Tomorrowland de Michael Giacchino.

Corre el rumor –producto de la especulación, de latín speculari (mirar desde arriba), y es que es sobre esta atalaya desde la que miro a este y a otros músicos de la actualidad- de que Michael Giacchino será el sucesor de John Williams, ¡qué barbaridad¡ que cantaba el gran Jaime Urrutia. Lo cierto es que razón no les falta a aquellos que lo afirman, pues el de Nueva Jersey copia descaradamente el estilo del genio Neoyorkino. Si hay una característica que define la música de Giacchino es el terrible sopor que despiertan sus barrocas melodías, tan pesadas que ni con bicarbonato sódico pueden ser digeridas. Un bostezo tras otro y una más que inteligente campaña de merchandising han logrado que su nombre esté presente en algunas de las producciones más comerciales del cine norteamericano. Su Oscar de la Academia lo consagró –“Avatar” fue mejor- catapultándolo al Olimpo de los músicos, a ese lugar al que no pertenecen genios como Poledouris, Morricone –El Oscar honorífico no cuenta-, Nyman, Holdridge o Hisiashi, pero que le vamos a hacer…

Como muy bien ha escrito Ignacio Garrido Muñoz a propósito de “Tomorrowland –reseña publicada en la web Bandasonora.org-, “Ser tuerto en el país de los ciegos es una expresión conocida dentro del refranero popular castellano que bien puede aplicarse a las últimas aportaciones del último alumno aventajado del post-sinfonismo hollywodiense”, “¡Chapeau!”, es más, tomando como cierto este aserto, que lo es, se puede ir más allá diciendo que la mayor parte de la obra de Giacchino es como escribió Shakespeare, “Mucho ruido y pocas nueces”. Super 8, Up, Jupiter Ascending y ahora “Tomorrowland”, última producción dirigida por Brad Bird –autor de la maravillosa “The Iron Giant”, su mejor obra- son un ejemplo de la falta de originalidad que rodea al músico, un mosaico de sonidos metálicos y ruidosos que exasperan hasta decir basta. El autor de Up o Super 8 –lo mejor que ha escrito hasta ahora- muestra una vez más su limitada capacidad melódica –facilona y recurrente- que consigue irritar al más paciente de los mortales. La partitura de “Tomorrowland” se articula en derredor de una pegadiza, tediosa y heroica fanfarria a modo de leitmotiv–Edge of tomorrowland/Pin-ultimate experienceque Giacchino utiliza como tema central de la obra, unas cuantas notas tan contundentes como frías -se necesita algo más que 6 o 7 notas a los metales- que el músico maneja con oficio a lo largo del score. A partir de aquí la partitura se sustenta sobre contundentes temas de acción –The Battle of bridgeway– marca de la casa que el músico orquesta de forma superficial a la maniera de John Williams, y es que a Giacchino le sobra intención y le falta personalidad. Es en los últimos compases de la partitura donde Giacchino maquilla con solvencia su leitmotiv añadiendo coros –Pins of a feather/End Credits– que refuerzan el gran intento sinfónico que es “Tomorrowland”.

Por tanto, puestos a especular, especulemos sobre el papel que hubiera jugado Michael Giacchino en las décadas de los 80 o 90 cuando el neo-sinfonismo vivió su segunda juventud, una época irrepetible que tuvo la fortuna de “sufrir” la mejor versión de músicos como Broughton, Horner, Poledouris, Howard o Williams demostrando que ahora es muy fácil impresionar a las nuevas generaciones. Por eso coincido con Ignacio en que “Ser tuerto en el país de los ciegos…” 

Antonio Pardo Larrosa.

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La música en las producciones sobre Jules Verne.

Juan Arbona Comellas, presidente de la Asociación Balear de Amigos de las Bandas Sonoras y gran amante de la música de cine, publicó en el pasado mes de mayo su libro dedicado a la música en los films sobre libros de Jules Verne. Acabo de terminarlo y tengo que decir que me he divertido mucho con su lectura. Arbona nos transporta por sus 109 páginas a los mundos extraordinarios y llenos de aventuras del escritor francés, a través de un análisis sobre las principales producciones, y su música, que se han hecho sobre la obra del genial escritor. A parte de analizar la música de los diferentes autores y hablar sobre los films, Arbona comenta también las diferentes ediciones discográficas, si es que las hay. Un buen libro de consulta,  que va al grano y no se pierde en palabrería burda, es conciso, preciso y está escrito de una manera muy cercana para el aficionado. Por lo tanto, no me queda más que recomendar el libro a todos los aficionados a la música de cine y a los que no lo son también, porque seguro que aprenden un poco más sobre estas películas y sus músicos. Quien quiera tenerlo debe de ponerse en contacto con Juan, puesto que el libro se edita bajo demanda. Gracias Juan por ofrecernos tus conocimientos sobre las bandas sonoras y por lo buena persona que eres. Aquí os dejo dos direcciones de correo para poder contactar con el autor: primercuartel@hotmail.com y ababs.2009@hotmail.com.

Patrick Doyle Cenicienta.

Nueva versión del clásico de Cenicienta, ésta vez dirigida por Kenneth Branagh. En esta ocasión el británico no aparece como actor, lo que beneficia al devenir de la cinta, en mi opinión Branagh sobreactúa en muchos de sus papeles, véase Frankenstein (1994). Como director, tampoco es que sea uno de los grandes, pero se defiende con oficio en muchas de sus producciones, sobre todo en las dedicadas a obras de Shakespeare, por ejemplo Henry V (1989). Últimamente los gustos cinematográficos del director están cambiando hacia otro tipo de films, como la acción basada en comics, Thor (2011), o esta nueva versión del cuento de Charles Perrault. O quizás sea que ha tenido que cambiar de estilo hacia uno más comercial, viendo que sus adaptaciones de clásicos de la literatura inglesa ya estaban un poco desfasadas. Sea como fuere, para esta nueva cinta Kenneth contó con un guión bastante bien elaborado, obra de Chris Weitz, al igual de un buen elenco actoral que sacan lo mejor de sí mismos para ofrecernos unas adecuadas interpretaciones. El papel principal recae en la figura de Lily James, estando genialmente acompañada de la estupenda Cate Blanchet, como la malvada madrastra. Encontramos también los nombres de Helena Bonham Carter, Derek Jacobi, Stellan Skarsgård,  o el ahora algo olvidado Ben Chaplin. Cuenta a su vez con una fotografía de colores muy vivos firmada por Haris Zambarloukos, y sobre todo con una partitura musical de Patrick Doyle que ayuda de manera singular al devenir de la historia, mejorándola si cabe.

Uno de los aciertos de Branagh ha sido contar en su películas con el compositor escocés, sin duda un beneficio muy sustancial hacia su obra. No es que éste sea el mejor de sus trabajos en conjunto, no llega a la altura de las anteriormente mencionadas, pero si es verdad que dentro de una apatía musical de la que adolecían las últimas obras de Doyle, en esta que nos ocupa parece ser que ha levantado un poco el vuelo, ofreciéndonos una partitura muy bella y de orquestación maravillosa, en la que encontramos Waltz, Polkas y temas de bailes de salón, todos ellos geniales, acompañados de temas más dramáticos utilizados para el acontecer de la historia.

Comenzando con un tema principal en el que las flautas y los violines nos introducen una melodía preciosista de tono pausado, muy útil para las imágenes que acompaña, pero en el que no podemos vislumbrar un motivo que se nos quede grabado, como sí pasaba en obras por el estilo del compositor como La Princesita (1995). El cd editado por Walt Disney Records, contiene 30 temas del score en los que podemos descubrir cortes muy interesantes como “The Great Secret”, donde la estructura musical se sustenta en un solo de violín muy bello y el piano, secundados por una suave instrumentación de cuerdas, un tema delicioso y delicado. Ese tono se deslizará casi durante todo el metraje, creando en el espectador una apacible sensación de bienestar, sólo truncada en ocasiones por el motivo asociado a la madrastra, en el que escuchamos cuerdas misteriosas y a veces amenazantes. Dentro de la música que Doyle escribió a modo de Waltz, podríamos destacar el corte “Life and Laughter”, un tema muy logrado con una bonita melodía, donde la cuerda interpreta con maestría los acordes. Otro por el estilo es “Valse Royal”, utilizado para la escena del baile, algo más movido que el anterior y en el que aparecen instrumentos de viento acompañando a la cuerda como la flauta. De igual manera encontramos temas como: “La Valse De L’Amour”, “La Valse Champagne” o “La Polka de Paris”, los dos primeros de refinada elegancia y el último de divertida y movida melodía.

En la parte más dramática destacaremos temas los temas “Orphaned” y “The Stag”. El primero conteniendo una melancólica muy visible, donde el piano destaca sobre los demás instrumentos, al igual que la cuerda lleva un motivo de apesadumbrados acordes y en el que a su vez podemos escuchar un leve fragmento de voces, casi inaudible. El segundo sigue por esa línea, pero esta vez es el solo de violín y el piano en un principio, los que a continuación incorporan una sección más movida, casi un tema de acción que terminará otra vez mediante la flauta y cuerdas muy suaves, en un contenido dramatismo.

En contraposición, el motivo dedicado al personaje de Blanchet apenas aparece, dando más importancia el compositor a los dedicados a Cenicienta, su evocador entorno, y a bailes y reuniones palaciegas. En resumidas cuentas, es esta una obra aceptable que sitúa la acción de manera muy acertada, con temas de bonitas melodías pero que resulta muy lineal. Ninguno sobresale con especial relevancia, y si es cierto que la melodía dedicada a la protagonista es muy bella, no evoluciona hacia ninguna parte, quedando monótona e incompleta. También echo en falta más presencia de cortes dedicados a la maldad de la madrastra, apenas tocados por Doyle, y si es verdad que ha evolucionado respecto a anteriores obras en las que se le veía más apagado, ésta no la incluiremos entre sus mejores scores. Eso sí, la música está impecablemente bien orquestada e interpretada por la London Symphony Orchestra.

Nuevo libro sobre Miklós Rózsa editado por T&B .

En abril saldrá a la venta Miklós Rózsa: Una vida,dos pasiones, editado por T&B. Se trata de una obra escrita por Antonio Piñera, que repasa pormenorizadamente las composiciones para el cine, como las de concierto del autor húngaro. Un libro que espero haga justicia a este sublime maestro, y guste tanto a los incondicionales del compositor, como a los aficionados a la música de cine en general. Suerte.

Jupiter Ascending de Michael Giacchino.

Film de ciencia ficción de los Hermanos Wachowski, que apenas roza el aprobado y que cuenta entre su reparto con un nutrido grupo de jóvenes promesas como Mila Kunis, Channing Tatum o el recientemente ganador del Oscar Eddie Redmayne y en el que podemos ver al veterano Sean Bean. La cinta naufraga en muchos aspectos, el guión obra de los Wachowski es un fiasco, las interpretaciones más de lo mismo. Una puesta en escena desastrosa acompaña el devenir del film, y es que este es un blockbuster para jóvenes adolescentes muy alejado de sus obras más novedosas que fueron la trilogía de Matrix (1999-2003). Y no es que estas sean tampoco cintas extraordinarias, al contrario, están bien hechas pero no aportan nada, por lo menos al que escribe, no es por menospreciar a estos hermanos, pero pienso que están sobrevalorados dentro de la industria del cine, esperando sus estrenos como si de auténticas obras maestras se trataran. De hecho para mi su mejor película es El atlas de las nubes (2012) y eso que a veces se pierde en su alargado metraje, pero resulta interesante. En esta que nos ocupa se salvan de la quema aspectos técnicos, como una fotografía muy colorida firmada por John Toll, unos muy buenos efectos especiales y una partitura musical compuesta por Michael Giacchino.

Si en su anterior film El atlas de las nubes contaron con los servicios de Reinhold Heil, Johnny Klimek y Tom Tykwer (este último codirector de la misma), para componer la música, por cierto un score muy interesante, en este se contrataron los servicios del citado Giacchino. Este es uno de los jóvenes talentos dentro de la composición para cine. Nacido en Nueva Jersey el 10 de Octubre de 1967, se dio a conocer dentro del medio a principios del 2000 por sus scores para videojuegos como Medal of Honor (1999) , creado y producido por Steven Spielberg. Más tarde vendría su asociación con el director J.J. Abrams comenzada en la serie de televisión Alias (2001-2006) o seguida por la que más fama obtuvieron, Perdidos (2004-2010).  Dentro de su producción de largometrajes el compositor ha creado todas la partituras para Abrams, desde Misión Imposible III (2006) ,hasta Star Trek: En la oscuridad (2013), aunque en la próxima cinta del director Star Wars: El despertar de la fuerza (2015) haya contado con la presencia de John Williams, por suerte para los aficionados de la saga galáctica. Por en medio encontramos trabajos del tándem como Súper 8 (2011) uno de los mejores trabajos del compositor. Giacchino a su vez se ha especializado en películas animadas, como da muestra de ello el Oscar conseguido por la cinta de Pixar Up (2009),para la que creó una melodía central de parecido razonable con el tema “Me voy a morir de tanto amor” de Alberto Iglesias para Lucía y el sexo (2001) sin duda echo este fortuito supongo ,y de tono similar al que creara Hans zimmer para Mejor Imposible (1997), y otros títulos como Los Increíbles (2004), donde sustituyó al mismísimo John Barry, Ratatouille (2007) o Cars 2 (2011).  Hasta la fecha tres de sus más logradas partituras son la mencionada Súper 8, la magnífica John Cárter (2012) y la no menos extraordinaria El amanecer del Planeta de los simios (2014).

Crea para esta cinta el compositor una partitura sinfónica con un tema principal portentoso donde los metales, percusión y sobre todo un coro de voces femeninas son los pilares que sostienen la mayor carga del mismo. Este tema lo utilizará Giacchino como leitmotiv a lo largo de la cinta.

Para las escenas más emotivas, que son pocas, se introduce un tema a piano acompañado de una suave orquestación de cuerdas que casa como anillo al dedo en la narración fílmica.

Una partitura épica y grandilocuente que, como digo, cumple su cometido hacia las imágenes perfectamente.

La cinta está plagada de escenas de acción, donde el compositor escribe temas magníficamente acoplados a cada secuencia. Eso si, tengo que decir que son herederos cien por cien de la música de este tipo del maestro Williams. Si uno cierra los ojos sin saber quién es el compositor, nos podemos creer que efectivamente estamos ante una obra del maestro neoyorquino. Se puede vislumbrar lo dicho en temas como Jupiter Ascending – 3rd Movement, que esta influenciado claramente por el que compusiera Williams para Star Wars: La amenaza fantasma (1999) “Duel of the Fates” y en casi todos los de acción de la cinta, con metales y percusiones de clara influencia del compositor de Tiburón (1975), al igual que el ritmo imprimido en ellas.

El score está tremendamente bien acabado e interpretado, contando con una orquestación excelente. Casa estupendamente con lo que vemos en pantalla, destacando el leitmotiv anteriormente citado de singular belleza. Pero eso no basta para que una obra sea buena, sí lo es en cuanto a resultados y acabados respecto a las escenas para las que están escritas, pero no tiene ni una pizca de originalidad. Este es uno de los principales problemas del compositor, sus obras son eficientes pero carece de estilo propio que las identifiquen, por desgracia le pasa a más de uno de los compositores que trabajan actualmente para el medio. Es verdad que están tremendamente bien formados y que cuentan con unos medios, ya sean musicales o de grabación, muy por encima de los que tenían compositores de otras épocas, pero en la mayoría de casos carecen de estilo.

En definitiva, una obra muy bien estructurada que queda muy bien para las escenas y que cumple con sus mandatos, pero carente de originalidad. La podría haber firmado perfectamente John Williams y no nos hubiéramos dado cuenta. Es posible que Giacchino vaya evolucionando con el paso de los años y que poco a poco vaya depurando un marcado estilo propio, al igual que le pasó por ejemplo a James Newton Howard. Ojalá lo consiga porque es uno de los compositores con más proyección dentro de la industria de Hollywood, y pueda ofrecernos obras insignes, con muchas más cosas por decir que las que nos dejó por ejemplo en las flojas Star Trek (2009) y Star Trek: En la oscuridad.

Ya para terminar, comentar la estupenda edición discográfica que ha sacado a la venta el sello Sony Classical, muy cuidada, que contiene el score completo con 97 minutos de duración divididos en 2 CD, a un precio muy interesante. En la que además de cuidar la grabación y calidad de la música, se hace lo propio en lo que a su libreto se refiere.

Oscar para Alexandre Desplat.

Alexandre Desplat se ha alzado por fin con la estatuilla dorada, después de 8 nominaciones y tras una carrera plagada de grandes obras, donde destacan su depurado estilo y su elegancia compositiva. El galardón le ha sido otorgado por su trabajo para el film de Wes Anderson El Gran Hotel Budapest.

Por otra parte, el Oscar a la Mejor Canción ha recaído en las manos de John Legend y Common por “Glory“, perteneciente a la película Selma, en una ceremonia donde la gran triunfadora fue la cinta del mexicano Alejandro González Iñárritu: Birdman, que consiguió los principales premios, excepto el de mejor actor, que fue a parar contra pronóstico a Eddie Redmayne por su papel de Stephen Hawking en La Teoría del Todo.

Ganadores XI Premios de la Crítica Musical Cinematográfica Española (Premios Scoremagacine).

La gran olvidada de los premios cinematográficos del año (Feroz y Goya), “Autómata”, se ha alzado con el galardón de mejor score español del 2014 en los XI Premios de la Crítica Musical Cinematográfica Española (Premios Scoremagacine) que organiza el sitio “”web scoremagacine.com. En la categoría de mejor compositor nacional (o afincado en España), el francés Pascal Gaigne ha sido el vencedor por segundo año consecutivo para la crítica gracias a sus trabajos en “Loreak”, “Lasa y Zabala” y “Theo´s House”. En la categoría extranjera, “Interstellar” de Hans Zimmer se ha hecho, de manera holgada, con el premio a mejor score, mientras que el también francés Alexandre Desplat, por séptima vez, se ha alzado como mejor compositor por trabajos como “The Grand Budapest Hotel”, “The Imitation Game”, “The Monuments Men” o “Godzilla”. Los premios nacionales serán entregados a los compositores ganadores durante la próxima edición de FIMUCITÉ 9 (Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife), que se celebrará entre los días 3 y 11 del próximo mes de julio, con la Orquesta Sinfónica de la ciudad interpretando una suite de los trabajos galardonados

El jurado de esta XI edición, compuesto por 29 miembros, ha estado integrado por (orden alfabético): Juan Francisco Álvarez (Encadenados.org), Ricardo Borrero (Cine y Bso), Eduardo Casanova (Cope Valencia), Xavier Cazeneuve (El Violí Vermell-Catalunya Música), Gorka Cornejo (Scoremagacine), Manuel E. Díaz Noda (adivinaquienvienealcine.com, FIMUCITÉ), Ramón Esteban (Radio Marca: “La Claqueta”), Josep Lluís Falcó (Historiador, Revista Musical Catalana, Universitat de Barcelona), Teresa Fraile (Doctora por Universidad Extremadura de Didáctica de la Expresión Musical; autora libro “Música de cine en España: Señas de Identidad”), Ignacio Garrido (Scoremagacine, bandasonora.org), Sergio Hardasmal (Revista Acción Cine Video), David Huélamo (nochedecine.com), Joaquín López González (Doctor en Historia y Ciencias de la música por Universidad de Granada y autor de artículos sobre música de cine), David Miner (COPE), Pablo Nieto (Scoremagacine), Matilde Olarte (Doctora en etnomusicología española por Universidad de Salamanca, autora libros de Música y Cine), Miguel Ángel Ordóñez (Scoremagacine, Revista Academia), Joan Padrol (Dirigido Por), Antonio Pardo Larrosa (Revista Melómano), Antonio Piñera García (musicadecine blog), Jaume Radigales (Doctor en Historia del Arte por Universidad Barcelona y profesor Ciencias de la Información en Universidad Blanquerna,. Autor del libro “La música en el cinema”), David Rodríguez Cerdán (Scherzo, Revista Academia), José Vidal Rodríguez de Liébana (Scoremagacine), Joaquín Rodríguez Fernández (labutaca.net), Miguel Fernando Ruiz de Villalobos (Imágenes de Actualidad), Juan Ángel Saiz (Rosebud, Scoremúsica), David Serna (Scoremagacine), Javier Suárez-Pajares (Doctor en Musicología por Universidad Complutense de Madrid, Diverdi) y Frederic Torres (Scoremagacine).

La lista de GANADORES del 2014, en sus respectivos apartados, son los siguientes:

MEJOR BANDA SONORA NACIONAL

Autómata (Zacarías Martínez de la Riva)

MEJOR COMPOSITOR NACIONAL

Pascal Gaigne

MEJOR BANDA SONORA EXTRANJERA

Interstellar (Hans Zimmer)

MEJOR COMPOSITOR EXTRANJERO

Alexandre Desplat

 

Loreak: Pascal Gaigne.

Dentro del cine español existe una vertiente de cine vasco que cada vez nos da más muestras de su gran valía. Es el caso de la cinta que nos ocupa, Loreak (2014), un film tremendamente bien dirigido por José María Goneaga y Jon Garaño, que se hacen cargo también del guión junto a Aitor Arregui, firmando una obra sólida y bien estructurada, de aflorados sentimientos que te llegan a lo más hondo del corazón. Cuenta a su vez con una fotografía crepuscular muy adecuada para la historia, que contribuye a que la película sea todavía mejor si cabe.

Dentro de las actuaciones de sus protagonistas, nos encontramos con papeles magníficamente interpretados y acabados, como el de Ane (Nagore Aramburu), Lourdes (Itziar Ituño), Jotxean Bengoetxea en el papel de Beñat y sobre todo el increíble papel cargado de cambios de registro de la veterana Itziar Aizpuru, aquí interpretando a Tere, capaz de producirnos una acentuada antipatía, como de anidar en nuestro ser un gran sentimiento de lástima hacia su personaje, cuando este pierde la memoria siendo incapaz de reconocer a nadie. Otro de los grandes aciertos de la cinta es el haberla rodado en euskera, un gran reto que por suerte ha sido bien recibido, podía haber pasado todo lo contrario. Y cómo no, un acompañamiento musical de un Pascal Gaigne en estado de gracia.

En algunas ciudades de nuestra geografía sólo ha sido posible ver este film en salas pequeñas y en filmotecas, como ha sido el caso de Murcia en la Filmoteca Regional Francisco Rabal, donde tuve oportunidad de asistir y que la proyectó durante dos días con una excelente acogida.

Sinopsis: Ane, una mujer que vive una vida monótona y triste, recibe cada semana un ramo de flores de un desconocido. Este hecho le produce inquietud, pero a la vez bienestar, sintiéndose querida y halagada. De repente deja de recibirlas y esto coincide con la muerte de un compañero de trabajo. Investigando llega a la conclusión que podía ser él quien se las enviaba, llegando incluso a entablar amistad con la madre del fallecido y provocando una sensación de extrañeza en su viuda, la cual había querido romper con todo lo relacionado con su marido.

Pascal Gaigne, francés afincado en Euskadi desde hace años, trabajando con asiduidad en su filmografía bajo la batuta de los mejores directores vascos, y también del resto de España, y que tiene a su vez una importante carrera fuera de nuestras fronteras, se hizo cargo de componer la música para este film. Gaigne entronca con la estupenda escuela de compositores vascos que han proliferado durante los últimos años en la música de cine, como son Ángel Illarramendi, Fernando Velázquez, Mikel Salas, Eduardo Arbide, Aritz Villodas, el últimamente olvidado Bingen Mendizábal y Alberto Iglesias.

Muestra de su enorme talento son obras tan bien estructuradas musicalmente como Gordos (2009), Las manos de mi madre (2013), la bellísima Katmandú (2011) o la más reciente Lasa y Zabala (2014).

En esta tercera colaboración con el director en el terreno del largometraje tras 80 egunean (En 80 días) (2010) y Supertramps   (2004), y después de varios cortometrajes en común como Sintonía C (2005) o Tercero B (2002), nos ofrece aquí el compositor una auténtica joya musical, llena de encanto y maestría. Se puede comprobar lo dicho desde su espléndido tema principal, que conjuga belleza y melancolía, pero que tiene también un acentuado toque de paz y liberación muy bien aplicado por parte de Gaigne. Comenzado por un sugerente toque de arpa y piano, seguido de unas cuerdas susurrantes y apacibles de tono nostálgico, que deja al espectador en estado de letargo. El solo de violín de la parte final del tema de extrema elegancia, tiene un aire de escritura de muy marcado estilo vasco, llamémosle así, con ciertas similitudes a la música de Illarramendi. Este tema será utilizado por Pascal para resaltar la tristeza de la vida de los protagonistas, pero como he comentado antes, servirá a su vez como redención y escape hacia un estado de paz interior buscado por los mismos.

Aplica Gaigne un tema asociado al drama interno que sufren los personajes, más nervioso y estridente, como ya hiciera con excelentes resultados Alberto Iglesias en Lucia y el sexo (2001), una sensación de asfixia y agobio que es reflejada genialmente por el francés a través de esta composición donde, entremezclado con estas cuerdas estridentes, podemos escuchar un motivo de sintetizador de parecido con el sonido que emite la txalaparta (instrumento de percusión tradicional del País Vasco). Este tema es también usado en las escenas, de ejecución extraordinaria, en las que preparan el cuerpo muerto de Beñat para su congelación.

Piano y cuerdas muy suaves aparecen en el bloque de nombre “Arimak”, precioso y de una elegancia exquisita, que dan muestra del refinamiento compositivo de este autor.

Un motivo hipnótico de sintetizador, acompañado de cuerdas muy vibrantes se introduce en la escena en la que acuden a la cabeza de Ane toda clase de pensamientos, que la hacen sentirse un poco angustiada, remarcado por la maestría narrativa de Gaigne.

En el bloque “Secrets”, uno de los más extensos de la partitura, escuchamos otro motivo de sintetizador de oscuros comienzos. Poco a poco va introduciendo Pascal al mismo el motivo de sintetizador de parecido con la txalaparta comentado antes, y una escritura de cuerdas dramáticas que dotan a las escenas de una frescura narrativa que habla por sí misma, casi sin necesidad de diálogos. Lo utilizará en diferentes ocasiones de aquí al final del film, como en la estupenda escena del coche en la que las dos mujeres mantienen un tenso registro interpretativo.

El tema principal de tan bella melodía será adecuado para la escena de contenida ternura, en la que Lourdes visita a su suegra comprobando como esta ha perdido la cabeza, ofreciéndonos Gaigne una variación de cuerdas y piano portentosa, de cuidada y elegante orquestación.

Y ya para finalizar volvemos a escuchar el tema central en los créditos finales, a modo de epílogo, quedando en el espectador una increíble sensación de paz interior para consigo mismo, al igual que la que han encontrado las protagonistas de esta bonita historia. Un tema que te mantiene pegado a la butaca y que no quieres que termine nunca, un estado que pocos compositores saben transmitir. Por suerte contamos con uno de ellos, Pascal Gaigne, en nuestra cinematografía.

Extraordinario score del maestro, que es sin duda el mejor español del pasado año y que a mi juicio debería ganar el Goya, al cual está nominado en la próxima edición junto a Julio de la Rosa por La Isla Mínima, el jumillano Roque Baños por El niño y  el argentino Gustavo Santaolalla por Relatos Salvajes.

Por suerte podemos disfrutar de esta preciosa composición fuera de las pantallas gracias al tesón y el esfuerzo del sello discográfico español Quartet Records, y en especial de José María Benítez, sacando a la venta una fantástica edición limitada para coleccionistas a finales del 2014. Con música compuesta y orquestada por Pascal, dirigida de forma impoluta por David Hernando Rico, al frente de la Bratislava Symphony Orchestra.Destacan los solistas Jana Nagy-Juhász al piano, Peter Baran (chelo), Marianne Lecler (arpa) y los aspectos electrónicos por parte del propio compositor.

Una joya musical intimista y de una belleza muy cuidada. Imprescindible para los aficionados a la música de cine y a la música en general.

The Theory of Everything de Jóhann Jóhannsson.

THE THEORY OF EVERYTHING
(2014, Jóhann Jóhannsson)                       

Backlot Music 280, 2014.
Duración: 48: 59.

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La vida de Stephen Hawking representa un material idóneo para la confección de un documental, en virtud de la importancia que han ido cobrando sus trabajos en el campo de la astronomía y de la física en general. Desde hace relativamente poco tiempo, el documental ha sido el espacio creativo que ocuparía al islandés Jóhann Jóhannsson (Reyjkavik, 1969) y, por consiguiente, hubiera podido ser todo un reto para él enfrentarse a un proyecto en torno al físico Hawking dentro de este género, en consonancia con su labor desempeñada en Free the Mind (2012), en torno a los estudios neurológicos llevados a cabo por el profesor Richard Davidson. Empero, el director James Marsh, quien conocía algunas de las participaciones de Jóhannsson en documentales con bandera escandinava —Drømme i København (2009), The Good Life (2010) y la citada Free the Mind, entre otros—, le propuso incorporarse al equipo creativo de The Theory of Everything (2014), que desplaza de su centro de gravedad la importancia de la contribución intelectual de Hawking y se sitúa en un terreno acomodado a una relación amorosa sustanciada entre el físico inglés (Eddie Radmyne) y la que se convertiría en su primera esposa Jane (Felicity Jones). No en vano, la escritura del guión de La teoría del todo parte de una novela elaborada por la propia Jane Hawking, en que va desgranando ese mundo interior que habla de la necesidad de amar por encima de cualquier contratiempo, inclusive el que llevaría a su compañero del college a sufrir una enfermedad neurodegenerativa, dejándole postrado de por vida en una silla de ruedas, y sin posibilidad de comunicación con el exterior, salvo a través de una pantalla de ordenador que “reproduce” sus pensamientos. A este concepto esencial del relato se agarra Jóhannsson para dar forma a una partitura que se alinea con el temperamento creativo de lo que podríamos denominar la escuela centroeuropea de los Zbigniew Preisner, Wojciech Kilar o Jan A. P. Kaczmarek, imbuida por unos tempos que principian sobre el valor de los sentimientos más que de la acción. En su afinación musical, Jóhannsson opera sobre figuras compositivas al piano y una sección de cuerda y de viento que arropan a las imágenes de una manera sencilla, pero efectiva en su conjunto, complementándose ambos “mundos”. Melodías que se deslizan por el camino de esa joie de vivre a la que parecen convocados dos almas gemelas como las de Stephen y Jane, aunque el destino acabe poniéndoles contra las cuerdas. Tan solo ese amor redentor procura que ese salto al vacío, en forma de suicidio, que hubiera podido ser el punto final de Stephen Hawking, provoca que eleve el vuelo y busque refugio en esa estima incondicional expresada por Jane para dar sentido a su existencia. Scherzos, notas a ritmo de vals, melodías de alto valor expresivo arbitradas al arpa, al piano o al violín aquilatan la prestancia musical de Jóhannsson al servicio de esta pieza maestra que deviene La teoría del todo, sin duda, la que ofrece una mayor riqueza de formas de todas las nominadas al Oscar® en la 87 edición de los premios instaurados por la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas. En todo caso, con o sin premio, Jóhansson ya cotiza al alza entre las nuevas voces de la música de cine y se suma a la nómina de islandeses capaces de traspasar fronteras y ver recompensados sus esfuerzos con su inclusión en la Meca del cine.•

Christian Aguilera

The Imitation Game de Alexandre Desplat. Por Christian Aguilera.

THE IMITATION GAME
(2014, Alexandre Desplat)                                   
Sony Classical 501212, 2014.
Duración: 50:53.

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Promediando cinco o seis bandas sonoras al año desde hace tiempo, Alexandre Desplat pasa por ser no tan solo uno de los más prolíficos compositores de la actualidad sino también uno de los que contribuyen sobremanera a elevar la calidad media de una determinada producción con la confección de unas partituras hilvanadas con exquisitez y tacto. Si tomamos como referencia 2014 cierto es que la exigencia para crear una determinada partitura no ha sido la misma, por ejemplo, para La venus de las pieles (2014) que para El gran Hotel Budapest o The Imitation Game (Descifrando Enigma), distinguida este última con una nominación al Oscar® a la Mejor Banda Sonora, algo que ya va siendo habitual en este autor galo. La historia que presenta The Imitation Game contaría de partida con los mimbres necesarios para que Desplat acomodara un score con arreglo a utilizar algunas de sus bazas fundamentales, aquellas prestas a ir dando forma a un estilo que puede adaptarse a diversos géneros, pero que encuentra en la suma de la ecuación drama (con conflicto moral) y romanticismo la posibilidad de mostrarse en toda su esencia. Un fermento propicio para que Desplat construya un comentario musical aplicado a conceptos minimalistas, evocadora y sugerente en su matriz dramática y despojado de cualquier elemento que pueda distraer la atención del espectador en forma de innecesarios subrayados.
La base del planteamiento musical de The Imitation Game nos sitúa en dos frentes: en primer lugar, elaborar temas “inspirados” en varios personajes de la función —la edición de Sony explicita si cabe aún más este recurso empleado: los cortes “Alan”, “Joan” y el director del centro de operaciones secretas al servicio de Su Majestad, “Headmaster”—, y en segundo lugar, advertir en todo momento que nos encontramos ante una carrera contrarreloj; hay que ganarle al tiempo si se quiere descifrar la máquina Enigma ideada por los nazis. Desplat, en un ardid que lo emparenta al empleado por Dario Marianelli en Expiación (2007) o Howard Shore en La invención de Hugo (2011), procura dotar a su banda sonora de un sentido del ritmo que represente, si se prefiere de una manera abstracta, la noción de unas manecillas de reloj que no siguen un patrón de conducta lógico. Más bien el tiempo se contrae y se dilata, a conveniencia de la cadencia narrativa que demande determinada parte de la película. Los violines cobran protagonismo, pues, en estos tramos en que los instrumentos de viento rebajan el semblante serio, un punto trascendente de la partitura. Anclado el sustrato musical, Desplat se permite algunos giros interesantes, en que en el tercer “acto” del film lo dramático gana en intensidad, prevaleciendo notas extraídas al piano que tratan de dejar al descubierto la tragedia personal de Alan Turing (Benedict Cumberbatch), en contraposición con el logro que cosecha en el seno del equipo de trabaja con sumo esfuerzo para descifrar Enigma, la joya de la corona de los nazis en materia de comunicaciones. A pesar de que el director noruego Morten Tyldum y el guionista y coproductor Graham Moore proponen un relato salpicado de flashbacks, la composición dramática pergeñada por Desplat no se resiente. Más bien esos retrocesos en el tiempo permiten al artista galo ir colocando las piezas de manera precisa en un puzzle virtual, el que una vez completado nos da una visión en panorámica de un personaje señalado con el dedo acusador por ser “diferente”. Una homosexualidad reprimida que deviene la principal línea dramática de la que se abastece el relato con el ánimo de ofrecer un retrato de un visionario. Alguien a quien en vida se le juzgaría de manera especialmente severa y cruel (ya en el arranque de su adolescencia en un colegio privado), adoptando para ello unos mecanismos de defensa para su supervivencia que la partitura de Desplat expresa adecuadamente con ese lápiz musical capaz de perfilar hasta el más mínimo detalle (en forma de arsenal instrumental) el dibujo de una realidad donde las ideas osadas se pueden combatir con una violencia no verbal, la dictada desde el púlpito de los que se saben en la posesión de la verdad absoluta.•

Christian Aguilera

Nightcrawler de James Newton Howard. Por Christian Aguilera.

NIGHTCRAWLER (2014)                                                        
James Newton Howard

Lakeshore Records LKS 344222, 2014.
Duración: 51: 04.
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Ante la disyuntiva de utilizar canciones para alfombrar la banda sonora de Nightcrawler (2014) o emplear música creada ex profeso para las imágenes, el debutante en la dirección Dan Gilroy optaría por la segunda opción, guiado presumiblemente por los consejos de su hermano Tony Gilroy, a la sazón productor del film. El mayor de los Gilroy ya había colaborado con James Newton Howard en Michael Clayton (2007) y Duplicity (2009), y tuvo plena confianza que el músico angelino resolvería con maestría una composición como la de Nightcrawler, fijada sobre su propio territorio. A las primeras de cambio, Newton Howard trataría de conferir al score una especie de noción de “tiempo suspendido” en ese Los Angeles con el traje de noche, de viaje en espiral de un personaje, Lou Bloom (Jake Gyllenhaal), parapetado en un universo donde da rienda suelta a sus fantasías, las que guardan estrecha relación con el carácter propio de un sociópata dispuesto a progresar en su empresa sin reparar en “daños colaterales”, inclusive los que atañen a la muerte de su “socio”, Rick (Riz Ahmed). Así, Nightcrawler toma distancia frente a Drive (2011) —un título con el que se le ha comparado desde su estreno en la cartelera USA en el otoño de 2014— en virtud de ir tejiendo una banda sonora que gana en matices, por momentos equivalentes a algunas resoluciones que hubiera podido adoptar Thomas Newman, en concreto el empleo de las maderas y de los instrumentos de viento se aúnan para crear una pequeña sinfonía que ahonda en la vertiente inocente de Lou, ofreciendo de esta forma una dimensión más humana del personaje. Similar a la que Newton Howard quiere repercutir sobre Rick una vez ha sido acribillado a balazos por un malhechor malherido, que sale por su propio pie de un vehículo volcado en medio del arcén y camina sin una dirección concreta cuál zombie. Entonces, la música alcanza un tono celestial a través de unos coros que nos hablan de la bondad y el carácter inocente de un personaje, el de Rick, que en realidad ha caído en la “trampa” tendida por su partner Lou, transfigurado en un auténtico sociópata.
Conociendo de antemano la forma de operar de Tony Gilroy y de otro de los hermanos del “clan”, el montador John Gilroy, a buen seguro James Newton Howard se sentiría cómodo en el desarrollo creativo de una partitura que se mueve por los raíles de un sonido electroacústico con pinceladas de guitarra eléctrica para la construcción de esos temas que remiten a horarios nocturnos y a la soledad que imprime carácter en la ciudad de Los Angeles. En ese rastreo por sonoridades electroacústicas podemos captar de manera intermitente un leitmotiv con construcciones melódicas llamadas a dar relieve humano a un “depredador” de la noche, que con la cámara de vídeo registrando imágenes impactantes parece sentirse un Dios. La exquisita técnica aplicada por Newton Howard a ese andamiaje confeccionado al sintetizador refuerza si cabe aún más su capacidad para sortear ciertos clichés, a la búsqueda y captura de un sonido propio, desnudado de la magnificencia y del sesgo épico que había mostrado en otro de sus scores, Grand Canyon (el alma de la ciudad) (1991), con un relato igualmente ubicado en la ciudad más poblada de California y sostenido sobre personajes ahogados por un sentimiento de soledad y desamparo.•

Christian Aguilera

XI Premios de la Crítica Musical Cinematográfica Española

Se han dado a conocer las nominaciones a los XI Premios de la Crítica Musical Cinematográfica Española que organiza Scoremagacine, de los cuales un servidor forma parte del jurado.

Estos son:

MEJOR BANDA SONORA NACIONAL
– Autómata (Zacarías Martínez de la Riva)
– El niño (Roque Baños)
– Isabel (Temporada 3) (Federico Jusid)
– La isla mínima (Julio de la Rosa)
– Loreak (Pascal Gaigne)
– Ocho apellidos vascos (Fernando Velázquez)

MEJOR BANDA SONORA EXTRANJERA
– Inherent Vice (Jonny Greenwood)
– Interstellar (Hans Zimmer)
– Mr. Turner (Gary Yershon)
– The Grand Budapest Hotel (Alexandre Desplat)
– The Imitation Game (Alexandre Desplat)
– The Theory Of Everything (Jóhann Jóhannsson)

MEJOR COMPOSITOR NACIONAL
– Roque Baños (El niño, Cantinflas, Torrente 5)
– Arnau Bataller (Rec4, Perdona si te llamo amor)
– Pascal Gaigne (Loreak, Lasa y Zabala, Theo´s House)
– Federico Jusid (Isabel, la ignorancia de la sangre, Betibú)
– Zacarías Martínez de la Riva (Autómata)
– Fernando Velázquez (Ocho apellidos vascos, Hércules)

MEJOR COMPOSITOR EXTRANJERO
– Marco Beltrami (The Homesman, 1864, The Giver)
– Alexandre Desplat (The Imitation Game, The Grand Budapest Hotel, The Monuments Men)
– James Newton Howard (Maleficent, The Hunger Games: Mockingjay I, Nightcrawler)
– Jóhann Jóhannsson (The Theory Of Everything, McCanick)
– Howard Shore (The Hobbit: The Battle of Five Armies, Rosewater, Maps Of The Stars)
– Hans Zimmer (Interstellar, Amazing Spiderman 2, Winter´s Tale)

El día 15 de Febrero se darán a conocer los ganadores, haciéndose entrega de los galardones a los compositores españoles en la próxima edición de Fimucité 9. Esta se celebrará entre los días 3 y 11 de Julio en Tenerife.

Mucha suerte a todos los nominados y decir que ha sido un placer formar parte de los votantes de estos magníficos premios.