompañada de un motivo de nerviosa sonoridad interpretado por el koto (instrumento de cuerda japonés), acabando el tema con esa sensación de vivacidad y brío, esta vez a través de la incursión de un violín de acelerados acordes. Evocador y casi mágico resulta ser el tema titulado “Nube”, ello es logrado con los efectos electrónicos de los teclados. Un tema de escucha placentera que eleva el alma a lugares insospechados.

La melodía dedicada a los 380 millones de años de edad de la tierra, es la única enteramente interpretada por la orquesta. En un estilo clásico, donde el chelo introduce el fraseado principal del mismo, en el que la cuerda es su principal valedor y que es acabado como si de una pieza barroca se tratara, es decir con cadencias de las cuerdas, que van apagándose de manera muy bonita lentamente.

Aparecen otros temas con clara influencia de la localización de los diferentes países que visita la serie. Podemos vislumbrar lo dicho en “Fiesta del fuego”, en el que una instrumentación de cariz brasileño, se funde con los teclados. Podemos escuchar tambores y demás instrumentos casi carnavalescos y muy festivos. O más expresamente, en uno de mis temas favoritos, el de nombre “A Dream of Aku Aku”, una genialidad del compositor en la que una melodía de bellas cuerdas es el eje central de la pieza, secundada por percusión de manera ejemplar. Como he dicho, una delicia musical que uno no se cansa de escuchar. Encontramos otros temas hipnóticos, como el dedicado a los cráteres de la luna, de una sonoridad misteriosa muy acertada, o de instrumentación diversa como guitarras y piano, este último muy presente en el comienzo del tema “Nebraska”, para pasar a continuación a una orquestación pop donde la batería alcanza una importancia subliminal, al igual que un solo de violín de bonita melodía.

En definitiva, una obra ejemplar cargada de hermosas melodías a reivindicar, igual que a su autor. Por desgracia para el aficionado es muy difícil de poder escuchar, en primera instancia porque el cd, que fue editado por Emi, es imposible de adquirir a día de hoy, y después porque a pesar de ser una de las mejores series documental jamás realizadas, nunca se ha vuelto a reponer en TVE y tampoco ha sido editada en formato dvd o bluray. Por supuesto y obvia decirlo, que el sello discográfico de RTVE igualmente no se ha dignado a reeditar el cd, así es que resulta casi imposible disfrutar de esta serie y de su maravillosa música, a no ser que, como es mi caso, se tenga el cd editado en 1988 en Japón, o por suerte se grabaran los episodios en vídeo.

Patrick Doyle Cenicienta.

Nueva versión del clásico de Cenicienta, ésta vez dirigida por Kenneth Branagh. En esta ocasión el británico no aparece como actor, lo que beneficia al devenir de la cinta, en mi opinión Branagh sobreactúa en muchos de sus papeles, véase Frankenstein (1994). Como director, tampoco es que sea uno de los grandes, pero se defiende con oficio en muchas de sus producciones, sobre todo en las dedicadas a obras de Shakespeare, por ejemplo Henry V (1989). Últimamente los gustos cinematográficos del director están cambiando hacia otro tipo de films, como la acción basada en comics, Thor (2011), o esta nueva versión del cuento de Charles Perrault. O quizás sea que ha tenido que cambiar de estilo hacia uno más comercial, viendo que sus adaptaciones de clásicos de la literatura inglesa ya estaban un poco desfasadas. Sea como fuere, para esta nueva cinta Kenneth contó con un guión bastante bien elaborado, obra de Chris Weitz, al igual de un buen elenco actoral que sacan lo mejor de sí mismos para ofrecernos unas adecuadas interpretaciones. El papel principal recae en la figura de Lily James, estando genialmente acompañada de la estupenda Cate Blanchet, como la malvada madrastra. Encontramos también los nombres de Helena Bonham Carter, Derek Jacobi, Stellan Skarsgård,  o el ahora algo olvidado Ben Chaplin. Cuenta a su vez con una fotografía de colores muy vivos firmada por Haris Zambarloukos, y sobre todo con una partitura musical de Patrick Doyle que ayuda de manera singular al devenir de la historia, mejorándola si cabe.

Uno de los aciertos de Branagh ha sido contar en su películas con el compositor escocés, sin duda un beneficio muy sustancial hacia su obra. No es que éste sea el mejor de sus trabajos en conjunto, no llega a la altura de las anteriormente mencionadas, pero si es verdad que dentro de una apatía musical de la que adolecían las últimas obras de Doyle, en esta que nos ocupa parece ser que ha levantado un poco el vuelo, ofreciéndonos una partitura muy bella y de orquestación maravillosa, en la que encontramos Waltz, Polkas y temas de bailes de salón, todos ellos geniales, acompañados de temas más dramáticos utilizados para el acontecer de la historia.

Comenzando con un tema principal en el que las flautas y los violines nos introducen una melodía preciosista de tono pausado, muy útil para las imágenes que acompaña, pero en el que no podemos vislumbrar un motivo que se nos quede grabado, como sí pasaba en obras por el estilo del compositor como La Princesita (1995). El cd editado por Walt Disney Records, contiene 30 temas del score en los que podemos descubrir cortes muy interesantes como “The Great Secret”, donde la estructura musical se sustenta en un solo de violín muy bello y el piano, secundados por una suave instrumentación de cuerdas, un tema delicioso y delicado. Ese tono se deslizará casi durante todo el metraje, creando en el espectador una apacible sensación de bienestar, sólo truncada en ocasiones por el motivo asociado a la madrastra, en el que escuchamos cuerdas misteriosas y a veces amenazantes. Dentro de la música que Doyle escribió a modo de Waltz, podríamos destacar el corte “Life and Laughter”, un tema muy logrado con una bonita melodía, donde la cuerda interpreta con maestría los acordes. Otro por el estilo es “Valse Royal”, utilizado para la escena del baile, algo más movido que el anterior y en el que aparecen instrumentos de viento acompañando a la cuerda como la flauta. De igual manera encontramos temas como: “La Valse De L’Amour”, “La Valse Champagne” o “La Polka de Paris”, los dos primeros de refinada elegancia y el último de divertida y movida melodía.

En la parte más dramática destacaremos temas los temas “Orphaned” y “The Stag”. El primero conteniendo una melancólica muy visible, donde el piano destaca sobre los demás instrumentos, al igual que la cuerda lleva un motivo de apesadumbrados acordes y en el que a su vez podemos escuchar un leve fragmento de voces, casi inaudible. El segundo sigue por esa línea, pero esta vez es el solo de violín y el piano en un principio, los que a continuación incorporan una sección más movida, casi un tema de acción que terminará otra vez mediante la flauta y cuerdas muy suaves, en un contenido dramatismo.

En contraposición, el motivo dedicado al personaje de Blanchet apenas aparece, dando más importancia el compositor a los dedicados a Cenicienta, su evocador entorno, y a bailes y reuniones palaciegas. En resumidas cuentas, es esta una obra aceptable que sitúa la acción de manera muy acertada, con temas de bonitas melodías pero que resulta muy lineal. Ninguno sobresale con especial relevancia, y si es cierto que la melodía dedicada a la protagonista es muy bella, no evoluciona hacia ninguna parte, quedando monótona e incompleta. También echo en falta más presencia de cortes dedicados a la maldad de la madrastra, apenas tocados por Doyle, y si es verdad que ha evolucionado respecto a anteriores obras en las que se le veía más apagado, ésta no la incluiremos entre sus mejores scores. Eso sí, la música está impecablemente bien orquestada e interpretada por la London Symphony Orchestra.

Especial Semana Santa.

1959
Ben-Hur

Impresionante obra maestra de William Wyler galardonada con once Oscar, en la que todo es destacable. La maravillosa e impoluta dirección de Wyler, un maestro inconmensurable del cine, pasando por un guión de lujo, obra de Karl Tumberg, sobre la novela de Lewiss Wallace, la cuidada fotografía de Robert Surtees, y el gran trabajo de los actores. El film fue una nueva versión del anterior, de 1925, de Fred Niblo, al que superó con creces y que puede ser considerado como el mejor de todos los tiempos, perfecto en todos sus campos. Extraordinariamente protagonizado por Charlton Heston en el papel de Judá (uno de los mejores de su carrera); secundado lujosamente por Jack Hawkins (El ídolo caído, de 1948; Tierra de faraones, de 1955; El puente sobre el Río Kwai, de 1957; aquí como Quinto Arrio), Stephen Boyd (Viaje alucinante y La Biblia, de 1966; La caída del Imperio Romano; que borda su papel de malvado Messala) y Haya Harareet (actriz israelita, introducida en esta película por primera vez, en Hollywood; que cuenta con papeles como el de La tercera llave, de 1961, y Hombres que dejan huella, de 1962; pero que no llegó a triunfar, siendo recordada por su excelente papel en Ben-Hur). Otras grandes interpretaciones son las de Hugh Griffith (Éxodo, de 1960; Rebelión a bordo, Tom Jones), Sam Jaffe y Finlay Currie (en su papel del rey mago Baltasar).
Habiendo obtenido doce nominaciones a los Oscar, ganó once de ellos: mejor película, director, actor principal (Heston), actor secundario (Griffith), montaje, fotografía en color, dirección artística, vestuario, sonido, efectos especiales y —como no podía faltar— mejor música original, no siendo galardonada con el de guión adaptado (que también lo merecía).
Sinopsis:
Judá Ben-Hur recibe la visita de su amigo romano de la infancia, ahora convertido en un gran soldado dispuesto a manejar con mano de hierro al pueblo de Israel, pidiendo para ello la ayuda del hebreo. Por supuesto, este último se niega en redondo a prestarle tal ayuda, desencadenando la ruptura de la amistad, y provocando un tremendo odio en Messala hacia su persona. Con motivo de la llegada del nuevo gobernador romano a la zona, se produce un desgraciado accidente al desprenderse fortuitamente unas tejas de la terraza en la que Judá observa el desfile, que hacen caer al gobernador del caballo. Pronto Messala aprovechará la ocasión para vengarse, no sólo del príncipe judío, sino de toda su familia, encarcelándolos aún a sabiendas de que no eran culpables. A partir de ahí Judá es llevado a galeras, donde rema durante años esperando el momento para salir de allí, volcar todo su odio en Messala y vengarse de él. La oportunidad que estaba esperando le llega durante una batalla marítima, en la que su barco se hunde, salvando el judío al general al mando (Quinto Arrio). Éste lo adopta como su hijo librándolo de galeras, y Judá vuelve a su tierra en busca de venganza, encontrándola a través de la carrera de cuadrigas en la que Messala muere. Para que no le falte nada también encontrará a su madre, a su hermana y a su amada; recuperando su fe en Dios, gracias a un personaje al que él ya había visto con anterioridad, cuando fue llevado por el desierto hasta galeras y estando agotado, ese hombre le había dado a beber. Ahora se lo encuentra en distintas circunstancias, portando la cruz en la que va a ser crucificado; y Judá le ofrece agua, como años antes había hecho el otro hacia su persona. Este hombre es Jesús de Nazareth (Jesucristo).

Miklós Rózsa compuso aquí la obra más grande y perfecta jamás escrita para el cine, creando unos temas que alcanzan el esplendor absoluto y que son interpretados, también de forma modélica, por la magnífica orquesta de la Metro Goldwyn Mayer.

Comento la partitura tema por tema.

-Overture:
Majestuosa introducción en la que se puede escuchar, a modo de suite, partes de casi todos los temas que sonarán a lo largo del score. Una gran obertura acorde con el film para el que está escrito.

-Of Bethlehem:
Tema con coros de aire místico, que es de una belleza y exquisitez insuperables, para el nacimiento de Jesús, y que tiene ese toque grandilocuente en su melodía.

-Adoration of The Magic:
En esta pieza se oye una variación del pasaje anterior, compuesta para la adoración de los Reyes Magos, que acaba en una elaborada inserción de la sección de cuerda (que lleva el peso melódico). Pasaje genial.

-Prelude (Main Title):
Tema central del film que introduce los títulos de crédito. Una verdadera obra de arte, que pone la piel de gallina, de fuerza desmesurada en la utilización de los metales, la percusión y la sección de cuerdas, en la que Rózsa se explaya, mostrando todo su talento como compositor.

-Marcia Romana:
Potentísima marcha romana, que simbólicamente resalta la grandeza del ejército romano, con el debido uso de metales y percusión, resultando un tema maestro (como todos los de Ben-Hur).

-Ring For Fredom:
Este pasaje subraya uno de los mejores momentos del film; y yo diría sin duda, que es el mejor momento de su apartado musical. Situemos la historia. Nos encontramos en la escena en la que la hija de un esclavo de Judá le pide la libertad para casarse con su prometido. Judá se la concede, tomando su anillo a cambio, prometiéndole que lo llevará hasta que encuentre a la que ha de ser su esposa. Los sentimientos de los dos protagonistas salen a la superficie de genial manera, por medio de una auténtica maravilla musical que escribió Miklós, un tema de amor, interpretado al principio con un extraordinario solo de violín (de lo mejor que he escuchado en mi vida), que va subiendo progresivamente en intensidad (al mismo ritmo que la escena que acompaña), con la melodía interpretada de forma mágica, con la primacía de las cuerdas. En esa melodía de amor, la escucha de los violines, tocados de modo exquisito, y con mucho refinamiento, por la orquesta, te hace amar la música, y ver lo grande que es este arte sonoro, siendo imposible no emocionarse ante este tipo de pasajes musicales que nos muestran el alma del artista. Sólo por este insigne tema, vale la pena escuchar la partitura.

-Salute For Gratus:
Golpes persistentes de tambores y redobles prolongados, reciben al personaje de Gratus en su entrada a Jerusalem.

-Gratus, Entry To Jerusalem:
Es la continuación del pasaje anterior; una marcha solemne de mucho vigor, que advierte al espectador del poder de este personaje y de Roma en general.

-The Desert:
En esta pieza toma la música un cariz más cuadrigas, mediante este grandioso y monumental tema, que acompaña a Judá por su calvario por el desierto, con una melodía que expresa auténtico sufrimiento, de una inusual fuerza orquestal fuera de lo corriente.

-Exhaustion:
Cuando el personaje protagonista ya no puede más cayendo desfallecido y pide que le den de beber, se escucha otro motivo en la línea del anterior corte, de inmensa calidad y de mucha tensión, que acompaña la escena con elegancia y la hace mejorar en alto grado.

-The Prince of Peace:
Judá rindiéndose, se abandona a su suerte pero, de repente, un hombre le da de beber, recuperando el preso el ánimo, y adquiriendo fuerzas renovadas, al mirar a esa persona y en parte también por el agua. Para expresar todo esto, Rózsa emplea un tema dotado de gran misticismo, cuya audición nos hace elevar el alma hasta alturas celestiales, y que es el dedicado a la figura de Jesús, personaje al cual no se le verá la cara en todo el film, pero del que sabemos de su presencia cuando suena dicha melodía.

-Roman Gallery:
Pasaje de estridente melodía. En él Miklós, de manera magistral, adecuó la música al movimiento de los remeros, y nos muestra el impresionante ejército naval romano.

-Salute for Arrius:
Fanfarria de escasa duración, dedicada a la entrada en el barco del general Arrio.

-The Gallery (Rowing of The Gallery Slaves):
A partir de este pasaje se suceden una serie de temas de acción dedicados a la batalla naval, que te dejan perplejo en su ejecución, por lo elaborados y perfectos que son. El primero de ellos, y más destacado, es aquel en el que la música fluye a la misma vez que los esclavos de galeras se mueven y van subiendo su ritmo de remada, en una genial y maravillosa sincronización entre la música de la escena y los movimientos de los presos, que nos transmite el dramatismo y el sufrimiento de los condenados; y supone una verdadera obra maestra de sabiduría en la composición musical para cine (muchos compositores actuales quisieran llegar hasta estas cotas inalcanzables para ellos).

-Battle Preparations, Parts 1 and 2:
La introducción de metales da paso a una pieza de acción, de altísima brillantez y altísimo lujo orquestal, con poderosas características en su melodía. En ella podemos escuchar el motivo de la melodía central del score, al igual que el tema relacionado con Jesús cuando inexplicablemente, en la hora de la batalla, Judá es desencadenado por orden de Arrio.

-Attack!:
Gran tema de acción, que continúa el anteriormente aparecido, nuevamente con un uso supremo de la orquesta. Se hace una virtuosa interpretación del xilófono, entre golpes majestuosos de metales y percusión, acompañados en todo el pasaje por unas cuerdas que permiten alcanzar este grado máximo de expresividad.

-Ramming Speed!:
Pieza que subraya la secuencia en la que piden a los esclavos que remen con todas sus fuerzas para alcanzar la nave la mayor velocidad posible cara a hundir su espolón en los barcos enemigos; completando escenas que contienen una gran carga dramática, al ir cayendo todos los remeros exhaustos, incluso llegando algunos a morir debido al esfuerzo. Para recoger estos acontecimientos, Miklós (con la misma maestría que Wyler ha filmado lo sucedido) compone una dramática melodía de acción, que no tiene desperdicio alguno, de las mejores del autor en este tipo de música.

-The Battle, Parts 1, 2 and 3:
Pasaje de auténtico nervio, poseedor de melodías que suenan con ritmo desenfrenado, no al alcance de muchos compositores, con geniales y milagrosos golpes de percusión y una escritura en sus cuerdas de verdadera maestría, en un crescendo compositivo que lleva al oyente casi a la extenuación musical, todo ello mediante una interpretación de la orquesta como no he oído nunca.

-Rescue:
Nos situamos en la escena en la que Judá salva la vida a Arrio, manteniéndose los dos en un trozo de madera en el mar al caer del barco durante la batalla. Se suaviza aquí la música, adquiriendo una momentánea tranquilidad, punteada por un solo de oboe, hasta que los dos personajes avistan un barco que supone la salvación o la muerte de ellos, según del bando que sea.

-Victory Parade, Parts 1 and 2:
Entra Arrio en Roma victorioso de la batalla, con Judá a su lado, acompañados por una gran marcha triunfal, que ya aparecía con anterioridad en el film Quo Vadis?, pero que aquí es desarrollada más profundamente, dotándola el compositor de mayor fuerza que la que poseía su antecesora.

-Arrius, Party, Parts 1 and 2:
Esta pieza es la música que se escucha en la fiesta ofrecida en casa de Arrio, lugar donde éste va anunciar la adopción de Judá como su hijo. Melodía de vientos, con acompañamiento de pandereta, que imita a las músicas que se podían haber escuchado en la antigua Roma.

-Nostalgia:
Pasaje en el que se escucha el motivo principal de manera nostálgica y que se desarrollará, de manera más explícita, en el siguiente corte.

-Farewell:
Desarrollo del anterior corte en una triste melodía de cuerdas, acompañadas con punteos de arpa, para la escena en que Judá comunica a Arrio que tiene que volver en busca de su familia.

-Return:
Regresa Judá a su tierra y descubre que su madre y hermana viven, pero que son leprosas. Suena un motivo que se identificará, a partir de ahora, con el Valle de los Leprosos; y a continuación, otro dramatizado motivo, de desesperada melodía cierra la escena.

-Promise:
Resurge con un pausado solo de violín el love theme, cuando Judá ve de nuevo a su amada y le dice que todavía lleva el anillo en el dedo, en clara referencia a que ella es la mujer que ha de ser su esposa (en una escena muy romántica); tomando después la música un moderado dramatismo y abatimiento, que es el que sufre el protagonista en esos momentos, al estar alegre por encontrar a su amor, pero a la vez un poco desolado al ver el triste destino de su familia.

-Sorrow and Intermission:
Música que adquiere un claro cariz vengativo en sus bruscas sonoridades, que indica el fin de la primera parte del film, mediante una elevación majestuosa de la melodía, que nos informa de lo que Judá quiere hacer en breve: vengarse de Messala por todo el mal que le ha causado.

-Fanfare For Circus Parade:
Fanfarria de metales dedicada al circo donde van a correr las cuadrigas. Es una introducción de corta duración.

-Circus Parade (Parade Of The Charioteers):
Continuación del anterior pasaje donde se explica, mediante una música de metales espectaculares y percusión magistral, la grandiosidad del evento.

-Valley of The Lepers:
Volvemos a escuchar el demoledor y arrollador tema dedicado al Valle de los Leprosos, cuando Judá llega a ese lugar para coger a su madre y a su hermana y llevárselas de allí. Esta pieza es de una gigantesca maestría; no necesitamos ni ver la escena para saber lo que está ocurriendo en la película, porque la música sola nos lo expresa.

-The Search:
Continuación del anterior corte para la escena en la que Judá busca a sus familiares en el interior de la cueva donde están los leprosos, acompañado en toda la pieza por ese motivo que se asocia con la lepra, hasta que los encuentra, sonando a continuación de manera exaltada el tema central del film, que después se convertirá en una melodía de gran dramatismo, cuando ve a su hermana moribunda.

-The Procession To Calvary:
Colosal composición que acompaña la escena en la que Jesús lleva la cruz a cuestas hasta el monte para ser crucificado, con una melodía principal cargada de misticismo, entremezclada con un progresivo dramatismo, que va creciendo en intensidad según crece el sufrimiento de Jesucristo en su calvario. Nueva muestra de pieza auténticamente magistral.

-The Bearing of The Cross:
En este pasaje se volverá a escuchar el tema de la escena anterior, con el mismo tono que imperaba en él, pero conteniendo más fuerza, lo que se logra a través de grandes golpes percusivos.

-Recognition:
Pieza confeccionada para la escena en la que Judá reconoce en Jesucristo al hombre que le había dado agua en el desierto cuando él estaba preso. En la que suena por unos instantes el llamado «tema de Jesús», cuando cae al suelo por el esfuerzo de transportar la cruz, y Ben-Hur se acerca entre el gentío y le ofrece agua para que beba, intentando devolverle el favor que ese buen hombre le hiciera en el pasado.

-The Miracle:
Suena nuevamente el motivo místico relacionado con Jesús, cuando éste muere en la cruz y milagrosamente la madre y la hermana de Judá sanan de su enfermedad, punteado todo el fragmento por el uso casi religioso de campanas, subrayando una escena en la que la curación de las dos mujeres es un momento mágico de emoción.

-Finale:
Pieza en la que suena el tema central muy suavemente, transmitiéndonos el músico que, para Judá todo ha vuelto a la normalidad, porque nuestro protagonista ha recuperado su fe. Inmediatamente después reaparece el motivo de «Jesús», también de forma suavizada, al que seguirá una bella variación de la melodía principal de la película con oboes y luego otra vez el tema principal con coros, interpretando un aleluya que pone al oyente el vello de punta y que es capaz de emocionarnos hasta altos extremos, de igual manera que todo este score.

Sobra decir que como esta obra tiene un largo número de temas, yo he comentado aquí los más significativos.

Como ya he dicho, estamos ante la mejor partitura musical de la historia del cine. Bella, majestuosa, cargada de un muy conseguido misticismo religioso, resulta una completa obra de arte, que ganó muy merecidamente el Oscar a la mejor música.

De esta composición existen numerosas ediciones en disco.

Está, por ejemplo, la editada en 1987 por el sello CBS, en la que encontramos 40 minutos de partitura, repartidos en 14 temas.

Decca lanzó en 2010 un doble cd. En el primero habían 13 temas de Ben-Hur, conteniendo el segundo Quo Vadis? Y Julio César; dirigiendo la dos primeras partituras Rózsa, y la última Bernard Herrmann.

Doce temas encontramos en el segundo disco de la edición de 2006 del sello Dutton Vocalion, porque el primero está constituido por Quo Vadis?.

Aparece igualmente, la edición de Emi Records, en 1996, con los mismos 14 temas de la edición de CBS.

También tenemos la edición de Turner Classics Movie Music, que editó la más completa de las mencionadas hasta el momento, con 78 minutos de música, dividida en 36 temas, de fácil adquisición a día de hoy y buen precio.

En el mismo año 1996 Rhino sacó a la venta la mejor versión, en un doble cd, conteniendo la partitura completa de 2 horas y 27 minutos, a lo largo de 88 temas, con libreto incluido en su interior.

En 2012 vio la luz la edición de Film Score Monthly, en cinco cds. Los dos primeros, con la partitura completa, en 64 temas (son los mismos temas que aparecían en la anterior edición comentada, pero aquí concentrados). El tercero contiene la versión de Carlo Savina, al frente de la Orquesta Sinfónica de Roma, de 40 minutos de duración y con temas de música alternativa, que no tiene la maestría de ejecución en las cuerdas que tenía la original. El cuarto es el álbum grabado por Eric Kloss, conteniendo también temas alternativos. El quinto alberga el segundo volumen de la grabación de Kloss, al igual que temas alternativos y bonus tracks. Esta edición en mi opinión, está un poco saturada; aun así es muy interesante, incluyéndose dentro un libreto muy cuidado, como todos los del sello.

Menciono también la edición de Hallmark del 2010; y la realizada en 2014 por Intrada, en The Excalibur Collection, con algunos de los temas para coros, interpretados por el Winchester Cathedral Chamber Choir, y dirigidos por Allan Willson y George Castle (este último también interpreta al órgano).

No me olvido tampoco de la edición de London Records de 1985, que contiene 13 temas.

Sonny Clasical en 2010, volvió a reeditar la edición que había lanzado Rhino en 1996, de dos cds.

De 1991 es la edición de Sony Music Special en dos cds, con 93 minutos de duración, divididos en 33 temas, grabados por Carlo Savina con la Sinfónica de Roma.

Richard Muller-Lampertz dirigió a la Hamburg Orchestra and Chorus, para la edición del sello Soundtrack Listenes. Cuatro temas de esta misma versión se encuentran en la edición de Varése Sarabande de 1986, junto a temas de otros filmes.

No quiero olvidarme de la edición del sello Victor de 1987; y la de la edición pirata Aldebaran de 1995 en tres cds, que contiene la partitura completa con la inclusión además de temas alternativos, de 3 horas y 13 minutos.

Y ya por último,citaré una suite de 6 temas (junto a otros temas del compositor), dirigida por Rumon Gamba, al frente de la BBC Philharmonic, para el sello Chandos que editó en 2014.

Extraído del libro Miklós Rózsa: Una vida, dos pasiones, T&B editores.

 

1961
King of Kings (Rey de Reyes)

Superproducción de Samuel Bronston para la Metro Goldwyn Mayer, sobre la vida de Jesús de Nazareth, con dirección de Nicholas Ray (55 días en Pekín; Rebelde sin causa, de 1955; Johny Guitar, de 1954; entre otras muchas grandes películas). Con guión de Philip Yordan y un gran reparto formado por Jeffrey Hunter (habitual en filmes de John Ford como El sargento negro, de 1960, o Centauros del desierto, de 1956), Hurt Hatfield (El estrangulador de Boston, de 1968; Sin sombra de sospecha, de 1947), Siobhan McKenna (Servidumbre Humana 1964), Robert Ryan (Doce del patíbulo, de 1967; El día más largo, de 1962; Conspiración de silencio —de 1955, quizá su mejor papel, interpretando a un cobarde racista, en este gran film de John Sturgess, director de La gran evasión o Los siete magníficos, y que cuenta con una excelente música de Andre Previn—). También tienen un pequeño papel Orson Welles, Viveca Linfords y algunos actores españoles al ser rodada en nuestro territorio, como por ejemplo, Carmen Sevilla (Los amantes del desierto, de 1957; Secretaria para todo, de 1958), Conrado San Martín (Gritos en la noche, de 1962; Los Mercenarios, de 1961; El Coloso de Rodas, de 1968) o Fernando Sancho (Lawrence de Arabia; y visto interpretando a mexicanos en infinidad de títulos del oeste como La hora del coraje, de 1968, o Tu cabeza por mil dólares, también de 1968).
La película tiene numerosos fallos y no es de las más logradas sobre el tema, pero se deja ver bien y tiene momentos aceptables. Entre sus fallos está la elección del personaje de Jesús en Hunter, un actor verdaderamente muy agraciado, pero al que en mi opinión, no le va el papel.
En 1927 Cecil B. Demille realizó un film sobre el mismo tema llamado El Rey de reyes, en el que se basan algunas de sus escenas.
Lo mejor de la cinta es, sin duda, la maravillosa composición musical que hizo Rózsa, de grandes melodías, y de gran contenido místico, merecedora de una nominación al Globo de Oro.
Sinopsis:
Historia sobre la vida de Jesucristo, contada a través de la representación de numerosos hechos biográficos mencionados en la Biblia.

Una nueva obra maestra de Miklós, de exorbitante belleza.

Al igual que hice con Ben-Hur voy a comentar algunos de sus temas más importantes.

-Overture:
Presentación del score mediante un tema interpretado por coros, con sonidos de campanas, que deriva hacia un pasaje interpretado por cuerdas de bellísima melodía. Se recupera al final, el sensacional e imponente motivo central, otra vez con coros.

-Prelude:
Metales y percusión anuncian una impresionante melodía acompañada de coros, que será el mismo tema principal de técnica depuradísima, en otra muestra más de que Miklós era único para crear melodías de pura belleza.

-Roman Legions:
Marcha de metales y percusión para presentar las legiones romanas.

-The Elders-Sanctuary:
Tema de gran energía creativa que comienza con tonos místicos, para después convertirse en una melodía más agitada.

-The Scrolls- Subjugation:
Variación del pasaje anterior, que como aquél, derivará hacia melodías de mayor acción.

-Road To Bethlehem-The Nativity:
Escuchamos aquí el tema de Jesús de forma muy ralentizada, con hermosos interludios de oboe; finalizado con un motivo interpretado con coros de singular belleza para el nacimiento de Cristo.

-The Slaughter of Innocents:
En esta pieza para la muerte de los niños varones ordenada por Herodes, suena una variación del tema central de aire más dramático y oscuro, que al final evolucionará hacia una melodía de acción, perfectamente orquestada.

-Joseph And Mary:
La escena en la que vemos a los padres de Jesús en su huida con el niño, está acompañada por solos de oboe del motivo principal, tocados dulcemente.

-Pontius Pilate´s Arrival:
Para la llegada de Pilatos a la ciudad, el músico incorpora sonoridades muy sólidas, a través de percusión y metales, que dan a entender el poderío político y militar del personaje.

-Revolt-Barabbas, Escape:
Para la escena de la revuelta guerrera de Barrabás y el posterior escape, trepidantemente musicalizada, el autor incluye ritmos obsesivos con incorporación de numerosos golpes de platillos, que claramente mejoran una secuencia no tan brillante.

-Baptism of Christ- Sadness And Joy:
Podemos escuchar para la escena en la que Juan bautiza en el río a Jesús, ese tema de tono místico que acompañará al personaje hasta su conocido final en la cruz. La melodía está acompañada de geniales coros, que dotan al mencionado pasaje de una inmensa fuerza interior. A continuación un bellísimo solo de chelo da paso a otro hermoso solo de violín de la melodía principal.

-The Last Temptation of Christ:
Pieza de larga duración en la que podemos escuchar variaciones de los dos temas principales con dramático contenido, según varía la escena, destacando el pasaje por la incursión de un enigmático motivo de cuerdas para la tentación de Jesús.

-Herodes Feast:
Aparece un tema de aire oriental para la fiesta en la corte de Herodes de gran melodía, donde Rózsa demuestra nuevamente, como erudito que era, el gran conocimiento que tenía de las músicas antiguas.

-Miracles:
Melodía dramática en su comienzo acogiendo luego el motivo de Jesús, interpretado astutamente por las cuerdas introduciendo finalmente coros mágicos para la escena de los milagros del hijo de Dios.

-Mary Magdalene-Answer from a Stone:
Para la escena del apedreamiento de María Magdalena aparece el tema de Cristo, pero de forma altisonante; tomando tintes más dramáticos, cuando Jesús, para salvar a la mujer de una muerte segura, habla al gentío y le dice que el que esté libre de pecado tire la primera piedra.

-Woman of Sin:
Pieza en la que se reintroduce la melodía principal con oboe, de manera muy delicada y bella; para acto seguido, ser tocada en un solo de violín, que dará paso a la interpretación de la misma por la sección de cuerda, con frases de arpa completando el pasaje.

-Salome´s Dances:
Exótico tema interpretado por vientos con vivaz percusión y pandereta, de aires étnicos, que recuerda a algunos motivos de ciertos pasajes de El ladrón de Bagdad.

-Mount Galilee-Sermont on the Mount-Love Your Neighbor:
Suenan aquí más majestuosamente que la vez anterior, los dos temas centrales, acompañados de coros, que hacen de este pasaje un tesoro. Incluye esta pieza además otras bellas melodías, que se suavizarán cuando Jesús se dispone a dar su sermón en un monte de Galilea, siendo escuchado por todos los presentes, quedando embelesados por la bella oratoria de este hombre y por el amor que transmiten sus palabras.

-The Lord´s Prayer:
Melodía esta de sonoridades más tristes y melancólicas en su comienzo, sostenidas por los coros, que progresivamente van subiendo en intensidad, uno de los mejores temas del score.

-The Disciples:
Gran corte dedicado a los discípulos de Jesús de melodía luminosa y positiva al principio, que se torna después un poco sombría cuando la escena se detiene en la figura de Judas; para seguidamente volver a recuperar ese claro tono optimista.

-Entr´Acte:
Para el intermedio de la película suenan variaciones señoriales de los principales temas del film.

-Jesus Enters Jerusalem- A tempest in Judea- Defeat- Phalamx-False Promise-The Last Supper-The Feast of Passover:
Larguísimo pasaje que comienza con una formidable melodía de enérgicas sonoridades y que representa un tema de acción sólidamente apoyado en los metales y la percusión (mediante diferentes golpes), con una orquestación a una gran altura. Más adelante cuando la escena se torna más reposada aparecerán dramáticos motivos de tono pesimista. Después se escucha el tema de Jesús en otra nueva aparición interpretado por oboe, de una elegante belleza; para terminar con una melodía religiosa interpretada por los coros.

-Agony in The Garden- Kiss of Judas:
Tema de reprimido dramatismo (creado para el sufrimiento de Cristo en el Monte de los Olivos en espera de lo detengan), que estalla repentinamente en la percusión, para recuperar luego el tono dramático del inicio y que irá subiendo gradualmente en intensidad, hasta que llegue el momento en el que Judas lo entregue.

-Via Dolorosa-Christ Bearing His Cross:
Pasaje que acompaña la escena en la que vemos a Jesús portando la cruz por la Vía Dolorosa hacia su muerte. La secuencia está muy bien musicalizada, con un tema muy dramático, que va adquiriendo progresivamente una mayor intensidad; pero puestos a escoger, personalmente, a mí me gusta más el que escribió para la misma escena bíblica de la muerte de Jesucristo en Ben-Hur, mucho más logrado, aunque éste es muy bello.

-Last Words of Christ-Golgotha-The Pieta-The Sepulcher-Resurrection
Miklós acompaña las últimas palabras de Jesús en la cruz, de forma dramática, mediante un tema en el que el peso melódico recae en las cuerdas. Una melodía que expresa misterio, a la escena en la que las mujeres encuentran el sepulcro vacío; seguida después por coros majestuosos que interpretan el tema principal, para remarcar la resurrección de Cristo.

-Epilogue:
Otra vez entran los coros en acción. En este sentido ésta es la partitura más rica en melodías corales de todas las compuestas hasta ese momento por Rózsa, que aquí se utilizan para dignificar la figura de Jesús, acompañadas por golpes de platillos finales.
Una banda sonora redonda y maestra del compositor, que ha tenido varias ediciones en disco.

Comienzo por la de Emi de 1990, que contenía 16 temas y estaba acompañada por La historia más grande jamás contada, de Alfred Newman.

La mejor de todas ellas es sin duda, la editada en 2002 por Rhino Music, en doble cd, conteniendo 43 temas, en 2 horas y 13 minutos de duración.

Del año 1992 es la edición de Sony con 75 minutos, a lo largo de 26 temas.

Seis temas se incluyen en la versión de Varése de 1986, de la que hemos hablado con anterioridad en Ben-Hur.

En el disco número 12 del Miklós Rózsa Treasury aparecen 16 temas, de 42 minutos de duración, con temas alternativos y no utilizados que suman 35 minutos añadidos a los anteriores, haciendo un total de 78 minutos.

Siete temas aparecen en el recopilatorio del sello Prometheus Miklós Rózsa Film Music Vol. 1, junto al score Ben-Hur y El Poder.

Por último cito la edición del 2014, de Intrada, en la que se versionaban temas con coros, dirigidos por Allan Willson.

Extraído del libro Miklós Rózsa: Una vida, dos pasiones, T&B editores.

 

1965

La historia más grande jamás contada.

Irregular film sobre la vida de Jesús de Nazareth dirigido por George Stevens, David Lean y Jean Negulesco, con guión de James Lee Barrett (Novela: Fulton Oursler). La producción ya desde su comienzo tuvo problemas, se atestigua lo dicho por la incursión en el film de tres directores totalmente opuestos, y continuó con una elección del Jesús no muy adecuada. Max Von Sydow fue el encargado de meterse en la piel del hijo de Dios, y no es que el actor sueco sea un mal interprete, al contrario es un actor excelente, que cuenta con interpretaciones extraordinarias a lo largo de su carrera, como por ejemplo la que realizó para El exorcista (1973). A partir de esta equivocada elección, contamos con pequeños papeles de muy insignes artistas, como John Wayne, haciéndose cargo del papel del centurión que ve morir a Jesús en la cruz y otros muchos sin ningún tipo de sentido. Encontramos en su reparto a Charlton Heston, Claude Rains, José Ferrer y un amplio elenco de estrellas de la época, que no por serlo hacen mejorar la película.

Sin embargo la música de esta superproducción resulta ser una de las grandes obras maestras de la música cinematográfica. Escrita por el genial Alfred Newman (1901-1970), uno de los pocos compositores netamente americanos que trabajaron durante la Edad de oro de Hollywood, y uno de los grandes de todos los tiempos. Newman era el mayor de diez hijos. A los cinco años empezó a tocar el piano de manera autodidacta, y más tarde tocó dicho instrumento en restaurantes y cafés para así poder ayudar a su familia. Cuando la industria de Hollywood se convirtió en la mayor productora de cintas del mundo, necesitaban innumerables trabajadores de todos los ramos, entre ellos el musical, Alfred decidió probar suerte dentro del cine. Desde finales de los años 20, el compositor trabajó para los estudios, ya fuera como pianista, arreglista, orquestador, director o componiendo temas sin acreditar. Ya sería en los años 30 cuando Newman destacó plenamente en la composición, gracias  a sus colaboraciones con John Ford, como Huracán sobre la Isla (1937), una partitura trepidante. Trabajó con los mejores directores de la época en grandes títulos como Cumbres Borrascosas (1939), o La canción de Bernadette (1943). Después el maestro pasó a ser jefe del departamento musical de la Twenty Century Fox, creando un sonido en sus composiciones y en los arreglos de obras ajenas, donde la cuerda sobresalía sobremanera, siendo de un color muy preciosista: la denominada “Cuerda de Newman”. A su vez dio la oportunidad de conocerse a jóvenes compositores y a otros colegas de edad, recomendándolos para varias cintas, como es el caso de David Raksin, Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith (en Los valientes andan solos de 1962). Newman se mantuvo en la Fox hasta los años 60, cuando la abandonó, realizando sus últimos títulos para diferentes estudios. Durante sus años en activo, que llegaron hasta el año de su muerte, Newman consiguió 45 nominaciones a los Oscar, ganándolo en 9 ocasiones. Fue uno de los más grandes compositores de la historia con un estilo muy marcado inigualable e inconfundible. Decir también que su familia se dedicó al igual que él, al mundo del cine. Sus hermanos Emil y Lionel realizaron todo tipo de encargos dentro de la industria, siempre en el apartado musical. Hasta el día de hoy el apellido Newman se ve continuamente en los cines, mediante las composiciones de los hijos de Alfred, Thomas y David, su sobrino Randy y ahora su nieta Joely Newman.

Para esta ocasión el maestro compuso una obra de alto contenido místico, como pedía la historia. Un tema dedicado a Jesús, a modo de adagio, que en su comienzo recuerda al “Adagio for Strings” de Samuel Barber. Un tema realmente excepcional que aúna misticismo y tristeza por igual, donde “la cuerda de Newman” se escucha en todo su esplendor. Una joya musical que utilizaría el compositor a lo largo del film como leitmotiv.

Lamentos corales y flauta acompañan a Jesús en sus meditaciones con Dios, unos momentos donde sobresalen por su belleza los cánticos interpretados por voces femeninas.

El compositor utilizó dentro de la orquesta muchos y variados instrumentos étnicos para resaltar la zona geográfica, insertándolos maravillosamente bien con el resto de la orquesta sinfónica. Panderetas, campanillas y demás se fundían dentro de una orquestación exquisita. Como ejemplo el tema de la natividad, donde se pueden escuchar dichos instrumentos, seguidos por un toque de flauta realmente magistral que se acompaña de un suave y bello canto de mujeres, y como no de la cuerda, que nos mantiene en un estado de tranquilidad casi hipnótico.

Dentro de estos cortes podemos oir de vez en cuando un leve motivo amenazador de metales, que nos adelanta los fatales acontecimientos que le esperan a este personaje.

El score se basa en el tema de Jesús que aparece de forma bellísima en sus días en Egipto por ejemplo.

En la composición no hay ni una sola nota dedicada a los romanos, como se hicieran en obras del estilo. Newman, en lo que fue un acierto, sólo escribió música para el personaje y su entorno. Para María su madre o María Magdalena, escuchamos temas con la voz femenina como principal sustento realmente maravillosos, que son un contrapunto al tema dedicado a Jesús. Estos aparecerán a lo largo del film en distintas variaciones, que se irań haciendo más dramáticas conforme avance la historia. Temas de auténtica maestría compositiva, que dan fe de lo extraordinario de este autor.

Encontramos algún que otro motivo de acción, pero de leve duración, para resaltar acontecimientos más movidos, pero en definitiva lo que predomina en la obra es una sensación de misticismo y paz interior majestuosa, como en el tema “Los lirios del valle”, donde una guitarra con acompañamiento de una delicada escritura de cuerdas nos mantiene en una sensación placentera.

Un esplendido aleluya acompaña la resurrección de Lázaro, que vuelve a aparecer en las escenas de la resurrección y ascensión de Jesús, un majestuoso tema lírico en el que por vez primera durante toda la composición se introducen las voces masculinas junto a las femeninas, que habían sido hasta entonces utilizadas para retratar a la dos Marías y para dignificar la bondad y la paz del personaje principal.

Cabe destacar que el compositor recibió la ayuda en los temas corales de Ken Darby (1909-1992), compositor, orquestador y sobre todo arreglista estadounidense que trabajó junto a Newman en algunas de sus últimas composiciones, como esta que nos ocupa o la sensacional La conquista del Oeste (1962). Con su grupo Ken Darby Singers, interpretó numerosos éxitos de la época como”Blanca Navidad”, al igual que intervinieron cantando en películas como El mago de Oz (1939) o algunas producciones animadas de Tom y Jerry. Darby fue profesor de canto de Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias (1953) y There’s no business like show business (1954).

Como anécdota hay que citar que en la cinta también podemos encontrar música de Hugo Friedhofer y Fred Steiner. Al ser un film de 200 minutos y sobre todo por la incursión de tres directores diferentes, se produjo este hecho. Eso sí, la aportación de estos dos últimos compositores fue ínfima, no en cuanto a calidad, sino en extensión.

Quiero mencionar, a modo de anécdota también, que cuando suena el tema de Jesús de manera más alegre y movida, insertó Newman un pequeño motivo que tiene cierta similitud con el que compusiera años más tarde, concretamente en 2001, Howard Shore en El Señor de anillos: La Comunidad del anillo, me refiero al tema dedicado a la valentía de la recién formada comunidad del anillo.

En definitiva una joya maestra que se vio recompensada con una merecida nominación al Oscar, entre otras cuatro que recibió el film. Donde causa sensación el misticismo religioso aplicado por el maestro, a pesar de no ser creyente y que ya daría muestra de el en La canción de Bernadette o La túnica sagrada (1953).

Dentro de sus ediciones en disco, de las muchas y buenas que se han realizado, recomiendo la que editó en 2001 Varése Sarabande. Una edición de lujo en tres cds, el primero conteniendo el álbum original lanzado en los años 60 y los dos siguientes, con la música completa tal como aparecía en el film, con Alfred Newman dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de la Metro Goldwyn Mayer.

 

1977

Jesús de Nazaret.

Película televisiva coproducida por Gran Bretaña e Italia, dividida en dos grandes capítulos, dirigida por Franco Zeffirelli, autor de grandes títulos dentro de la cinematografía italiana e internacional. Sin duda es una de las mejores cintas dedicada a la figura de Jesús, magníficamente puesta en escena por el director, que coescribe también el guión junto a Suso Cecchi d’Amico y Anthony Burgess. Uno de los aciertos del film radica en el acertado casting, empezando por la precisa elección de Robert Powell como Jesús, a mi juicio la más lograda de las interpretaciones que se hayan hecho del personaje. Powell es un actor británico apenas visto en algunos papeles como Refugio Macabro (1972), film de la productora especializada en terror Amicus, o en Tommy (1975) del siempre polémico Ken Rusell. Dentro del reparto encontramos estupendas actuaciones a cargo de Anne Bancroft, James Mason, Rod Steiger, Michael York y un inmenso cartel en el que hay nombres como el de Claudia Cardinale o Fernando Rey, todos ellos genialmente escogidos. Recibió entre muchas otras nominaciones, 6 a los premios Bafta.

Maurice Jarre se encargó de componer la partitura musical, creando una obra muy noble que se encuentra entre lo mejor de la obra para el cine del autor francés.

Empezó con un tema principal de auténtica maestría, que dignifica al personaje y sirve de colorido apoyo de la zona geográfica. Con una orquestación portentosa, resulta uno de los más logrados de este esplendido autor. En el insertó, dentro de la orquestación tradicional, instrumentos étnicos, como el santur (instrumento de cuerda percutida), la cítara (instrumento de cuerda proveniente de Europa central, recuérdese la genial interpretación de este en El tercer hombre por Anton Karas en 1949, o el ugab (flauta larga vertical de sonido oscuro, que era utilizada por los pastores).

Creó un tema misterioso para la anunciación, donde las ondas martenot (instrumento electrónico inventado en 1928 por el compositor y chelista francés Maurice Martenot y muy utilizado por compositores como Jarre o Elmer Bernstein)  llevaban el peso de la composición, un motivo que no deja al oyente indiferente, de muy bella factura en su acabado, en el que la flauta coge entonces el testigo de las ondas martenot, creando un ambiente único.

Uno de los mejores temas es el del bautismo, alegre y movido, en el que la flauta y la cuerda mantienen un pulso interpretativo de quilates.

Escribió Jarre otros temas más dramáticos, en el que la cuerda, sobre todo violines, violas y chelos, llevan el peso compositivo, como por ejemplo el de la entrada en Jerusalén, que empieza de esta manera, para continuar mediante la incursión del oboe, con un motivo lamentativo realmente precioso.


Lógicamente el tema principal se usa a lo largo del film, en diferentes ocasiones y con diferentes variaciones.

El personaje de Salomé, tiene a su vez uno de los temas más bonitos del score, donde la flauta interpreta un motivo suave y elegante.

Uno de los temas que más me gustan, es el llamado en el disco “Beatitudes”, una magnífica narración lamentativa a cargo de Pino Colizzi, con una música a modo de adagio, realmente espectacular, en el que la cuerda va subiendo poco a poco en intensidad hasta llegar a una exaltación grandilocuente del tema central del film, auténticamente maestra.

Como he comentado, las ondas martenot tienen un papel muy importante en este score, utilizándolas para dar sensación de misterio, como en el  comienzo de la escena del milagro de los peces. Una melodía que se torna a continuación más positiva y festiva, conforme se desarrollan los acontecimientos.

Un tema estridente y de fuerte orquestación es utilizado por el compositor para la escena de la crucifixión. En ella la percusión y los metales dan paso al motivo del tema central, pero con un tono oscuro muy recurrente. Uno de los temas más largos, que a mitad del mismo se vuelve más dramático y triste, a la par que vemos el sufrimiento del personaje en la cruz, y el de las mujeres que lo quieren. Una escena espléndidamente tejida por Zeffirelli, que nos llega muy adentro, y que como no, ayuda a ello el bellísimo y triste adagio que compuso el maestro francés, que incluso acompañó con leves toques de ondas martenot, una joya.

Ya para acabar, resaltar la música para la escena de la resurrección. Un corte donde se vuelve a introducir las ondas martenot, para dar esa sensación de misterio, muy lograda, que acompañan a las mujeres en su camino hacia el sepulcro. La música adopta a continuación un tono solemne y enardecedor, cuando abren el mismo y se encuentran con que el cadáver de Jesús ha desaparecido, terminado con la irrupción del tema principal.

Una magnífica obra que por suerte podemos disfrutar escuchando sus dos ediciones en disco. Una editada en 1996 por RCA records, de 11 temas de contenido, en la que Jarre conducía a la National Philarmonic Orchestra y Sidney Sax como maestro de concierto.

La otra la sacó a la venta el sello italiano Legend en 2010, siendo esta una edición más completa que la anterior. Contiene 18 temas con una duración de 53 minutos y un libreto con mucha información. Por ponerle un pero, que es limitada a 2500 copias.

 

1988

La última tentación de Cristo.

Film dirigido por Martin Scorsese, que ahonda en la vida de Jesús de Nazaret. Contada bajo un prisma totalmente opuesto a todo lo que habíamos visto hasta entonces sobre el personaje, la cinta se apoya sobre todo en un buen guión de Paul Schrader, basado en la controvertida novela del griego Nikos Kazantzakis. Visualmente la película es muy potente, gracias a una genial fotografía de Michael Ballhaus y sobre todo por unas escenas bastantes impactantes. En cuanto a los actores, William Dafoe se encargó de interpretar al personaje principal, secundado por Harvey Keitel, Barbara Hershey o Harry Dean Stanton, entre otros.  Recibió una nominación al Oscar al mejor director y como curiosidad también fue nominada en la categoría de Peor Actor Secundario, en los premios Razzie, Keitel fue el afortunado.

En su apartado musical, Scorsese contrató al músico pop Peter Gabriel.  Nacido en Chobham, Reino Unido el 13 de Febrero de 1950, Gabriel es más conocido por pertenecer al grupo de Rock Génesis, del que era vocalista. Más tarde probó suerte en solitario, lanzando varios discos al mercado con desigual suerte. A su vez compuso la música de algunas películas, sin ser un especialista, como su primera Birdy (1985) de Alan Parker, ésta que nos ocupa y un par de ellas más en los años 2000.

 

Gabriel no es un compositor consumado, así que en estas incursiones se defendió aceptablemente bien. Compuso un tema principal en el que el duduk (instrumento de viento originario de Armenia, utilizado por infinidad de compositores para reflejar el mundo Árabe; Armand Amar es uno de los compositores que más lo utiliza en sus obras) era su principal valedor, acompañándolo de percusión y una leve incursión de los sintetizadores. En general es un buen tema, que refleja el ámbito geográfico y a su vez la tensión de la historia que nos va a contar el director, resultando hacia su final extremadamente obsesivo.

Escribió el compositor temas al sintetizador, vanguardistas, que insertó a lo largo del abultado metraje, y que quedaban bastante bien con las escenas que estamos viendo en pantalla.

Otros de tono evocador para reflejar la figura de Jesús, donde el compositor usó el sintetizador para conseguir dicho tono, mezclándolo con una instrumentación pop en la que sobresalía la percusión.

Hay en el score un aire místico, reflejado en algunas escenas como la de la resurrección de Lázaro, en la que Gabriel mezcló el sintetizador y el duduk de manera muy eficiente, sin dejar atrás esa percusión obsesiva que acompaña a casi todos los temas de la obra. En el mismo tema se escuchan también sugerentes cantos lamentativos de estilo árabe.

Otros cortes de extrañas sonoridades interpretados por el sintetizador, son usados para acompañar las escenas más raras y controvertidas, una escritura por parte de el compositor muy adecuada para reflejar lo que vemos en pantalla.

Escuchamos un motivo, podríamos llamarlo de amor, compuesto para la relación de Jesús con María Magdalena, en el que el oboe interpreta una melodía bonita pero de aire muy triste.

Uno de los mejores temas es “Stigmata”, de aire místico, interpretado por cuerdas de estilo árabe, sintetizadores que se mantiene en suspensión, dando aire de misterio, y una voz masculina, arábiga que nos mantiene en reflexión durante toda su duración.

Ya finalizando el score, oímos un corte de suaves sonoridades, que transmite tranquilidad,  y que hasta entonces no habíamos podido percibir en la composición. En ella un bello motivo de flauta acompañado por sintetizador, resulta ser su principal sustento compositivo.

En definitiva, una obra aceptable en la que el sintetizador es su principal valía, al igual que la percusión obsesiva que aplica el autor para darnos la sensación del tremendo debate interno que sufre el personaje. También para el entorno geográfico aplica la inserción del duduk, violin  y voces árabes  quedando excelentemente bien entremezclados con el sonido etéreo del sintetizador. Como digo, una obra aceptable a pesar de no ser un compositor de cine propiamente dicho.

En cuanto a la edición en disco, en 1989 Real World- Virgin editó la banda sonora en 1989, conteniendo 21 temas, los mismos que contenía la reedición de 2010 del mismo sello.

 

2004

La pasión de Cristo.

Desde que Mel Gibson se pusiera a dirigir, nos ha dado obras de mucha calidad. Ya desde su magnífica El hombre sin rostro (1993), Gibson demostró su valía como director. A continuación llegaría su gran obra maestra Braveheart (1994), y ya no se pondría tras las cámaras hasta el film que nos ocupa. Gibson es un ferviente devoto Cristiano, miembro incluso del Opus Dei y también de los llamados Kikos, de ahí los siete u ocho hijos que tiene, ya he perdido la cuenta, no es de extrañar que quisiera plasmar en pantalla la historia de Jesús. No se puede decir que su apuesta no fuera novedosa, cuanto menos, nos ofreció una vuelta de tuerca en lo que se refiere a el tratamiento habitual que habíamos visto hasta entonces en relación a películas del estilo. Imágenes cargadas de alto contenido sangriento, en las que el maquillaje fue una pieza fundamental, incluso recibió una nominación a los premios de la academia de Hollywood; la aparición del demonio que tienta a Jesús; y sobre todo, la grabación del film en los idiomas que se hablaban en la época del personaje en cuestión, Arameo y Hebreo antiguos. Un aliciente que podía haberle salido mal al director, pero que no fue un obstáculo para que la cinta fuera una de las más vistas del año. Esas escenas que comentaba con anterioridad, fueron engrandecidas por el espectacular trabajo de fotografía a cargo de Caleb Deschanel, recompensado con una nominación al Oscar. El guión cargado de violencia explícita, que a más de uno molestó, no es mi caso, puesto que realmente retrató la extrema crueldad con la que se ensañaban los soldados romanos en ese periodo, fue escrito por el propio Gibson, ayudado por Benedict Fitzgerald. Jim Caviezel se hizo cargo de interpretar a Jesús, contando entre su reparto con Mónica Belluci y Maïa Morgenstern, Caviezel esta correcto en su papel ya casi irreconocible, de como lo dejan al pobre.

Uno de los aciertos del actor australiano en todos sus films como director, es la elección del compositor. En todos menos en este del que hablamos, se contrató a James Horner, con estupendos resultados. Una partitura intimista y bella para El hombre sin rostro, esa gran obra épica con tema de amor esplendoroso injustamente no galardonada con el premio Oscar que es Braveheart, o su última cinta hasta la fecha juntos, Apocalipto (2006), en la que Horner intento recrear la música de la época de los mayas, consiguiéndolo mediante utilización de voces, instrumentos y percusión que se pudieron usar en dicha civilización.

Aquí la designación de la composición fue a parar a John Debney, por motivos de agenda de Horner. La verdad, un echo este afortunado puesto que Debney realizó una auténtica joya cargada de simbolismo, que fue recompensada con una justa nominación al Oscar, sin duda su mejor composición hasta la fecha. Nacido en Glendale, California, en 1956, Debney es uno de los compositores que trabajan  habitualmente en Hollywood, con mayor proyección, aunque últimamente se halle un poco estancado. Tiene trabajos excepcionales en su filmografía como son la espectacular La Isla de las Cabezas Cortadas (1995), Dragonfly (2002) con un tema principal de contenida belleza, o más recientemente, su esplendida La verdad de Soraya M (2008), la cual comentaré con detalle próximamente. Debney destacó también en la dirección de orquesta de obras clásicas grabadas para el sello discográfico Varése Sarabande, como por ejemplo la maravillosa y acertada versión que hizo de Simbad y la Princesa (1958) de Bernard Herrmann.

Compuso Debney una partitura cargada de misticismo y momentos oscuros, mezclados con otros de singular belleza. El tema del huerto de los olivos, es resuelto por el autor, con voces femeninas, violines en suspensión que crean misterio y la genial irrupción de un chelo electrónico, de perfecta ejecución por parte de Martin Tillman (chelista y en ocasiones compositor de temas adicionales en obras escritas por Hans Zimmer), un recurso espléndidamente puesto en escena por el compositor, al ser un sonido muy curioso, peculiar y bonito a su vez.

La percusión en conjunción con los coros e instrumentos étnicos como el duduk, aquí maravillosamente tocado por el especialista armenio Levon Minassian y Chris Bleth, son el principal soporte armónico del corte “Bearing the Cross”, dinámico y vistoso a la vez.

Escribió el compositor temas de corte misterioso, como por ejemplo el del arresto de Jesús, en el que la percusión, las voces y los sintetizadores llevan el peso melódico del tema.

Para las escenas de las tentaciones de Cristo, Debney escribió unos temas de aire tétrico, casi de pelicula de terror, para describir las apariciones de un demonio que pone los pelos de punta.

Uno de los temas más bonitos y dramáticos es el compuesto para la escena en la que Pedro reniega de Jesús, en él la flauta interpretada por Ron Allen, desliza un bellísimo interludio, ayudando sobremanera a las imágenes.

En “The Stoning”, la voz de Lisbeth Scott, junto al duduk, voces masculinas y sobre todo el chelo eléctrico de Tillman, crean un ambiente único e irrepetible.

Cabe resaltar también la participación de Pedro Estuache, en la interpretación de diferentes instrumentos de viento del mundo, del que el compositor e interprete venezolano es un consumado especialista.

Encontramos temas coescritos por Debney y Jack Lenz, Debney, Shankar y Gingger o Debney y Lisbeth Scott, esta última encargándose a su vez de la letra de muchos de los temas.

El autor americano compuso temas de extrema belleza y calidad como el de la flagelación, donde las flautas y el chelo eléctrico, con unas cuerdas en segundo plano maravillosas, crean un ambiente místico inigualable.

Sin duda, dentro de estos cortes, el más bonito es el dedicado a la figura de María, la madre del protagonista, cuando ésta ve con impotencia lo que los romanos han hecho a su hijo. Un tema que empieza con la estupenda voz de Scott, continuando con la incursión de una melodía de cuerdas de contenido dramatismo y tristeza, en el que podemos sentir el dolor de la madre, casi sin ver las imágenes, una composición brutal.

De aquí al final del film, escucharemos temas místicos, junto a otros dramáticos, destacando el dedicado a la crucifixión donde las voces van subiendo en intensidad a la par que el sufrimiento de Jesús, todo ello potenciado por la estupenda escritura para percusión. Un corte que hacia su final se vuelve pausado y hermoso, a través de un motivo de flauta muy bonito, y unas cuerdas no menos hermosas, que nos indican la dulzura y buenos sentimientos del personaje, que aún estando sufriendo pide el perdón de sus verdugos.

Acabo el análisis destacando el tema de la resurrección, un corte donde la percusión y las voces, se baten en un duelo interpretativo, acto seguido irrumpiendo un motivo más pausado donde la suave voz de Scott, nos sume en una placentera sensación de relajación.

El score fue interpretado por la London Session Orchestra dirigida por Nick Ingman y The Transylvania State Choir con dirección de Terry Edwards. Cabe destacar la interpretación de los citados solistas junto a la de Tanya Tsarouska en los solos de voz, Aaron Martin en la programación de sintetizadores, Karen Han (erhu, violin chino) y el mismísimo Gibson en la interpretación vocal. Magníficamente orquestada por Brad Dechter, Mike Watts, Frank Bennett y Jeff Atmajian, esta es una obra excepcional.

El sello Sony Music editó la banda sonora en 2004, y más recientemente La-La Land Records se encargó de sacar a la venta el score completo en 2 cd, con bonus tracks y un libreto muy completo que harán las delicias del aficionado, una edición limitada a 10.000 copias de obligada adquisición.

 

2014

Son of God.

Irregular film sobre la vida de Jesucristo, donde el actor portugués Diogo Morgado se metía en la piel del personaje. Ya lo había hecho anteriormente para la serie de televisión sobre La Biblia. La cinta esta dirigida por Christopher Spencer, no destacando en nada a excepción de su partitura musical.

El alemán Hans Zimmer junto a Lorne Balfe, se encargaron de la misma, realizando una pequeña joya que está por encima de las imágenes para las que fueron escritas. ¿Qué se puede decir de Zimmer que no se haya dicho ya?. Comenzó en los años 80 como programador de sintetizadores, por ejemplo en bandas sonoras como El último Emperador (1987), o haciendo lo propio para grupos pop como el español Mecano.

En lo que se refiere a Balfe, es un joven compositor que ha surgido a la sombra de Zimmer, salido de su productora Media Ventures, como muchos otros compositores. Balfe no tiene un estilo propio, pareciéndose todo lo que compone a la música de Zimmer.

Para esta ocasión compusieron, o yo me atrevería a decir compuso, en referencia a que creo que la obra es de Zimmer, una partitura deliciosa, con temas místicos de autentico calibre, potenciados por la voz de Lisa Gerard, también acreditada como compositora en esta bso.

Temas realmente conseguidos como “In the beginning”, donde el sintetizador junto a instrumentos étnicos, consiguen un estado que dignifica y hace parecer un poco mejor la cinta. Un tema maravilloso y grandilocuente.

Dentro de la instrumentación étnica, encontramos temas cuya utilización es clave en el desarrollo de narración fílmica. Flautas que suenan de manera excelente, conjuntamente con los sintetizadores (creando un ambiente sugestivo) y cuerdas.

Sin duda el mejor corte del score es “Faith”, un portento que hace al oyente amar la música de Zimmer.  Introducido por los sintetizadores de manera misteriosa, estos dan paso a un motivo envolvente, que nos deja extasiados por su belleza, en el que el sintetizador interpreta una melodía muy bella, acompañado casi inaudiblemente por voces, que van creciendo en intensidad, al igual que el motivo de sintetizador, hasta estallar en un motivo de voz femenina interpretado maravillosamente bien por Gerard. Este motivo, que pone la piel de gallina, es secundado por una escritura de percusión portentosa, que va calmándose paulatinamente hasta llegar a un desarrollo lamentativo de voz y cuerdas, cargado de un misticismo religioso muy conseguido. Una de las mejores joyas musicales del compositor alemán.

A partir de aquí poco se puede decir, ya que este tema ensombrece a todos los demás. Se utilizará con pequeñas variaciones a lo largo del film, al igual que otros temas donde la percusión, los instrumentos étnicos, los sintetizadores y la entrada pausada de las voces van dando color a esta genial partitura.

El tema principal, “In the beginning”, será a su vez versionado con la voz de Gerard en diferentes ocasiones.

Se pueden escuchar otros cortes más dramáticos que acompañan a Jesús, donde la cuerda sobresale magníficamente conjugada con los sintetizadores.

En definitiva una genial composición de belleza inusitada.

Se puede apreciar su valía en el disco que editó en Febrero de 2014 el sello Universal-Republic, conteniendo 13 temas.

 

 

 

La leyenda del pianista en el Océano. Ennio Morricone.

En 1998 el director italiano Giuseppe Tornatore se atrevió a rodar esta cinta totalmente en inglés. Una obra redonda en todos sus aspectos, desde impecable dirección, pasando por un guión muy bien elaborado por parte de Tornatore, basado en una novela de Alessandro Baricco. La fotografía de Lajos Koltai, no fue menos; hermosa y de coloridos muy vivos, ayudó sobremanera al film. Este húngaro tiene títulos muy atractivos en su filmografía como: Cuando un hombre ama a una mujer (1994), Malena (2000) o la hermosa Evening (2007), con score de Jan A.P.Kaczmareck, en la que se puso tras las cámaras. El polifacético Tim Roth fue el actor protagonista, en este un papel bastante conseguido, estaba acompañado por Pruitt Taylor Vince, Mélanie Thierry y Peter Vaughan. Como no podía ser menos en una cinta dirigida por Tornatore, Ennio Morricone se encargó de componer la partitura, ayudando y mejorando la película sustancialmente. Habitual en sus relaciones profesionales, la conjunción de imágenes con la música resulta portentosa, regalándonos momentos inolvidables, como ya en anteriores ocasiones nos habían proporcionado, una simbiosis muy beneficiosa para el Séptimo Arte.

El film versa sobre un niño que es criado dentro de un barco de pasajeros, y el descubrimiento de su innato talento para la música, desarrollado en una interpretación del piano maravillosa y cómo utiliza este instrumento para expresar sus sentimientos.

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Ennio Morricone, nacido en Roma el 10 de noviembre de 1928 y todavía en activo, escribió este score, como hemos dicho. Morricone empezó su carrera en el mundo de la radio y televisión, arreglando y dirigiendo obras de otros compositores. Estudió en la prestigiosa Academia Nacional de Santa Cecilia, desarrollando una importante y fecunda relación con el cine. Con una obra que comprende más de 500 composiciones para el medio cinematográfico y televisivo, Morricone no nos deja de sorprender en cada uno de sus nuevos trabajos. Obras tan extraordinarias, como las colaboraciones con su amigo Sergio Leone, pasando por films eróticos en donde la inconfundible voz de su inseparable Edda Dell’Orso nos sumía en un estado placentero, hasta composiciones tan admirables como La Misión (1986), o sus últimas obras maestras, como esta que vamos a comentar. Actualmente se dedica a ofrecer conciertos de su música por toda la geografía, tuve la suerte de poder verlo por última vez en febrero de 2014 en el París-Bercy. Un concierto en el que curiosamente se proyectaba un documental sobre su vida y obra antes del mismo, siendo abucheado por la parroquia francesa al ver que no salía, un hecho que me dejó atónito y que no había visto en ninguno de los diferentes conciertos que he podido presenciar del maestro.

El compositor romano recibió por este score el Globo de Oro a la mejor música original, y no es para menos. Es ésta una obra lírica, de inusitada belleza, a veces melancólica y que entremezcla un agudizado toque de Jazz, muy acorde con lo que vemos en pantalla. Una obra maestra sólo al alcance de unos pocos genios, como es el caso de este insigne autor.

Creó Morricone un tema principal de esos que dejan huella, donde un suave toque del arpa, introduce la melodía. Trompetas con sordinas, de clara referencia jazzistica, dan paso a un motivo de extrema belleza y melancolía, en el que la viola de Fausto Anselmo nos deleita con su presencia. El tono de la música va en crescendo, incorporándose toda la orquesta al unísono, en la que sobre todo la cuerda lleva el fraseado central del tema. Una delicia en la que las trompetas e instrumentos de viento también tienen un papel destacado. Hacia el final de la composición, la música se calma, pudiendo escuchar el motivo central otra vez con el arpa, acompañado de suaves cuerdas y de unos fraseados jazzisticos de clarinete muy logrados. Una auténtica joya musical que acompañaba la llegada del barco a Nueva York, cuando los inmigrantes divisan la Estatua de la Libertad y crecen sus esperanzas.

De sobra es sabido que este tema será utilizado por el compositor como leitmotiv del score, lo oiremos mediante variaciones en muchas escenas, como por ejemplo en una de mis favoritas. Se trata de cuando un equipo discográfico se traslada al barco para que el artista grabe una piezas para ellos. En pantalla vemos a Roth comenzando a interpretar el piano de forma nerviosa y dinámica, para a continuación volverse más delicada y hermosa, cuando el protagonista vislumbra a través de la ventanilla del camarote a una joven de cara angelical que le deja totalmente embelesado. Roth no deja de mirarla, sin posar la vista ni una sola vez en el teclado. Magistralmente llamado” Playing Love”, se trata de una variación a piano delicada del tema central, una escena magistral en la que la conjunción de música e imágenes llega a un zenit insuperable, puro cine.

La interpretación del piano a cargo de Gilda Butta, una habitual del maestro romano acompañándolo en todos su giras, resulta maravillosa durante todo el metraje, al igual que la orquesta Accademia Musicale Italiana, también usada con asiduidad por Morricone.

Dentro de esa orquestación a veces con aires de Jazz o Blues, nos encontramos principalmente con trompetas, piano y alguna inserción del clarinete, en diferentes pasajes de la obra, adecuados para describir la época en la que se desarrolla la acción. Resaltar entre estos los duelos interpretativos, que tienen el personaje de Roth y Jelly Roll Morton, que sube al barco para que midan sus fuerzas. Algunos de ellos escritos por el propio Morton o Scott Joplin, autores de la época.

Una de las mejores escenas es en la que el joven interpreta el piano plasmando en música el pensamiento y sentimientos de algunos de los presentes en el baile del salón sólo con mirarlos, como si de un compositor de cine se tratara.

Podemos decir que el tema anteriormente mencionado de la aparición de la chica, será a su vez el tema de amor. Un amor un poco raro, porque el apenas llega a hablar con ella y la chica casi ni intuye su presencia, pero él está prendado por su belleza y no dejará de amarla.

Pero su amor verdadero es el barco. Incluso no se atreve a bajar del mismo, en ninguno de los puertos en los que atracan. Solo una vez hace el esfuerzo de salir, para buscar a su amada, dando marcha atrás y volviendo a su mundo. En las escenas finales, en las cuales se disponen a hundir el trasatlántico después de una larga vida, tampoco saldrá nuestro protagonista de él. Se acompañan estas escenas con música de aire triste y melancólico, que brota de dentro del personaje. Morricone supo imprimir una belleza en sus notas que nos hace volar por unos instantes de nuestros asientos.

Pero sin duda, el mejor de estos temas que reflejan el estado de Novecento es el llamado “The Crisis”. Un tema interpretado al piano, muy lentamente en su comienzo, acto seguido incorporándose con maestría una suave orquestación de cuerdas de escritura extraordinaria, acabando como empezó, con el piano como principal valedor, y que nos sume en la extrema soledad y tristeza de este personaje tan peculiar.

Una obra maestra indiscutible, de entre las muchas que ha escrito este genio musical llamado Ennio Morricone, y las que nos quedan por venir.

Sony Classical sacó a la venta el disco de este score en 1999, conteniendo 21 temas maravillosos. A su vez se editó otro, también del sello Sony, en Italia, en el que se podían escuchar 8 temas más, que suponían alrededor de 20 minutos más de música. Por desgracia este cd resulta hoy en día muy difícil de adquirir, a no ser que sea por un alto precio, aún así es muy recomendable. En los dos se incluía la canción del tema central del film interpretada por Roger Waters, que escribe también la letra, y que contenía solos de guitarra de Edward Van Halen.

El buscavidas.

Excepcional cinta del año 1961, dirigida con mucho oficio por Robert Rossen. Autor de obras tan importantes como Alejandro el Magno (1956) o Lilith (1964), Rossen realizó aquí su gran obra maestra. Cuenta el film con un guión muy bien elaborado por parte del mismo director, junto a Sidney Carroll, basado en una novela de Walter Tevis. Desde su maravillosa fotografía en blanco y negro firmada por Eugene Shuftan, pasando por la impecable dirección y sobre todo unas actuaciones portentosas de todo su elenco actoral, podemos decir que esta película es una de las grandes joyas cinematográficas de la historia. Protagonizada magistralmente por Paul Newman, en una de sus mejores actuaciones, y secundando no menos genialmente por Jackie Gleason, como el mítico “Gordo de Minnesota”, George C.Scott, bordando su papel de rastrero sin escrúpulos, o una estupenda Piper Laurie. El film recibió 9 nominaciones a los Oscar, entre ellas a todo su cartel protagonista antes mencionado, siendo galardonado con dos estatuillas menores a la mejor fotografía en blanco y negro y mejor dirección artística.

Sinopsis:

Un joven jugador de billar frecuenta locales de segunda fila para poder ganarse unos dolares, pero pronto, queriendo ser proclamado como el mejor jugador, reta al campeón, “El Gordo de Minnesota”. Su arrogancia y impaciencia hacen que pierda esa primera tentativa, pero el joven no cesa en su empeño y vuelve, al tiempo, a retar al campeón, esta vez a través de interminables horas de partidas, lo vence, perdiendo por el camino a su novia, una solitaria mujer alcohólica.

El encargado de componer la partitura musical, fue Kenyon Hopkins. Nacido en Kansas en 15  de enero de 1912 y fallecido en Nueva Jersey el 7 de abril de 1983, Hopkins fue un compositor que basó su obra en sonoridades de Jazz, trabajando desde muy temprana edad en pequeñas formaciones que interpretaban este tipo de música. Tuvo incursiones esporádicas en el mundo del cine, destacando esta obra que nos ocupa, la obra maestra de Sidney Lumet 12 hombres sin piedad (1957) y The Fugitive Kind (1959), escribiendo a su vez numerosas obras de Jazz y hasta alguna partitura de concierto de estilo vanguardista como son sus dos Sinfonías. Dentro de sus scores para la imagen, donde más se prodigó fue en el medio televisivo, componiendo música para infinidad de series como East side/West side (1963), Hawk (1966) o Mannix (1970-73). Kenyon trabajó también como arreglista y conductor en títulos como El fuego y la palabra (1960), donde dirigió temas sin recibir acreditación, con score de Andre Previn.

Como era de esperar aplicó el compositor un score jazzistico, plagado de una escritura de aires vanguardistas soberbia. Un solo de batería abre el tema principal, seguido de un motivo de saxofón alegre y dinámico que llevará el peso del tema hasta su finalización.

Para el personaje del gordo de Minnesota escribió un tema movido, al igual que el anterior, pero esta vez dominado por la trompeta, la batería y trompetas con sordina, que nos ofrece y descubre la personalidad  de este hombre.

Sarah, la compañera del protagonista, tiene su propio motivo musical, utilizando una de las frases del tema principal, en la que el saxofón tocado de manera impecable es acompañado por un piano muy sugerente. Un tema que nos resulta sensual en ocasiones.

Como se ve el saxofón, el piano y la batería son los instrumentos que dominan esta banda sonora. Los podemos escuchar en casi todos los cortes de la misma.

Hay temas dramáticos, asignados al alcoholismo de la chica y a la vida a veces marginal que lleva nuestro protagonista; en ellos Hopkins introduce la cuerda junto a unos leves acordes de clarinete, que resultan del todo adecuados.

En las escenas de las partidas se puede escuchar un acompañamiento musical más pausado en un principio, que se vuelve más frenético conforme avanza el juego y crece la intensidad y los nervios de los jugadores.

El personaje interpretado por Scott, tiene un tema más denso y oscuro al igual que su personalidad, que entremezcló maravillosamente el compositor en la escena en la que atrae con bebida a Sarah, con el motivo seductor de ella. Este es uno de los mejores momentos de la cinta, tanto visual como musicalmente. Hopkins utiliza de maravilla ese juego musical entre los dos temas, el amenazante del personaje de Scott y el seductor y casi embriagador de la chica, que acabará en la violación y posterior suicidio de ella.

De aquí al final, el personaje de Newman se vuelve más melancólico todavía si cabe, echándose las culpas de lo ocurrido con Sarah. Se muestra esta aflicción en la escena en la que se proclama campeón tras horas de juego. Es entonces cuando el compositor, en vez de aplicar un tema triunfalista o alegre, aplica una melodía decadente y apesadumbrada que nos mete de manera ejemplar en la mente atormentada del personaje. Esta misma sensación es la que nos encontramos en el final, donde podemos escuchar el tema principal del film, pero de manera más nostálgica y triste, espléndidamente dibujado en un cambio de registro portentoso por el saxofón. Si en el primero sonaba optimista, en este final ha sufrido un cambio radical, acaecido por las consecuencias fatales de la trama.

En definitiva, una obra muy interesante por parte del autor, que nos sumerge de lleno en los oscuros ambientes de la salas de billar y el mundo irreal en el que vive el protagonista.

Por suerte disponemos del score en edición discográfica, a través del disco que sacó a la venta en 2012 el sello Él -Cherry, conteniendo 15 temas de la partitura original, interpretada por músicos habituales de Hopkins como: Phil Woods, Phil Bodner, Jerome Richardson o Romeo Penque. El disco se acompaña de la música de Duke Ellington para el film de 1961 París Blues, y algunos cortes de Alex North de su score para El largo y cálido verano (1958), una oportunidad única para escuchar buena música de Jazz.

Nuevo libro sobre Miklós Rózsa editado por T&B .

En abril saldrá a la venta Miklós Rózsa: Una vida,dos pasiones, editado por T&B. Se trata de una obra escrita por Antonio Piñera, que repasa pormenorizadamente las composiciones para el cine, como las de concierto del autor húngaro. Un libro que espero haga justicia a este sublime maestro, y guste tanto a los incondicionales del compositor, como a los aficionados a la música de cine en general. Suerte.