Henry Mancini. Sed de mal.

Obra maestra del cine dirigida por Orson Welles, en un alarde de técnica inconmensurable. Welles firma a su vez el guión, basado en una novela de Whit Masterson, e incluso se reserva uno de los papeles principales de la trama. Como digo, todo es destacable en esta cinta, su fotografía en blanco y negro, a cargo de Russell Metty, resulta maravillosa para retratar ese ambiente malsano y decadente callejero. La película cuenta con actuaciones todas ellas perfectas, como la del propio director, interpretando a un policía corrupto que opera en el borde de la frontera mexicana, un Charlton Heston genial como agente mexicano totalmente opuesto al personaje de Welles y, cómo no, Janet Leight, fabulosa también dando vida a la esposa de Heston. Akim Tamiroff y Marlene Dietrich bordan sus pequeños papeles. Hay que destacar también la incursión de Joseph Calleia, Mercedes McCambridge, Joseph Cotten y Zsa Zsa Gabor, conformando un elenco actoral del que muchos directores de la época les hubiera gustado disfrutar. Curiosamente, aunque se trata de una joya del séptimo arte imperecedera, no recibió ninguna nominación a los premios Oscar, injustamente por supuesto.

Sinopsis:

Un agente mexicano de narcóticos llega a la frontera con USA junto a su mujer, justo en el momento en el que hace explosión una bomba en un coche. Pronto intentará dilucidar quién es el responsable, a pesar de la obstaculización del jefe de policía local.

Henry Mancini compuso la banda sonora de esta cinta de 1958, en una de sus primeras incursiones en el cine como compositor en solitario. Hasta entonces había compuesto varias cintas junto a otros autores, o incluso sin acreditar en pantalla. Welles le dio la oportunidad a un joven Henry, el cual no desaprovechó la ocasión, firmando una de las numerosas obras maestras que realizó para el cine.

Comienza la partitura con un tema maestro para una escena maestra, se trata del inicio del film, donde vemos el movimiento de un coche, seguido en todo momento por el “detective” Mancini, una joya comenzada con ritmos de mambo, a través de una percusión propia de este estilo, en la que se la van uniendo instrumentos y formas jazzisticas, como el saxofón y demás, se trata de un tema sincopado con el devenir del coche, que en unos instantes va a explosionar, mediante la utilización de la música como si de una cuenta atrás del reloj de la bomba se tratara.

Al desarrollarse la acción en la frontera con México, éste tono latino acompañará el desarrollo del score hasta su final. Encontramos en la obra temas de blues, con utilización de guitarras y sobre todo saxofón muy movidos y desenfadados, que el compositor asocia con los jóvenes rebeldes y descerebrados que salen en pantalla.

Otro motivo más relajado, con piano, trompeta y saxofón dedicado al personaje interpretado por Zsa Zsa Gabor, cuando es visitada por el comisario corrupto, Welles, un tema de jazz cien por cien.

Hay un tema dedicado al personaje de la gitana interpretado por la Dietrich; suena a través de una pianola, un corte recurrente y cargado de añoranza, por lo que esa mujer fue de joven y ha perdido. Este motivo asociado a su personaje reaparece en pantalla cada vez que vuelve a aparecer la actriz alemana.

Mancini también escribe temas de corte misterioso, dedicados a las indagaciones y pesquisas del personaje de Heston, con violines e instrumentos tradicionales de la orquesta, que suenan transmitiéndonos dicha sensación, a veces mezclados con esa percusión latina, como el de nombre “Flahsing Nuisance”.

La música diegetica tiene un papel muy importante en este score, hay infinidad de cortes que son escuchados en el film a través de radios, pianos etc, que a su vez sirven como desarrollo narrativo de la cinta, ayudando a su funcionamiento considerablemente, el compositor era un maestro en eso.

Hay un tema al saxofón dulce y delicado que es dedicado al personaje de Leight, bonito y de escucha agradable, al igual que esa percusión latina fusionada con motivos jazzisticos, de auténtica destreza compositiva digna de un autor más experimentado en la asociación de la música con la imagen, digamos más veterano, pero es que Henry era ya desde sus comienzos un veterano, curtido en musicalizar infinidad de películas de serie B para los Estudios Universal.

Escuchamos de igual manera temas de rock, insertados en el desarrollo evolutivo del score, seguidos de otros cortes jazzisticos que hacen de esta obra una maravilla, de escucha muy satisfactoria para el oyente o visualizador del film.

Hay que destacar el tema en el que se presagia la muerte del comisario local, en la que el maestro vuelve a incluir una variación portentosa del tema principal, con la percusión latina, un toque recurrente y esplendoroso de xilófono, todo ello acompañado de un motivo de saxofón que se va adentrando poco a poco entre la percusión, que suena ya casi obsesiva. También se insertan leves toques de guitarra y una trompeta con sordina que suena genialmente bien. Una joya de siete minutos de duración, en la que la percusión se va volviendo cada vez más obsesiva y rítmica si cabe, a la vez que el personaje de Welles es acorralado en las apestosas y sucias riveras del río, unas escenas magistralmente rodadas por el director, que nos da otra lección de cómo filmar una película, todo ello magnificado por otro genio llamado Henry Mancini.

El score está interpretado de manera eficiente por la The Universal-International Orchestra, bajo la batuta del entonces director musical habitual, Joseph Gershenson, con los arreglos del propio Mancini y de Rusell Garcia, compositor de la impresionante El tiempo en sus manos (1960) para el productor-director George Pal, entre otras sobresalientes obras, aunque no se prodigó mucho en el cine. Cuenta con los solos extraordinarios de Pete Candoli a la trompeta, Plas Johnson (saxo tenor), Dave Pell (saxo barítono), Ray Sherman al piano, y sobre todo destacar a todos sus músicos en la sección percusiva: Ralph Collier en la batería, Jack Costanzo (bongos) y Mike Pacheco (Conga).

En definitiva, una de las grandes obras maestras del cine, y una de las grandes joyas musicales de la música aplicada a las imágenes, que todo aficionado debería escuchar y tener en su colección discográfica. Una cosa realmente fácil, porque se pueden adquirir las diferentes versiones que existen de ella. Por ejemplo:

– Del año 1998 tenemos la edición del sello español Blue Moon que contenía 19 temas y que fue reeditada en 2004 por el mismo sello ahora con el nombre de Fresh Sound Records.

– En 2008 Él Records lanzó al mercado discográfico una edición con 20 temas de sonido aceptable.

– El sello suizo Movie Sound Records en el 93, sacó a la venta un cd conteniendo los mismos 19 temas que el de Blue Moon.

– Y ya para acabar, el sello norteamericano Varése Sarabande, produjo su edición, que contenía 20 temas de la partitura original.

Todos estos cds son del todo recomendables, pudiendo uno hacerse con ellos muy fácilmente y disfrutar de la extraordinaria música de Mancini.

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El buscavidas.

Excepcional cinta del año 1961, dirigida con mucho oficio por Robert Rossen. Autor de obras tan importantes como Alejandro el Magno (1956) o Lilith (1964), Rossen realizó aquí su gran obra maestra. Cuenta el film con un guión muy bien elaborado por parte del mismo director, junto a Sidney Carroll, basado en una novela de Walter Tevis. Desde su maravillosa fotografía en blanco y negro firmada por Eugene Shuftan, pasando por la impecable dirección y sobre todo unas actuaciones portentosas de todo su elenco actoral, podemos decir que esta película es una de las grandes joyas cinematográficas de la historia. Protagonizada magistralmente por Paul Newman, en una de sus mejores actuaciones, y secundando no menos genialmente por Jackie Gleason, como el mítico “Gordo de Minnesota”, George C.Scott, bordando su papel de rastrero sin escrúpulos, o una estupenda Piper Laurie. El film recibió 9 nominaciones a los Oscar, entre ellas a todo su cartel protagonista antes mencionado, siendo galardonado con dos estatuillas menores a la mejor fotografía en blanco y negro y mejor dirección artística.

Sinopsis:

Un joven jugador de billar frecuenta locales de segunda fila para poder ganarse unos dolares, pero pronto, queriendo ser proclamado como el mejor jugador, reta al campeón, “El Gordo de Minnesota”. Su arrogancia y impaciencia hacen que pierda esa primera tentativa, pero el joven no cesa en su empeño y vuelve, al tiempo, a retar al campeón, esta vez a través de interminables horas de partidas, lo vence, perdiendo por el camino a su novia, una solitaria mujer alcohólica.

El encargado de componer la partitura musical, fue Kenyon Hopkins. Nacido en Kansas en 15  de enero de 1912 y fallecido en Nueva Jersey el 7 de abril de 1983, Hopkins fue un compositor que basó su obra en sonoridades de Jazz, trabajando desde muy temprana edad en pequeñas formaciones que interpretaban este tipo de música. Tuvo incursiones esporádicas en el mundo del cine, destacando esta obra que nos ocupa, la obra maestra de Sidney Lumet 12 hombres sin piedad (1957) y The Fugitive Kind (1959), escribiendo a su vez numerosas obras de Jazz y hasta alguna partitura de concierto de estilo vanguardista como son sus dos Sinfonías. Dentro de sus scores para la imagen, donde más se prodigó fue en el medio televisivo, componiendo música para infinidad de series como East side/West side (1963), Hawk (1966) o Mannix (1970-73). Kenyon trabajó también como arreglista y conductor en títulos como El fuego y la palabra (1960), donde dirigió temas sin recibir acreditación, con score de Andre Previn.

Como era de esperar aplicó el compositor un score jazzistico, plagado de una escritura de aires vanguardistas soberbia. Un solo de batería abre el tema principal, seguido de un motivo de saxofón alegre y dinámico que llevará el peso del tema hasta su finalización.

Para el personaje del gordo de Minnesota escribió un tema movido, al igual que el anterior, pero esta vez dominado por la trompeta, la batería y trompetas con sordina, que nos ofrece y descubre la personalidad  de este hombre.

Sarah, la compañera del protagonista, tiene su propio motivo musical, utilizando una de las frases del tema principal, en la que el saxofón tocado de manera impecable es acompañado por un piano muy sugerente. Un tema que nos resulta sensual en ocasiones.

Como se ve el saxofón, el piano y la batería son los instrumentos que dominan esta banda sonora. Los podemos escuchar en casi todos los cortes de la misma.

Hay temas dramáticos, asignados al alcoholismo de la chica y a la vida a veces marginal que lleva nuestro protagonista; en ellos Hopkins introduce la cuerda junto a unos leves acordes de clarinete, que resultan del todo adecuados.

En las escenas de las partidas se puede escuchar un acompañamiento musical más pausado en un principio, que se vuelve más frenético conforme avanza el juego y crece la intensidad y los nervios de los jugadores.

El personaje interpretado por Scott, tiene un tema más denso y oscuro al igual que su personalidad, que entremezcló maravillosamente el compositor en la escena en la que atrae con bebida a Sarah, con el motivo seductor de ella. Este es uno de los mejores momentos de la cinta, tanto visual como musicalmente. Hopkins utiliza de maravilla ese juego musical entre los dos temas, el amenazante del personaje de Scott y el seductor y casi embriagador de la chica, que acabará en la violación y posterior suicidio de ella.

De aquí al final, el personaje de Newman se vuelve más melancólico todavía si cabe, echándose las culpas de lo ocurrido con Sarah. Se muestra esta aflicción en la escena en la que se proclama campeón tras horas de juego. Es entonces cuando el compositor, en vez de aplicar un tema triunfalista o alegre, aplica una melodía decadente y apesadumbrada que nos mete de manera ejemplar en la mente atormentada del personaje. Esta misma sensación es la que nos encontramos en el final, donde podemos escuchar el tema principal del film, pero de manera más nostálgica y triste, espléndidamente dibujado en un cambio de registro portentoso por el saxofón. Si en el primero sonaba optimista, en este final ha sufrido un cambio radical, acaecido por las consecuencias fatales de la trama.

En definitiva, una obra muy interesante por parte del autor, que nos sumerge de lleno en los oscuros ambientes de la salas de billar y el mundo irreal en el que vive el protagonista.

Por suerte disponemos del score en edición discográfica, a través del disco que sacó a la venta en 2012 el sello Él -Cherry, conteniendo 15 temas de la partitura original, interpretada por músicos habituales de Hopkins como: Phil Woods, Phil Bodner, Jerome Richardson o Romeo Penque. El disco se acompaña de la música de Duke Ellington para el film de 1961 París Blues, y algunos cortes de Alex North de su score para El largo y cálido verano (1958), una oportunidad única para escuchar buena música de Jazz.

La ley del silencio: Leonard Bernstein.

1954

Obra maestra del séptimo arte rodada por Elia Kazan, que cuenta con una interpretación portentosa de Marlon Brando. El film es enardecido por la ayuda inestimable de un guión esplendido firmado por Budd Schulberg (Artículo: Malcom Johnson), en el que se retrata estupendamente la vida tan dura de los muelles donde se desarrolla la acción. Además de este, muchos son los aspectos que hacen de esta película una obra imprescindible, por ejemplo, una fotografía en blanco y negro firmada por Boris Kaufman realmente bellísima, que nos hace sentir la asfixia de esta vida de penurias y violencia con la que se vive en dicho muelle.

Marlon está magníficamente secundado por un reparto muy bien elegido por parte de Kazan. En él destacan las actuaciones de Karl Malden, aquí como párroco que intenta redimir al personaje interpretado por Brando, Lee J. Cobb, que borda su papel, el no menos impresionante Rod Steiger, e introduciendo en el que sería su primer envite en Hollywood a una jovencísima  Eva Marie Saint, siguiendo de manera genial la gran interpretación de su partenaire.

El film obtuvo 12 nominaciones al Oscar, entre otros premios, ganándolo en 8 de ellas, película, director, actor principal, actriz de reparto, guión, fotografía, montaje y dirección artística.

Sinopsis: Un ex boxeador fracasado, intenta ganarse la vida como puede dentro de los muelles de Nueva York. Para ello no duda en mezclarse con la mafia que impera dentro de los mismos, instigando y haciendo trabajos sucios para ellos. Todo cambia para él cuando conoce a la hermana de una víctima del clan. Esta le hará sentir un ser nuevo en su interior, conociendo al párroco de su comunidad, el cual le animará a denunciar en los tribunales a esta gentuza.

Por supuesto uno de esos aspectos a los que me refería, que mejoran la cinta sustancialmente, es el musical. Leonard Bernstein fue el encargado de componer la partitura. Bernstein (1918-1990), fue compositor, pianista y director de orquesta, faceta por la que recibió más fama internacional, siendo el primero en Estados Unidos en ostentar tal privilegio. Personalmente, a mí me gusta más como compositor, pero para gustos los colores.

Dentro de este campo, compuso obras muy considerables, basadas sobre todo en una escritura netamente influenciada por la música de cariz americano, que tanto defendió el maestro junto a otros compositores como Aaron Copland, Jerome Moross o Virgil Thompson. Este tono fue adoptado por el compositor, sobre todo, mezclando en sus partituras una escritura vanguardista, que seguirían más tarde de manera excelente gentes como John Corigliano o Elliot Goldenthal, una marcada influencia del jazz, estilo al que Leonard consideraba la verdadera música norteamericana y además los sonidos hebreos, que tan bien conocía al ser judío. Junto a David Amram, quizá sean los dos mejores embajadores del estilo judío dentro de la música sinfónica.

En el cine Bernstein se prodigó poco, por desgracia. Sin duda nos hubiera ofrecido scores maravillosos. El título que nos ocupa fue uno de estos escasos escarceos junto a West Side Story. Firma en él una partitura dura y potente, que va muy acorde con el ambiente que impera en el film.

Se puede atestiguar lo dicho desde sus títulos de crédito, donde comienza el maestro con una suave melodía de vientos, para a continuación dar paso a un motivo envolvente de percusión y saxo muy jazzisticos, para acompañar por primera vez al protagonista y los mafiosos que lo acompañan.

Una tenue melodía de clarinete, sustentada por cuerdas en relieve, sigue a la mañana siguiente al asesinato al que Brando ha ayudado a consumar. Esta es tremendamente triste y decadente, haciendo referencia al estado de arrepentimiento que siente, no estando orgulloso de su persona.

Uno de los mejores temas es el dedicado a la historia de amor entre la pareja protagonista, de delicada flauta, como es el personaje de Saint, evoluciona mediante una exquisita escritura de cuerdas en un tema de amor en toda regla con solo de trompeta , maravilloso y muy bonito. Este aparece como leitmotiv de la pareja en varios momentos del film, no sólo haciendo hincapié en su amor, sino también en la redención que ha supuesto la muchacha en el protagonista.

Por supuesto la música de cariz más duro aparece en muchas escenas de la cinta, podemos escuchar dentro de esa orquestación vanguardista, incluso pianos disonados.

A modo de relajación para el film, compuso Bernstein temas de jazz más alegres y distendidos, utilizados en escenas como las que discurren en el bar, que ayudan a tranquilizar un poco al espectador, no todo es malo en los muelles.

La escena de la confesión, es remarcada por el compositor con apuntes estridentes de cuerdas. Con ello nos advierte de las fatales consecuencias que le va a producir dicho acto. Bernstein, muy inteligentemente, nos avisa.

El tema principal, lo podemos oír de nuevo magnificado, y magistralmente acompañado por la sección de cuerda, en la secuencia de la muerte de Charley, uno de los personajes, que no quiere vivir bajo el yugo de los mafiosos. En éste el  compositor dota a la percusión de una escritura frenética, que por contraste se vuelve suave, casi como a modo de réquiem, cuando todo finaliza para el pobre hombre. Suena entonces una melodía bellísima y desesperanzadora.

Significativo resulta a su vez el tema triste y melancólico que compuso Leonard para la escena en la que Brando descubre sus palomas muertas. Con el peso de la misma recayendo en las cuerdas, donde destaca un solo de violín precioso, que hacen del personaje un ser muy admirable.

Ya para acabar hay que destacar la música para las escenas finales, donde el compositor entremezcla de manera muy notoria el tema suave del principio en los muelles con leves motivos de arpa, que comienzan el calvario final para el personaje de Marlon. En éstas los matones no dejaran al protagonista entrar en su puesto de trabajo, pegándole una paliza de muerte. Sin embargo Brando reaparece casi moribundo, con la cara totalmente destrozada, en un acto dignificante y heroico, pasando por delante de todos los allí presentes, esperando a ser llamado a su trabajo. Bernstein deja entrever entonces una melodía apabullante, donde los movimientos del protagonista son matizados con la incursión de trompeta y toques de platillos majestuosos, al igual que la hazaña del mismo.

Una gran obra maestra de la música de cine, que fue recompensada con una nominación al Oscar en 1955, perdiendo ante una no menos impresionante Escrito en el cielo del ucraniano Dimitri Tiomkin.

Por suerte para los aficionados, en Diciembre del año pasado, el sello discográfico Intrada de Douglas Fake, sacó a la venta el score íntegro, en una maravillosa edición original, en la que Morris Stoloff conducía la Columbia Pictures Orchestra. Incluye un libreto lleno de anécdotas sobre el film y su música, muy cuidado como todos los del sello. Imprescindible.

Chinatown de Jerry Goldsmith.

Dentro de la sección dedicada al jazz en la música de cine, me dispongo a comentar hoy la maravillosa composición que realizó el maestro Goldsmith para Chinatown.

Título este de cine negro de quilates, con una dirección pasmosa a cargo del siempre eficiente Roman Polanski, que se deja  aquí también un pequeño papel como matón, rajándole la nariz al protagonista. Este es Jack Nicholson, que junto a Faye Dunaway y John Huston bordan un trío de interpretaciones realmente geniales. El film cuenta a su vez con un estupendo guión de Robert Towne y una no menos impresionante fotografía, obra de John A. Alonzo.

Entre otros premios fue galardonada con el Oscar al Mejor guión, 4 Globos de Oro, incluyendo Mejor película – Drama y el premio del Círculo de críticos de Nueva York: Mejor actor (Nicholson). Recibió otras 10 nominaciones a los Oscar y tres más a los Globos de Oro.

Sinopsis: Un detective de Los Ángeles, recibe la visita de la mujer del jefe del Servicio de Aguas de la ciudad, para que siga a su marido y descubra una posible infidelidad. Durante la investigación halla que las aguas de la ciudad son enviadas a otro sitio mientras en ella hay sequía, y que la mujer que vino a verlo en realidad no era quien decía ser. Llegando la trama a su final con la muerte del jefe de dicho departamento y un enrevesado lío de familia en el que se verá involucrado el protagonista, con incesto incluido.

Jerrald King Goldsmith, más conocido como Jerry Goldsmith fue el encargado de componer la partitura musical de esta cinta. Goldsmith nació el 10 de Febrero de 1929 en Pasadena y murió en Beverly Hills en 2004. Estudió piano con Jakop Gimpel y Mario Castelnuovo-Tedesco, interesándose más tarde por la composición cinematográfica al recibir clases del maestro húngaro Miklós Rózsa en la Universidad del Sur de California, y más tarde por Alex North. Goldsmith es el compositor de música de cine por excelencia, aunando en su escritura lo mejor de la influencia de los grandes Rózsa y North, con un estilo propio muy marcado de increíble poderío orquestal y un uso magistral de los sintetizadores, mezclado con brillantez con los instrumentos de la orquesta.

Abre el maestro la obra con un tema principal, que será también el de amor, de bellísima melodía interpretada por la trompeta de Uan Rasey, entrando a continuación la cuerda de una manera ejemplar. Este es claramente influenciado por el jazz y resulta del todo adecuado para el film, metiéndonos ya de lleno en la historia.

Uno de los aciertos a la hora de la composición de esta película por parte de Jerry fue el no emplear mucha música, sólo dotando de ella cuando realmente hace falta, no apabullando las escenas de temas innecesarios.

Escribió un tema para el personaje de Noah Cross (Huston), de inquietantes sonoridades que refleja soberbiamente la personalidad del mismo. En él se inserta de forma muy coherente un pequeño motivo del tema central, que hace referencia a la hija de Noah. También incluyó un estupendo tema al piano de exquisitas pinceladas jazzisticas, que en cierto modo relaja la historia de manera intencionada.

Suena el tema de amor cuando se conocen la pareja protagonista (Nicholson y Dunaway), introducido en primera instancia por un toque de piano magistral, secundado no menos magistralmente por leves insinuaciones por parte de la trompeta y una cuerdas que se mantienen en suspensión, al igual que la carga sexual que desprenden los dos personajes. Se utilizará este tema como leitmotiv a lo largo del metraje, apareciendo en diversas ocasiones.

Usa Goldsmith música más atonal para las escenas en las que descubre los acontecimientos,( claramente influenciada por  North) jugándose en ello la vida, mediante el uso de la percusión pero no de la manera tradicional. Emplea toda clase de cosas a su alcance para dar esa sensación tan adecuada a las imágenes. Uno de estos ejemplos lo encontramos en la secuencia del niño a caballo, en la que dentro del uso de cuerdas misteriosas por parte del autor se entremezclan dichos motivos atonales.

Finaliza la composición con la incursión de nuevo del estupendo tema principal interpretado a la trompeta, que nos transporta casi sin quererlo a la época en la que se desarrolla la trama, todo ello acompañado de unas cuerdas geniales.

Una auténtica obra maestra del compositor norteamericano, que se mantiene por méritos propios como una de las mejores partituras jamás escritas para el cine.

Dentro de sus ediciones discográficas voy a recomendar la realizada por el sello Varése Sarabande en 1995, que incluía 12 maravillosos temas.

El Jazz en la Música de Cine: Un Tranvía LLamado Deseo

A partir de finales de los años 50 y principios de los 60, se fue introduciendo poco a poco el Jazz en las partituras escritas para el cine, alcanzando su máxima expresión en las escritas por el genial Henry Mancini.  Muchos fueron los autores que la utilizaron con estupendos resultados.

Dedicaremos esta sección a su análisis a través de algunas de sus mejores muestras, comenzando por la extraordinaria música que compuso Alex North para Un Tranvía Llamado Deseo.

Obra maestra indiscutible del cine, dirigida por Elia Kazan (Al Este del Edén, América, América, Esplendor en la Hierba, La Ley del Silencio), con guión de Tenesse Williams basado en su propia obra de teatro, en la que Marlon Brando sobresale en su actuación, perfectamente acompañado por Vivian Leigh, Karl Marlden y Kim Hunter.

Alex North (1910-1991 excelente compositor americano de origen ruso, que estudió en sus primeros años en la Julliard School of Music de Nueva York y más tarde en Rusia, y que cuenta en su haber con autenticas genialidades de la música de cine como: ¡Viva Zapata!, Espartaco, Cleopatra o El Tormento y el Éxtasis), compuso una maravilla orquestal de Jazz Sinfónico, que ya desde el principio nos deja muestra de ello, a través de un potente y enérgico tema en el que se introduce un magnífico motivo interpretado por la trompeta y acabando con un piano de briosas sonoridades. Identificando a continuación a la ciudad de Nueva Orleans con un tema auténticamente Jazzistico, trepidante, muy apropiado al ritmo que discurre en ella.

A su vez North escribió otro, de tono sensual dedicado al personaje de Blanche Dubois (Leight), en el que el saxofón y el piano son los auténticos protagonistas.

Para el encuentro entre Stan (Brando) y su cuñada Blanche, el compositor optó por incluir un motivo entre bufonesco y sensual, haciendo referencia  a la impresión que despierta Blanche en Stan, entre cómica y de decadente sensualidad.

Creó un tema de amor genial, para la relación de la protagonista con Mitch (Maden), de una belleza arrebatadora en el que la trompeta se manifiesta de forma grandiosa, dando paso a la cuerda que es la encargada a continuación de llevar el peso de la composición. Introduciendo también un motivo suave como si fuera un nana que muestra la debilidad mental de Blanche, a veces comportándose como una niña.

Cómo no, compuso el maestro un gran motivo dedicado a la pareja formada por Brando y Hunter, que desprende sexualidad por todos sus poros al igual que su relación, una auténtica maravilla en forma de Jazz en la que el saxofón se erige como protagonista absoluto.

Se escucha de nuevo el tema de amor esta vez dedicado sólo a la persona de Blanche, que es introducido por un piano decadente, a continuación seguido por una estupenda interpretación del saxofón, en las escenas en las que se encuentra sola en casa colocándose antiguas ropas, jugando a ser lo que ya no es.

Hay algunos temas más dramáticos, vinculados con el tormentoso pasado de la protagonista, su actual delirio y locura, magníficamente orquestados, en los que predomina un apesadumbrado tono y en el que se entremezcla el que hace referencia a su comportamiento infantil (sintiendo pena de su personaje), llegando a su clímax en las escenas finales en las que tras continuas peleas con su cuñado (que no la quiere en casa), se descubre su locura y es llevada por los sanitarios ante la agónica mirada de Mitch.

Esta es una obra extraordinaria en todos sus aspectos en la que North, conjugó perfectamente la sensualidad de la ciudad y la pareja protagonista, con la locura y decadencia de la hermana y cuñada de ambos, eso si, dotándola a ella del tema más hermoso de toda la partitura. Una joya imprescindible.

De entre todas sus versiones en disco, recomiendo la que dirigió el que fue en un principio su alumno, más tarde amigo y colega Jerry Goldsmith al frente de The National Philarmonic Orchestra, de sonido impecable y magnificas hechuras. Esta fue editada por Várese Sarabande en 1995, en la que cabe destacar la interpretación de John Barclay en la trompeta, al igual que Ronnie Price al piano.